La risa y el carnaval

13:31 4 Febrero, 2015

Henri Bergson decía que todo lo que sale de la normalidad, “lo absurdo”, nos causa risa. “Tom y Jerry”, “El correcaminos”, “Piolín y Silvestre”, “Bugs Bunny y el Pato Donald” y muchas otras caricaturas son ejemplo de esto; sin embargo, no solo reímos ante cosas absurdas. La risa puede ser sumisa, forzada, cómplice, rebelde, complaciente, liberadora, provocativa, indulgente, aliviada, incriminatoria, y auténtica o falsa. También nos reímos desde (risa autoritaria) o contra el poder (risa libertadora)… Pero más importante que la causa de la risa es su función. ¿Por qué es tan importante reír?

La risa nos libera, nos sana, nos acerca más. Emil Cioran, en Ese Maldito Yo, escribía “Todo el mundo me exaspera. Pero me gusta reír. Y no puedo reír solo”, en efecto, necesitamos del otro para reír. Podemos comprender la risa en el reírse-de o reírse-con; en el primer caso, la distancia entre la producción y la recepción de lo cómico es evidente; por el contrario, en el reírse-con, esa distancia tiende a desaparecer, nos reímos juntos de nosotros mismos. Es aquí donde surge el carnaval.

Las fiestas carnavalescas, siguiendo el planteamiento de Mijaíl Bajtín, significan el triunfo de lo cómico frente al discurso de la seriedad y gravedad. En el carnaval no hay jerarquías, privilegios, reglas o tabúes. Es por ello que en las fiestas originales se usaban máscaras, así un plebeyo podía bailar con una princesa o viceversa. Lo importante de la risa carnavalesca es que no excluye lo serio, sino que lo purifica de dogmatismo, de miedo e intimidación, de fanatismo. Entonces, el discurso de la risa es una expresión de vida y vitalidad que se ha manifestado, a través de formas carnavalescas, desde la sociedad medieval. Es el triunfo de la vida sobre la muerte, reír significa renovarte.

El carnaval no era una forma artística de espectáculo teatral, sino una forma concreta de vida donde no había escenarios, ni actores, ni espectadores; uno no asistía al carnaval, lo vivía. Lamentablemente, el carnaval entró en decadencia desde la segunda mitad del siglo XVII, el inicio de las sociedades disciplinarias. Citando a Bajtín, el cuerpo que ríe “flanquea sus propios límites”, se convierte en un cuerpo colectivo, múltiple y heterogéneo. El poder no lo puede controlar y, justamente, para hacerlo crea las disciplinas, con instituciones como la escuela y la prisión por excelencia. Así, el cuerpo abierto, colectivo y popular, característico del sujeto entregado a la renovación inmanente al carnaval, es reemplazado por un cuerpo cerrado, sobrecodificado, limitado e individualizado. Un sujeto disciplinado apto para las labores de producción.

De las sociedades disciplinarias pasamos a las sociedades de control, también llamadas las sociedades del consumo, de la inmediatez, la sociedades digital. Ahora ya no se habla del hombre encerrado sino endeudado. Como dijo Gilles Deleuze, en Posdata sobre las sociedades de control, “el marketing es ahora el instrumento de control social”. Entonces, ¿cuál es el lugar de la risa en la cultura contemporánea? Principalmente, la risa encuentra su morada en el arte y en la literatura. ¿Y el carnaval?

Felizmente, el carnaval, aunque cada vez más débil, aún existe en el Perú. En algunas comunidades, aún se practica. En Ayacucho, por ejemplo, el carnaval de febrero dura tres días y está caracterizado por las comparsas y las fiestas corta-montes, donde los asistentes bailan alrededor de un árbol cargado de regalos con la intención de tumbarlo dando homenaje a la nueva vida. O en Cajamarca donde dura casi un mes y hay certámenes de belleza, fiestas, corsos, juegos, comidas.

Pero lo más importante de la risa y el carnaval es que permiten la armoniosa coexistencia de los contrarios. Una sociedad que ríe es una sociedad tolerante. La desaparición de la comedia y la risa provocaría que la sociedad carezca del poder de aceptar las diferencias del otro, así como del poder de fracturar el absolutismo de las ideologías, las verdades y los valores absolutos. Quizá es por ello, se pregunta la Dra. María Nieves Alonso, que en las guerras –externas e internas– de los últimos siglos ha predominado la exclusión de la risa. Es posible que la preponderancia a la seriedad haya intensificado en Occidente los dominios de la tristeza, y una de las formas de la tristeza es la negación de la alteridad, el no aceptar las diferencias, que conlleva, en la mayoría de los casos, a un violento desenlace. Esta violencia hacia el otro sería inimaginable en un escenario donde los cuerpos danzan y ríen celebrando el encuentro con la alteridad.

Ahora que estamos en el mes de Febrero, celebremos el carnaval. No necesitamos grandes fiestas, o usar vestimentas típicas, o asistir a corsos; basta con vivir el carnaval en su esencia: riendo juntos de nosotros mismos. Intentémoslo, encontraremos deleite.

Por Oscar González Romero (@OscarGonzRom)

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA REVISTA Gan@Más #24 (ENERO 2015)

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