“EMPEZAMOS CON MESAS PLEGABLES Y SILLAS DE PLÁSTICO”

13:04 1 Marzo, 2013

 A sus 27 años, Antonio Alvarez nunca pensó que Sansushito crecería tan rápido. El, junto a su socio Mario Hidalgo, empezaron con la idea en agosto del 2010 y hoy tienen ya 3 restaurantes propios en Surquillo y Barranco y 2 franquiciados en San Isidro y San Miguel.

Siempre en los negocios 

Antonio recuerda que desde niño siempre le gustaron los negocios, su madre tenía una bodega y en la época de carnavales él juntaba algún dinero para comprar bolsas de globos y talco y poner un pequeño puestito dentro de la tienda en el que pudiera ganar su propio dinero. También vendía fichas de álbumes cuando estaban de moda o posteriormente en la cebichería de su madre, en cualquier rinconcito, se instalaba con sus chicles, caramelos y cigarros.

Ya de más grande, tuvo una marca de polos que vendía muy bien, luego durante 5 años consecutivos puso su stand en la feria “El Trigal”, cuando tenía 19 años.

“Creo que todo se lo debo a mi madre, de ella aprendí sobre el mundo de los negocios, ya que desde muy pequeño la ví con distintos emprendimientos, vendiendo ropa, con su bodega o su cebichería. Ella siempre fue independiente y me enseñó a serlo también”. Hoy, y desde que Antonio tenía 15 años, su madre vive en EE.UU. junto con su hermana menor. Al separarse de su padre, toda la familia se disolvió. Antonio se quedó y eso le ayudó a forjar su carácter y personalidad. “Al vivir con mi padre prácticamente cada quien hizo su vida, yo comía donde me agarraba el día y eso me animaba a meterme en negocios que me dieran más independencia económica. Ahora quiero recuperar el tiempo que viví alejado de mi madre y estaré viajando constantemente para verla. Recién me dieron la visa, luego de pedirla durante casi 11 años. Claro, ahora que mi nombre sale a la luz, ya no temen que me quede de ilegal por allá. Eso sí, también planeo poner una franquicia que pueda manejar mi madre y hermana en ese país, ya veremos cómo nos va”, nos dice Antonio, emocionado porque ya tiene las maletas hechas para partir por un mes.

 

Nace un concepto 

La idea salió cierta vez en la que Antonio y su socio, se reunieron con un grupo de amigos y este último, chef de profesión que viajó a Lima para un curso de cocina y se hospedó en casa de Antonio, preparó sushi y lo compartió con sus invitados. Todos quedaron encantados y Antonio tuvo la idea de comercializarlos. Así, empezaron vendiendo por delivery a sus amistades y por las zonas cercanas a su casa. Paralelamente se les presentó la oportunidad de poder ofrecer sus productos, en el verano, en un restaurante de la playa La Herradura. “En el local solo nos daban un pequeño espacio. Nosotros teníamos que llevar todo, la vajilla, los insumos, la cocinita, el baloncito de gas, tablas, cuchillos, etc. Eso nos sirvió para ir comprando nuestras cositas y ya cuando abrimos nuestro primer local teníamos lo necesario”.

Antonio alquiló su primer local viendo la cercanía a su casa y porque quería cambiar el concepto de comida exclusiva. Por eso, desde el principio, ofrecieron precios accesibles y asociaron la marca a la calidad y buen precio. “Recuerdo que tuvimos que meter la mano en todo lo que se necesitó. Alquilamos el local de Villarán que apenas tiene 20 m2 y nos dieron solo una semana para que empezara a correr el alquiler, así que pintamos y arreglamos hasta de madrugada para dejarlo listo y operativo en el plazo fijado. Empezamos con tres mesas plegables y una barra y con sillas de plástico, de esas que cuestan 5 soles” nos comenta Antonio, orgulloso por lo logrado hasta el momento.

La inversión inicial que fue de 10 mil soles, aproximadamente, se hizo con los ahorros de ambos y algunos préstamos pequeños. Antonio, que estudió diseño y publicidad, creó la marca y gracias a su anterior empresa pudo armar los volantes, cartas, tarjetas, etc, además de la página web y redes sociales. Su socio Mario, que era cheff en Máncora se encargó desde el principio de la cocina. Él hace las salsas que acompañan todas las variedades de makis y sushis y supervisa las cocinas de cada local. “Creo que hemos hecho un buen equipo, conozco a Mario desde hace muchos años y sabemos que cada uno es importante en su área”.

La comida 

Sansushito es una fusión de la comida japonesa con la peruana. A la ya conocida variedad de makis o rolls, ellos le han agregado el sabor peruano preparando makis de ají de gallina o lomo saltado, también los hay con huancaína y lo mejor de todo es que los precios son más accesibles que en los restaurantes japoneses. También ofrecen sanguches de langostinos o calamares, sobre todo para los que no gustan mucho de los makis. Justamente, el nombre salió de la unión de sus sanguches con los sushis: san-sushito.

Actualmente cuentan con un personal de alrededor de 30 personas entre los 3 locales y su planta y Antonio se encarga de orientarlos y dirigirlos para que luego puedan manejarse solos sin problemas. Él mismo hace de mozo algunas veces y aunque trabaja todo el día, dice no cansarse. “Me gusta lo que hago y por eso no siento que trabajo. Todo el tiempo estoy pensando y eso también es trabajar. Me gusta hacer negocios y encaminarlos y luego que la gente chambee sola. Yo les pongo la pauta y hasta les enseño cómo limpiar el local”, refiere.

 

Su franquicia 

Antonio considera que el negocio de franquicias es una buena alternativa para crecer. Una franquicia suya cuesta 15 mil dólares y dura 5 años, pasados los cuales se puede renovar o rescindir el contrato. Además, las regalías son 5% de las ventas y 1% por publicidad. La venta de los insumos básicos la hacen ellos (salsas y bases de arroz), para asegurar la calidad y sabor del producto, claro que según refiere Antonio, los precios a los que venden a sus franquiciados, son mucho menores que los que encontrarían en otros lados.

También recomienda la reinversión en el negocio. “La gente piensa que todo es rápido y quiere ganar plata fácil. No sabe que las cosas implican sacrificios. Para nosotros, al principio todo ha sido reinvertir y reinvertir. A mí no me fue difícil hacer empresa, quizás por la experiencia que ya he tenido antes. Ya he llorado y he reído también, ahora es mi momento y lo aprovecharé en el mejor sentido”, nos dice Antonio.

Planes futuros 

A futuro, planean continuar la expansión en provincias y en otros países, empezando por EE.UU. También tiene junto a su socio, un terreno en Máncora, adquirido recientemente con la idea de hacer un hotel más adelante.

“A mí no siempre me salieron bien las cosas. Hay emprendimientos que he tenido que no funcionaron, pero tenía que llegar el momento en que me fuera bien y con Sansushito siento que estoy echando raíces. Todo llega cuando tiene que llegar y cada experiencia en la vida, cuenta”, nos dice convencido de que ha llegado su momento.

Finalmente, recomienda “que la gente no tenga miedo de hacer lo que siente, lo que quiere hacer. Que emprenda aunque se equivoque o no funcione, todo sirve para el futuro, que no se desanime cuando las cosas no le salgan bien, al principio puede ser así, pero más adelante todo cambia. Es como si Dios viera que trabajas duro y quiera recompensarte porque es el momento”

 

Buen ejemplo de joven emprendedor, responsable y positivo, lleno de energía y ganas de salir adelante, con el ímpetu de la juventud, pero con la serenidad que le da la madurez temprana.

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