Las startups sociales comienzan a ser atractivas porque pueden ser rentables

10:52 4 Marzo, 2016

En medio de iniciativas emprendedoras orientadas claramente al mercado, a maximizar el beneficio económico y sin mayor atención hacia la búsqueda de un impacto social, comienzan a surgir las “startups sociales”, empresas nuevas orientadas a resolver necesidades de trabajo, consumo, financiamiento, vivienda, es decir, con voluntad de transformación social.

Son proyectos que quieren transformar la realidad social, económica, política, cultural y ambiental. Pero, en contra de lo que podría creerse, las startups sociales pueden ser rentables.

En España hay ejemplos claros de resultados óptimos como es el caso de Smileat, una compañía que propone un producto de alimentación infantil 100% ecológico. Salió al mercado en enero del año pasado y hasta hoy ha facturado casi 100,000 euros y esperan cerrar 2016 con una facturación de medio millón, según el diario Expansión.

Al respecto, Manuel Lencero, CEO y fundador de UnLtd Spain -una plataforma de apoyo a los emprendedores sociales a través del mentoring, el asesoramiento, la formación y la inyección de capital- considera a estos innovadores tan ambiciosos como los que proponen un negocio de corte convencional.

Para ello se requiere que “el impacto que pretenda tener en la sociedad y la capacidad para que la idea sea grande; que la innovación sea escalable y que cuente con un componente disruptivo; y que el emprendedor sea capaz de armar un buen equipo, recibir feedback y conocer la gestión de una empresa”, señaló Francisco Soler, director de inversiones de Creas, que cuenta con dos fondos de venture capital especializados en startup sociales (uno enfocado en seed y otro en etapas de crecimiento).

Soler explicó que su plataforma considera tres factores antes de invertir en un proyecto de corte social. “Al capital que se invierte se le considera paciente, ya que lo relevante no es tanto la consecución del rendimiento en un tiempo determinado como el logro del impacto para el que está ideada la compañía. En Creas contamos con inversores dispuestos a esperar un retorno más lento o incluso inferior al del mercado siempre y cuando esa startup obtenga el impacto deseado”, subrayó.

Si bien en el fondo estos factores no se diferencian mucho de los que se utilizan para evaluar startup de otro corte, hay diferencias. A modo de ejemplo mencionó que a los emprendedores sociales les interesa financiarse a través de deuda antes que optar por la emisión de acciones, pues les resulta más difícil valorar sus propuestas de negocio.

“A los financiadores les guía un interés filantrópico. Algunos esperan recuperar lo invertido, otros aspiran a un retorno en línea con el mercado y otros se conforman con rendimientos por debajo, pero todos invierten para contribuir al cambio social”, explicó Luisa Alemany, directora del Esade Entrepreneurship Institute quien, además, recuerda que en muchas ocasiones “se financia a través de préstamos (participativos o convertibles) y en el menos casos a fondo perdido”.

Europa está impulsando cada vez más este tipo de emprendimientos a través de eventos como el We Start Social, donde se plantea crear una Start Up de impacto social en 48 horas.
Hay también organizaciones que promueven este tipo de startup como la fundación de Ship2B, cuyo director Xavier Pont, sostuvo que la entidad a su cargo busca impulsar proyectos que tengan doble rentabilidad: financiera y social.

“La inversión de impacto es una realidad bastante consolidada en países como Reino Unido y Estados Unidos, donde hay una sofisticación importante, por ejemplo, ya existe un mercado secundario en el Reino Unido, hay Private Equities con más de 900 MM de euros en fondos de inversión de impacto y redes de impacto con más de 600 inversores. JP Morgan vaticina que la inversión de impacto será el próximo capital riesgo del siglo XXI, y pasará de unos activos de 45 billones de dólares a 1 trillón de dólares en una década. Desde Ship2B, hace 4 años, pensamos que había una gran oportunidad para desarrollar la inversión de impacto en España. Hasta hace poco, en nuestro país solo existía dos alternativas para el inversor: o se invertía con criterios de mercado, o se hacía filantropía”, explicó.

Señaló que en los últimos años, había surgido como opción la Inversión Socialmente Responsable (ISR) que suponía invertir con criterios de exclusión (armas, alcohol, combustibles fósiles, etc.) pero no eran empresas propiamente de impacto social.

“La inversión de impacto va más allá y ofrece una doble rentabilidad: financiera y social. Son empresas que o bien en sus outputs (productos, servicios) o bien en sus inputs (personal, compras, etc.) realizan un impacto social significativo que va más allá del crecimiento económico y la generación de ocupación propia de cualquier emprendimiento”, explicó.

Indicó que la Fundación Ship2B nació para acelerar y financiar empresas de impacto social. “Queríamos impulsar proyectos sociales de una nueva manera, mucho más profesional, mucho más empresarial y con el ánimo de ofrecer al inversor una rentabilidad interesante que en 70% de los casos es equivalente a la que se puede conseguir en el mercado”, declaró al portal Loogic.

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