Sociedad

Embarazo adolescente en el Perú cayó tras la pandemia, pero persisten brechas sociales

Un estudio muestra una reducción sostenida desde 2018, aunque la incidencia sigue siendo mayor en zonas rurales, la selva y los hogares de menores ingresos.

Gan@Más

Redacción digital

redaccion@revistaganamas.com.pe

26 enero, 2026 / 7:00 am

El embarazo adolescente en el Perú mostró una reducción significativa antes y después de la pandemia del COVID-19, aunque sigue revelando profundas brechas sociales, educativas y territoriales. Así lo señala un estudio elaborado por Renzo Castellares y Mario Huarancca, funcionarios del Banco Central de Reserva del Perú, basado en información de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), que analiza la evolución del fenómeno, sus determinantes y sus consecuencias en educación y empleo.

Un problema persistente con impactos estructurales

El embarazo adolescente continúa siendo un desafío de salud pública y desarrollo en América Latina. En el caso peruano, pese a los avances en educación y acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, las tasas de fecundidad adolescente se mantienen relativamente altas, sobre todo en zonas rurales, la región selva y en hogares de menores ingresos. Sus efectos trascienden el ámbito personal, pues suelen traducirse en interrupciones educativas, inserción laboral precaria y transmisión intergeneracional de la pobreza.

El estudio examina el porcentaje de adolescentes de 15 a 19 años que ya son madres o están embarazadas por primera vez, comparando su evolución antes, durante y después de la pandemia, así como las diferencias frente a quienes no experimentaron un embarazo temprano.

 

Caída de la fecundidad adolescente tras la pandemia

De acuerdo con la ENDES, en 2023 el 8,2 % de las adolescentes de 15 a 19 años había estado alguna vez embarazada, cifra similar a la registrada en 2020, año de inicio de la pandemia. Sin embargo, al observar periodos más amplios, se evidencia una reducción importante: el promedio pasó de 12,1 % en el periodo 2015-2019 a 8,7 % entre 2020 y 2023, lo que representa una caída de 3,4 puntos porcentuales.

La disminución se observa desde 2018, pero tras la irrupción del COVID-19 el indicador se estabilizó en un nivel más bajo. Los autores sugieren que factores asociados al confinamiento, como la menor interacción social, la educación a distancia y el retraso en el inicio de la vida sexual, habrían contribuido a este resultado.

Persisten brechas territoriales y sociales

Pese a la reducción generalizada, el embarazo adolescente sigue concentrándose en los mismos espacios. En 2023, la tasa en el área rural alcanzó el 17,1 %, casi el triple de la registrada en zonas urbanas. Algo similar ocurre en la región selva, donde el indicador llegó a 17,4 %, frente a niveles cercanos al 6 % en la costa.

 

Paradójicamente, los ámbitos con mayor incidencia fueron también los que registraron las mayores caídas tras la pandemia. Entre los periodos 2015-2019 y 2020-2023, la fecundidad adolescente disminuyó en promedio 6,5 puntos porcentuales en áreas rurales y 6,8 puntos en la selva.

A nivel departamental, la tendencia fue igualmente generalizada: 21 de los 25 departamentos del país redujeron sus tasas de embarazo adolescente entre el periodo previo a la pandemia y los años de confinamiento.

Factores que explican el embarazo adolescente

El estudio confirma patrones ampliamente documentados. Las adolescentes con mayor probabilidad de embarazo suelen vivir en hogares con bajo nivel educativo, menores recursos económicos y jefes de hogar más jóvenes. En 2019, por ejemplo, la tasa de embarazo adolescente en hogares pobres superó el 20 %, frente a menos del 3 % en los hogares de mayores ingresos, una brecha que se mantuvo incluso después de la pandemia.

Otro factor relevante es el inicio temprano de la vida sexual. En promedio, las adolescentes peruanas inician relaciones sexuales a los 15 años y, en cerca del 80 % de los casos, con parejas de mayor edad. Durante el año del confinamiento se observó una reducción significativa en el porcentaje de adolescentes que iniciaron su vida sexual, lo que refuerza la hipótesis del impacto de las restricciones sanitarias.

 

Educación truncada y empleo de baja calidad

Las consecuencias del embarazo adolescente son claras en el ámbito educativo. En 2023, solo el 4,6 % de las adolescentes que habían estado embarazadas alcanzó estudios superiores, frente al 14,1 % de aquellas que nunca lo estuvieron. Esta brecha se ha mantenido casi inalterada durante la última década y también se refleja en los años promedio de escolaridad acumulados.

En el mercado laboral, las adolescentes madres o embarazadas muestran una mayor participación que sus pares sin experiencia de embarazo, pero concentrada en actividades de baja productividad. En 2023, la mitad de ellas estaba ocupada, principalmente en comercio y servicios, agricultura y trabajo doméstico.

La situación cambia en el grupo de jóvenes de 20 a 24 años. En este segmento, quienes tuvieron un embarazo temprano acumulan menos años de educación y presentan una menor tasa de participación laboral en comparación con las jóvenes que no fueron madres. Las penalizaciones educativas y laborales son aún más severas cuando la maternidad ocurre entre los 10 y 14 años.

Un aspecto central del estudio es el análisis por cohortes. Las adolescentes que tenían entre 15 y 19 años en 2020, es decir, al inicio de la pandemia, registraron menores tasas de embarazo adolescente en los años siguientes en comparación con cohortes previas. Entre 2020 y 2023, esta cohorte mostró tasas de embarazo cercanas al 2 %, inferiores a las observadas en grupos anteriores.

Además, este mismo grupo alcanzó mayores años de educación y una participación laboral igual o superior a la de cohortes previas, lo que sugiere mejoras en el capital humano juvenil. Si bien los autores aclaran que se trata de evidencia no causal, los resultados apuntan a un posible efecto positivo indirecto del confinamiento sobre la trayectoria educativa y laboral de las adolescentes.

El estudio concluye que la pandemia del COVID-19 coincidió con una reducción significativa del embarazo adolescente en el Perú, pero advierte que las brechas territoriales y socioeconómicas persisten. El reto ahora es evitar retrocesos y aprovechar las mejoras observadas en educación y participación laboral para promover empleos de mayor calidad.

Ello requiere políticas orientadas a fortalecer la transición de la escuela al trabajo, impulsar la formalización laboral juvenil y consolidar estrategias de prevención del embarazo adolescente, especialmente en zonas rurales y de bajos ingresos. La educación sexual integral y el acceso efectivo a servicios de salud reproductiva aparecen como pilares clave para sostener los avances logrados en el periodo pospandemia.

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