El efecto unicornio que podría transformar el ecosistema peruano
Casos como Nubank, Rappi y Kavak marcan el camino que, según Isaac Lucatero, Perú puede seguir si apuesta por innovación con visión global.

28 febrero, 2026 / 9:12 am
En el marco del ProInnóvate Summit 2026, organizado por ProInnóvate con el apoyo de la Cámara de Comercio de Lima, el experto del Tecnológico de Monterrey, Isaac Lucatero Castañeda, ofreció una conferencia que combinó inspiración, datos concretos y una hoja de ruta clara para el emprendimiento peruano. Bajo el título “Internacionalización para la innovación y emprendimiento: de la validación al escalamiento global”, el especialista planteó una idea central: América Latina ya tiene el talento y el capital; ahora necesita resolver ineficiencias estructurales con visión global.
El talento ya no tiene geografía
Lucatero abrió su presentación con una afirmación contundente: el talento se ha deslocalizado. Ya no es necesario estar en Silicon Valley para crear una startup de impacto global. La tecnología se ha democratizado y hoy un emprendimiento puede nacer en cualquier rincón de Perú, Colombia o México y escalar internacionalmente si identifica un problema relevante.
Para ilustrarlo, presentó el caso de Nubank. Fundado en Brasil por el colombiano David Vélez, quien migró junto a su familia huyendo de la violencia en Medellín, el banco digital nació al detectar una fricción clara: comisiones bancarias abusivas y un servicio deficiente. Vélez no provenía del MIT ni de Stanford. Su primera inversión, recordó Lucatero, fue una vaca. Sin embargo, identificó una ineficiencia estructural y se atrevió a desafiar el statu quo del sistema financiero brasileño. Hoy Nubank es uno de los bancos más valiosos de la región y un referente global.
La lección es clara: cada fricción en el mercado es una oportunidad.
El auge de los unicornios latinoamericanos
El expositor destacó que algo está cambiando en la región. México, por ejemplo, pasó de no tener unicornios en 2020 a contar con diez en pocos años. El capital de riesgo internacional está mirando a América Latina, y los grandes fondos comienzan a invertir en startups de la región.
Entre los ejemplos mencionados estuvieron Kavak, Rappi, Bitso y Clip. Todas comparten un patrón: resolvieron ineficiencias estructurales.
Kavak transformó el mercado informal y poco transparente de autos usados mediante una plataforma digital que generó confianza. Fundada en 2016 por emprendedores venezolanos, tardó cuatro años en perfeccionar su modelo antes de expandirse. En plena pandemia se convirtió en unicornio y recientemente cerró una ronda de inversión de 300 millones de dólares liderada por uno de los fondos más importantes del mundo. Alcanzó rentabilidad varios años después de su fundación, demostrando que el crecimiento sostenido puede ser más importante que la expansión acelerada sin bases sólidas.
Rappi, creada por emprendedores colombianos y venezolanos, comenzó como una aplicación de entregas y hoy proyecta su salida a bolsa. Bitso se posicionó en el mundo cripto no solo por la tecnología, sino por la seguridad y el volumen de transacciones. Clip, por su parte, digitalizó pagos para pequeños negocios que no tenían acceso a sistemas formales.
En todos los casos, el punto de partida fue el mismo: detectar fallas entre la oferta y la demanda.
Del zoológico emprendedor a los camellos que aspiran a unicornios
Lucatero utilizó una metáfora que captó la atención del público: el ecosistema startup es un zoológico. Existen unicornios, empresas que crecen rápidamente y alcanzan valoraciones superiores a mil millones de dólares; cebras, que combinan rentabilidad con impacto social; dragones, extremadamente raros y de crecimiento explosivo; y camellos, compañías resilientes que sobreviven con recursos propios, priorizan la rentabilidad y avanzan en entornos adversos.
Para América Latina, sostuvo, el modelo ideal es el del camello que aspira a convertirse en unicornio. En un contexto donde los fondos priorizan rentabilidad sobre crecimiento acelerado, las startups deben demostrar eficiencia antes de buscar grandes rondas de inversión. “El Excel lo aguanta todo”, advirtió, enfatizando que la validación real ocurre cuando el mercado paga.
Validar local, escalar global
Uno de los ejes centrales de la conferencia fue la diferencia entre validar y escalar. Validar implica comprobar que existe una demanda real y que el cliente está dispuesto a pagar. Escalar significa replicar ese modelo de forma rentable y repetible en otros mercados.
Lucatero identificó cuatro factores clave para lograrlo: resolver un dolor real del mercado; diseñar modelos pensados para escalar desde el inicio; integrarse a un ecosistema activo y colaborativo; y mantener obsesión por la eficiencia operativa.
En su análisis, el ecosistema peruano ya cuenta con avances importantes. Mencionó casos como Monet Payments, que opera en varios países sin haber levantado inversión externa; Chasky, con expansión regional; Udocs y Creana, esta última tras pivotear su modelo hacia soluciones corporativas con inteligencia artificial. Para el expositor, el país no está comenzando desde cero: “Perú ya está en la cancha”.
El efecto dinamizador del primer unicornio
¿Por qué es tan importante que Perú consolide su primer unicornio? Según Lucatero, porque genera un efecto multiplicador. Citó el caso de Rappi: más de cien empresas fueron fundadas por exempleados de la compañía. Un unicornio atrae capital, talento e inversión internacional y posiciona al país en el radar global.
El tamaño del mercado, añadió, no es excusa. Uruguay, con apenas tres millones de habitantes, ha generado tres unicornios. México logró diez en seis años. Para el especialista, el ecosistema, el talento y las ineficiencias por resolver ya están presentes en Perú.
Tres compromisos para el ecosistema peruano
En la parte final de su intervención, Lucatero propuso tres compromisos al público. Primero, pensar global desde el inicio, aunque el emprendimiento arranque resolviendo un problema local. Segundo, conectarse activamente con el ecosistema: asistir a eventos, generar redes y compartir ideas, porque la inteligencia colectiva supera al talento individual aislado. Tercero, obsesionarse con la ejecución y la eficiencia antes de buscar inversión.
El mensaje de cierre fue directo: la pregunta no es si Perú puede tener un unicornio, sino cuándo y quién lo liderará. A su juicio, las condiciones están dadas: el capital fluye, el talento existe y las ineficiencias estructurales abundan. El siguiente gran caso latinoamericano, afirmó, podría estar ya sentado en la audiencia.
Con un tono motivador pero respaldado por ejemplos concretos, Isaac Lucatero dejó instalada una idea fuerza en el ProInnóvate Summit 2026: el futuro del emprendimiento peruano no depende de copiar modelos externos, sino de identificar sus propias fricciones, validarlas con disciplina y escalar con ambición regional y global.
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