Perú se ubica en el puesto 61 de 124 países en ranking mundial de capital humano

17:10 13 Mayo, 2015

El World Economic Forum (WEF), presenta hoy en Ginebra el Informe de Capital Humano 2015 que evalúa 124 países. Perú figura en el puesto 61 a nivel mundial y 7mo en Latinoamérica. En el reporte del 2013 Perú ocupó el puesto 75 de 122 países

Este informe establece una clasificación a través del Índice del Capital Humano, que cuantifica cómo los países están desarrollando y utilizando su capital humano y hace un seguimiento de su progreso en el tiempo, informó la SNI.

El Índice de Capital Humano contiene dos temas horizontales – Aprendizaje y Empleo – que pasan a través de cinco pilares verticales de grupos de edad del Índice (menores de 15, 15-24; 25-54; 55-64; y 65 y más). Estos dos temas transversales evalúan el éxito de los países en desarrollar las habilidades y competencias de las personas a través del aprendizaje y en utilizar este conocimiento adquirido a través del empleo productivo. O, expresado negativamente, el índice evalúa el tamaño de la brecha de inversión y la brecha de utilización en el capital humano de un país.

El Índice del Capital Humano cubre 46 indicadores. Exactamente la mitad de éstos son el resultado de desagregar por edad los indicadores de educación (nivel primario, secundario y terciario) e indicadores del mercado de trabajo (tasa de participación de la fuerza laboral, tasa de desempleo y tasa de subempleo).

Los Diez Mejores

La edición de este año del Índice de Capital Humano está dominado por los países europeos, en particular los estados nórdicos y del Benelux, con dos países de la región de Asia y el Pacífico y un país de la región de América del Norte también lo que lo convierte en el Top 10.

Indice 1

 

América Latina y el Caribe

La diferencia entre el mejor y peor desempeño en Latinoamérica y el Caribe es mucho menor que la de cualquier otra región, muchos países de la región comparten las fortalezas y debilidades similares.
Los países con mejores resultados son Chile (45), Uruguay (47) y Argentina (48). Por el contrario, Brasil (78) está rezagado en la mitad inferior.

Chile (45) se beneficia de una buena educación y una población más saludable que se mantiene activa hasta bien entrada la edad de 55 a 64, una muy alta tasa de matrícula universitaria (17), con una amplia gama de temas estudiados.

En grado menor, Uruguay (47) y Argentina (48), los otros de mejor desempeño en la región, comparte esos puntos fuertes.

Los siguientes son Panamá (49), Costa Rica (53), México (58), Perú (61) y Colombia (62), que se ubican especialmente bien cuando se trata de los logros educativos y la matrícula terciaria y profesional de su grupo de edad de 15-24 años con una población relativamente menos educada en todos los pilares de edad.

Trinidad y Tobago (67), El Salvador (70), Bolivia (73), Jamaica (74), Paraguay (75) y Barbados (77). Brasil (78), el gigante económico de la región, se ubica en la mitad inferior de la región de América Latina, con un pobre desempeño.

Los lugares más bajos los ocupan Guyana (79), República Dominicana (81), Guatemala (86) y Nicaragua (90), Venezuela (91) y al final Honduras (96), donde la educación primaria incompleta y el trabajo infantil sigue siendo un problema.

Indice 2

 

El WEF señala “El talento, no el capital, será el factor clave que vincule la innovación, la competitividad y el crecimiento en el siglo XXI, y los gobiernos, líderes empresariales, instituciones educativas e individuos deben comprender mejor la cadena de valor del talento global. Mejores datos y parámetros son fundamentales para esta comprensión y la capacidad de cuantificar y establecer metas se vuelve aún más importante a medida que las fuerzas tecnológicas, geopolíticas, demográficas y económicas reestructuran profundamente los mercados de trabajo”.

El Informe de Capital Humano ofrece una herramienta de ese tipo: el Índice de Capital Humano. El índice cuantifica cómo los países están desarrollando y utilizando su capital humano y hace un seguimiento del progreso en el tiempo. Adopta un enfoque de ciclo de vida para el capital humano, que evalúa los niveles de la educación, las habilidades y el empleo disponible para las personas en cinco distintos grupos de edad, comenzando por menores de 15 hasta mayores de 65. Mide el desempeño actual contra un punto de referencia ideal y ofrece una visión de cómo se posiciona un país para utilizar el talento en el futuro. Además del Índice, el informe proporciona información exhaustiva sobre la base del talento en cada país, incluyendo información sobre los niveles de educación de los miembros de la población empleados, desempleados e inactivos de la población, así como las cualificaciones específicas de los últimos ingresantes a la fuerza laboral.

El WEF destaca que invertir en el capital humano va más allá de una necesidad económica: es la base para que los individuos vivan a la altura de su potencial total.

Conclusión

La SNI señala que el Índice de Capital Humano revela varias tendencias y desafíos en la agenda actual de educación, habilidades y puestos de trabajo y las perspectivas de futuro para las principales economías. Estos hechos implican que tenemos que repensar cómo se invierte en la dotación de capital humano y como es aprovechado para la prosperidad social y económica y el bienestar de todos. Al igual que todos los desafíos globales en los que nuestros sistemas existentes, las estructuras y las instituciones formales ya no son suficientes, el mundo necesita un nuevo nivel de cooperación mundial en educación, habilidades y empleos. Los gobiernos, los líderes empresariales, instituciones educativas y los individuos deben entender cada uno la magnitud del cambio en curso y fundamentalmente repensar la cadena de valor del talento global. Con el fin de ser proactivos en nuestra respuesta tanto a los predicamentos actuales y un futuro muy incierto, debemos repensar lo que significa aprender, lo que significa trabajar y cuál es el papel de las diversas partes interesadas en garantizar que las personas son capaces de desarrollar su potencial.

Muchos de los sistemas educativos actuales están desconectados de las habilidades necesarias para funcionar en los mercados laborales de hoy en día y la tasa exponencial del cambio tecnológico y económico está aumentando aún más la brecha entre la educación y los mercados laborales. La premisa de los sistemas educativos actuales está en el desarrollo de habilidades cognitivas, sin embargo, las habilidades de comportamiento y no cognitivas que nutren la capacidad de un individuo para colaborar, innovar, auto dirigirse y resolver problemas son cada vez más importantes. Los sistemas educativos actuales son también comprimidos en el tiempo de una manera que puede no ser adecuada para los mercados laborales actuales o futuros. Ellos fuerzan estrechas decisiones de carrera y experiencia en la temprana juventud. Las líneas entre la academia y el mercado laboral pueden necesitar difuminarse o desaparecer por completo a medida que el aprendizaje, I+D, intercambio de conocimientos, reentrenamiento y la innovación tienen lugar simultáneamente en todo el ciclo de vida del trabajo, independientemente del puesto de trabajo, nivel o industria.

Las empresas deben repensar su papel como consumidor de capital humano “prefabricado”. Algunas empresas entienden esto y ya están invirtiendo en el aprendizaje continuo, la re-cualificación y actualización de las capacidades de sus empleados, pero la mayoría de los empleadores todavía esperan obtener talento previamente entrenado de las escuelas, universidades y otras empresas. En lugar de ello, las empresas deben trabajar con los educadores y los gobiernos para ayudar a los sistemas educativos a mantenerse al día con las necesidades del mercado laboral.

Abordar los desafíos del sistema actual requiere un replanteamiento fundamental y holístico de lo que significa aprender, trabajar y satisfacer el propio potencial como individuo, de cómo las empresas deben planificar e invertir en el talento, de cómo se entrega la educación y cuál debe ser su sustancia y el momento, y de cómo los gobiernos deben abordar no sólo las preocupaciones a corto plazo de hoy, sino también a planificar ahora para las necesidades de las generaciones del mañana.

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