Sociedad

McKinsey alerta sobre un mundo fuera de equilibrio entre crecimiento, riqueza y deuda

El McKinsey Global Institute advierte que la acumulación de riqueza financiera supera largamente a la economía real y plantea riesgos estructurales para la próxima década.

Gan@Más

Redacción digital

redaccion@revistaganamas.com.pe

12 diciembre, 2025 / 5:54 pm

La economía global atraviesa una fase crítica marcada por profundos desequilibrios entre crecimiento económico, acumulación de riqueza y niveles de endeudamiento. Esta fue la principal conclusión del más reciente informe del McKinsey Global Institute (MGI), titulado “Out of Balance: What’s next for growth, wealth, and debt?”, cuyos hallazgos fueron analizados en un webinar internacional organizado por McKinsey & Company.

El webinar fue moderado por Matt Peterson, Editor de Ideas de Barron’s, y presentado por Olivia White, Directora y Senior Partner de MGI. El panel contó además con la participación de Jan Mischke y Rebecca J. Anderson, coautores del informe; Bill Dudley, expresidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York; Rebecca Patterson, vicepresidenta del Comité de Bretton Woods; y Alan Taylor, miembro del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra y reconocido historiador económico.

 

A lo largo del webinar, los panelistas coincidieron en que los desequilibrios actuales no son coyunturales, sino estructurales, y que su persistencia plantea riesgos significativos para la estabilidad económica global en la próxima década.

El balance global: riqueza que crece más rápido que la economía real

Jan Mischke abrió la discusión señalando que la economía mundial debe analizarse más allá del Producto Bruto Interno. Según explicó, el enfoque tradicional del PIB oculta tensiones profundas que se revelan al observar el balance general de la economía global, es decir, la relación entre activos, pasivos y patrimonio neto.

De acuerdo con el informe, la riqueza mundial casi se cuadruplicó en los últimos 25 años, pasando a bordear los 600 billones de dólares. Sin embargo, este crecimiento no refleja una expansión equivalente de la economía productiva. Solo cerca de 100 billones de dólares se destinaron a inversión real, como infraestructura, maquinaria, edificios o investigación y desarrollo. El resto corresponde a financiamiento de esa inversión y, principalmente, al aumento del valor de activos existentes, como bienes raíces y acciones.

Mischke explicó que, en términos prácticos, apenas una cuarta parte del crecimiento de la riqueza global es “real”, mientras que las tres cuartas partes restantes son riqueza financiera o “en papel”. Este desajuste ha llevado a que el patrimonio neto global alcance casi tres veces el tamaño del PIB mundial, una proporción que, según el informe, resulta insostenible en el largo plazo si no se corrige.

 

Cuatro escenarios posibles para una economía desequilibrada

Frente a este panorama, el McKinsey Global Institute plantea cuatro escenarios conceptuales. El más deseable es una aceleración de la productividad, que permita que el crecimiento económico alcance la escala del balance global existente. Un segundo escenario es la inflación del balance general, donde los desequilibrios se mantienen mediante el alza de precios de activos.

El tercer escenario corresponde a un retorno a un mundo de bajo crecimiento, con tasas de interés reducidas y escasa inversión, en el que el alto nivel de activos no genera una crisis inmediata, pero limita el progreso económico. El cuarto y más adverso es un ajuste abrupto del balance general, asociado a crisis financieras, caídas severas de precios de activos, incumplimientos de deuda y una década o más de bajo crecimiento.

 

Estados Unidos: optimismo productivo con riesgos fiscales latentes

Rebecca J. Anderson analizó la situación de Estados Unidos, destacando que los mercados financieros están apostando fuertemente por una aceleración de la productividad. Esta expectativa se refleja en valoraciones bursátiles que triplican sus promedios históricos en relación con el PIB, impulsadas en gran parte por el crecimiento de las grandes empresas tecnológicas y el fuerte aumento del gasto en investigación, desarrollo y capital.

No obstante, Anderson advirtió que el principal riesgo para la economía estadounidense proviene del frente fiscal. En 2024, los déficits fiscales se situaron alrededor del 7% del PIB y, por primera vez, el gasto en intereses de la deuda superó al gasto en defensa. De mantenerse esta tendencia, Estados Unidos podría enfrentar escenarios de inflación persistente o ajustes fiscales forzados que impactarían negativamente el crecimiento y la estabilidad financiera.

El informe estima que alrededor de 160 mil dólares de riqueza per cápita están en riesgo en Estados Unidos durante la próxima década, dependiendo de si el país logra o no materializar el escenario de aceleración productiva.

 

Europa: estancamiento productivo y brecha de inversión

En el caso europeo, Anderson describió una realidad opuesta. La productividad en la región se ha mantenido prácticamente estancada, mientras se amplía la brecha de inversión frente a Estados Unidos. Según el reporte, las grandes empresas europeas invierten cerca de 700 billones de dólares menos al año que sus pares estadounidenses, una diferencia equivalente a aproximadamente el 3% del PIB de la eurozona.

Para revertir esta situación, Europa necesita no solo aumentar la inversión, sino también implementar reformas estructurales que fortalezcan su competitividad, integren mejor sus mercados de capitales y estimulen la innovación. Sin estos cambios, el continente corre el riesgo de quedar rezagado en un contexto global cada vez más competitivo.

 

China: deuda corporativa y dependencia de las exportaciones

El análisis de China mostró un modelo de crecimiento en transición. La prolongada caída del sector inmobiliario, con descensos de precios cercanos al 5% anual, ha llevado a los hogares a reducir la inversión en vivienda y aumentar el ahorro, debilitando la demanda interna.

Como resultado, el crecimiento chino depende cada vez más de la inversión corporativa y de las exportaciones. El informe advierte que la deuda corporativa del país es aproximadamente el doble del promedio mundial en relación con el PIB, lo que incrementa los riesgos financieros. Para asegurar un crecimiento sostenible, China necesitaría impulsar el consumo interno mediante reformas estructurales equivalentes a entre 6 y 7 puntos del PIB.

 

Empresas, decisiones estratégicas y escenarios de estrés

Jan Mischke subrayó que las empresas no son meros espectadores de estos desequilibrios. El informe muestra que una pequeña fracción de las compañías explica la mayor parte de las mejoras de productividad observadas, lo que demuestra el impacto que pueden tener las decisiones corporativas en el desempeño económico agregado.

En este contexto, recomendó que las empresas realicen pruebas de estrés de sus estrategias frente a distintos escenarios macroeconómicos. En entornos de tasas altas y crecimiento impulsado por productividad, asegurar financiamiento y contratos de largo plazo resulta clave. En escenarios de bajo crecimiento o ajustes financieros, la flexibilidad y la solidez del balance se vuelven prioritarias.

 

Inteligencia artificial: expectativas altas y riesgos de dependencia

El debate abordó también el papel de la inteligencia artificial como motor potencial de crecimiento. Bill Dudley advirtió que, si bien la IA puede impulsar la productividad, no compensa por sí sola una trayectoria fiscal insostenible. También destacó que Europa enfrenta desventajas estructurales adicionales, como la falta de un gran sector tecnológico y una menor integración económica.

Rebecca Patterson señaló que Estados Unidos se ha vuelto altamente dependiente de la IA para atraer capital y generar riqueza, lo que lo hace vulnerable a correcciones en la valoración de este sector. Alan Taylor aportó una mirada histórica, recordando que las grandes revoluciones tecnológicas suelen difundirse lentamente y que el verdadero peligro radica en las burbujas financiadas con alto apalancamiento.

Olivia White sintetizó este punto con una analogía clara: la inteligencia artificial es como los carbohidratos antes de un entrenamiento; aporta energía, pero no reemplaza el esfuerzo estructural. Sin disciplina fiscal, inversión productiva y reformas profundas, los beneficios de la IA serán limitados.

 

Desigualdad, tensiones políticas y riesgos futuros

El informe también subraya que el aumento del valor de activos financieros e inmobiliarios ha profundizado la desigualdad, al concentrarse en los hogares de mayores ingresos. Esta dinámica ha generado reacciones políticas que, en algunos casos, agravan los desequilibrios fiscales y económicos.

En cuanto a los mercados emergentes, los panelistas coincidieron en que muchos han gestionado mejor sus desequilibrios fiscales que algunas economías desarrolladas. De hecho, advirtieron que las próximas crisis fiscales podrían originarse en países desarrollados con altos niveles de deuda y presiones demográficas.

 

Un futuro de avance lento y ajustes graduales

Al cierre del webinar, la mayoría de los expertos coincidió en que el escenario más probable es uno de crecimiento moderado y ajustes graduales, más que una aceleración plena o una crisis abrupta. Si bien la inteligencia artificial puede aportar mejoras de productividad, estas se verán moderadas por factores fiscales, estructurales y políticos.

Ls panelistas también fueron consultados sobre cuál de los escenarios futuros elegirían. La mayoría se inclinó por un escenario de “luchando por salir adelante”, posiblemente un híbrido benigno.

• Rebecca Patterson cree que, a pesar de los posibles beneficios de la IA, otras piezas del rompecabezas moderarán las ganancias. Anticipa que habrá decepción en las expectativas iniciales de la IA.

• Alan Taylor proyecta un mundo de tasas reales bajas combinado con la recuperación de los beneficios de un boom modesto de IA.

• Bill Dudley también se alineó con la opción de “luchando por salir adelante,” sugiriendo que la retórica de los proponentes de la IA debe tomarse con cautela debido a sus incentivos para sobredimensionar su potencial

El mensaje final del McKinsey Global Institute es claro: el mundo enfrenta un delicado equilibrio entre crecimiento, riqueza y deuda, y las decisiones que se adopten en los próximos años serán determinantes para evitar que los desequilibrios actuales deriven en un ajuste más severo y prolongado.

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