Inclusión financiera en Perú sube al 61,6% en el segundo trimestre de 2025
Mayor acceso en zonas rurales y entre jóvenes impulsa el uso del sistema financiero, mientras crece la cultura del ahorro como herramienta clave para el bienestar económico.

26 septiembre, 2025 / 8:11 am
El acceso al sistema financiero continúa creciendo en el país. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en el segundo trimestre de 2025 el 61,6% de la población de 18 años a más tiene al menos una cuenta en el sistema financiero, ya sea de ahorro, sueldo, corriente o a plazo fijo. El resultado supone un avance de 2,4 puntos porcentuales en comparación con el mismo trimestre de 2024, lo que confirma una tendencia sostenida hacia la bancarización.
El análisis por residencia muestra que el acceso sigue siendo mayor en las ciudades, donde 65,5% de la población adulta tiene una cuenta en el sistema financiero. En el área rural, en cambio, solo el 41,8% accede a estos servicios, aunque allí también se observan avances respecto al año anterior. La brecha urbano-rural se mantiene como uno de los principales retos para alcanzar una verdadera inclusión financiera.
Diferencias por edad
Los adultos de 30 a 44 años concentran el mayor nivel de acceso, con un 67,3%, seguidos por los jóvenes de 18 a 29 años, con 65,5%. Este comportamiento refleja que las nuevas generaciones ya están incorporando con mayor frecuencia los servicios financieros, mientras que los adultos mayores aún registran niveles de acceso más bajos, aunque en el último año mostraron incrementos significativos, sobre todo en áreas urbanas.
Educación como factor clave
El nivel educativo se confirma como un determinante del acceso. El 86,7% de quienes alcanzaron estudios universitarios tiene una cuenta en el sistema financiero, frente al 77,2% de quienes tienen educación superior no universitaria y al 54% de los que solo llegaron a secundaria. Entre quienes solo tienen primaria o un nivel menor, el acceso se reduce a 38,2%. Pese a ello, este último grupo registró los mayores avances interanuales, con incrementos de hasta 5,2 puntos porcentuales en zonas urbanas, lo que evidencia un esfuerzo por ampliar la bancarización hacia sectores históricamente rezagados.
Diferencias étnicas en el acceso
La inclusión financiera también varía según la autopercepción étnica. Los resultados indican que el 67,8% de la población que se considera mestiza cuenta con acceso, mientras que el 61,7% de los blancos, el 53,3% de los nativos y el 50,7% de los afrodescendientes tienen al menos una cuenta. En áreas rurales destaca el crecimiento de cinco puntos porcentuales entre la población nativa, lo que muestra un avance hacia la equidad en territorios donde históricamente el acceso era más limitado.
Obstáculos para la inclusión
La falta de ingresos suficientes sigue siendo la principal barrera para acceder al sistema financiero. El 91,8% de la población que no tiene cuenta señaló esta razón como principal, un porcentaje que aumentó en más de 3 puntos respecto al año anterior. La desconfianza en las instituciones financieras representa apenas el 3,6%, y otras razones el 4,6%. Esto refleja que el problema está vinculado más a la capacidad económica de los hogares que a la percepción de las entidades financieras.
Menor uso de mecanismos informales
El informe también revela una reducción en la utilización de mecanismos de ahorro y crédito informales. En el segundo trimestre de 2025, el 70,9% de los adultos no realizó operaciones fuera del sistema financiero, mientras que un 16,2% sí lo hizo a través de juntas, panderos o guardando dinero en casa. El 2,5% acudió a prestamistas o recurrió a préstamos entre familiares y conocidos. En comparación con 2024, la categoría de ahorro informal disminuyó en 1,6 puntos porcentuales a nivel nacional, con caídas más pronunciadas en áreas urbanas.
Los resultados del INEI muestran que la inclusión financiera en el Perú avanza, con mejoras notorias en educación básica, en áreas rurales y entre poblaciones nativas. Sin embargo, persisten retos importantes: la brecha urbano-rural, el bajo acceso entre la población con menores ingresos y los adultos mayores, y la necesidad de fortalecer programas que vinculen educación financiera con acceso a productos inclusivos y adecuados.
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