El perdón para sanar

23:15 27 Julio, 2014

Mientras transitamos por esta vida, pasamos por muchas experiencias humanas, unas buenas y otras no tanto, como la decepción, ira, traición,  engaño, maltrato, etc., que se relacionan con alguna persona que nos hizo daño o a quien nosotros hicimos daño alguna vez.

En diferente magnitud todos hemos sido heridos y por lo general, por las personas que menos esperábamos, nuestra pareja, un familiar cercano, un amigo, un colega…

Quizás las heridas fueron superficiales y fáciles de superar pero pueden quedar unas tan profundas que aún con el paso de los años, nunca llegan a cerrar.

Es en estos casos, en que debemos tener la voluntad de perdonar de verdad, no por hacerle un bien o un favor a la persona que nos hirió, ella ni siquiera tiene que saber de este perdón, puede que esté lejos, hayamos perdido contacto, o esté muerta. Es por nosotros mismos, para limpiar nuestra alma y dejar fluir nuestra energía en su totalidad.

Si no lo hacemos, corremos el riesgo de quedar encerrados y prisioneros de nuestro dolor, amargura, rencor, que tarde o temprano terminarán enfermándonos.

Menos enfermedades

Según un estudio de la universidad de Wisconsin “Forgiveness and Physical Health” las personas que perdonan tienen menos enfermedades del corazón (trastornos cardiovasculares) que las que no lo hacen.

Otra investigación refiere que 5 minutos de pensamiento negativo (rememoración de heridas) desacelera la respuesta del sistema inmunitario o de defensas del organismo y disminuye la variabilidad del ritmo cardiaco lo cual no ayuda al corazón para responder en buenas condiciones al estrés o a los problemas del día a día.

Practicar el perdón no solo protege al cuerpo, sino que alivia y limpia el alma y no solo se aplica a los demás sino también a uno mismo, sobre todo cuando a pesar de nuestros errores y culpas somos capaces de perdonarnos y dejar de sentirnos merecedores de un castigo.

Como decía Nelson Mandela, cuando salió de prisión luego de permanecer 27 años injustamente y bajo condiciones muy difíciles: “El perdón libera el alma y elimina el miedo. Por eso es una herramienta tan poderosa”.

El doctor Frederick Luskin, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, en California, fundador del Stanford Forgiveness Project, que estudia los efectos del perdón en el ser humano y autor de Forgive for Good (Perdone para estar bien) señala que perdonar nos libera para vivir a plenitud y con salud de mente, cuerpo y espíritu. Él refiere que uno de sus estudios reveló que la persona promedio que aprendía a perdonar, elevaba su vitalidad, su apetito, sus patrones de sueño y su energía en un 15%. Agrega que todo lo que ayuda a reducir la ira, el dolor y la depresión, puede reducir también la presión arterial  y hacer a las personas más optimistas, energéticas y vitales.

Es una decisión

Perdonar, es una decisión y muchas veces no la tomamos porque solemos pensar que si lo hacemos no habrá justicia “quien nos hizo daño no merece nuestro perdón”, “si perdono me volverán a herir”, “no es justo que perdone porque será como salirse con la suya”, “si perdono se aprovechará de mi nobleza”, etc. Enfocamos todo desde el lado del agresor, cuando lo que debemos hacer es enfocar nuestra energía en nosotros mismos, sin que nos importe la otra persona, soy yo el importante y es por mí por quien quiero perdonar. Nada más cuenta, solo yo y mi deseo de estar mejor, de sentirme mejor y de vivir en paz.

No es una decisión fácil, es un proceso que puede llevar tiempo, sin embargo, se puede ir empezando a practicar el perdón desde la convicción de que cualquier cosa que nos pase, por más mala que sea, tiene un sentido y un significado más allá de lo que conocemos. Nada es casualidad, nada es porque sí, todo tiene una razón y no  es necesario detenernos a buscar la explicación.

Simplemente, debemos dar el primer paso hacia el perdón y ayudarnos de lo que más nos guste: la meditación, la oración, la respiración, el ejercicio, la lectura de temas espirituales, etc.

Colin Falen en su libro “El Perdón Radical” señala que todo daño o dolor que otros nos producen o que nosotros mismos nos hemos hecho, tiene un sentido en un plano más allá del humano, en el plano espiritual. No es necesario que lo entendamos, solo que lo asumamos y empecemos a practicar el perdón que nos ayudará a ser libres de verdad. Su planteamiento, difícil de entender para muchos promueve cambios de pensamiento radicales que no todas las personas están dispuestas a seguir. Sin embargo, vale la pena hacer el esfuerzo y tratar de seguir este camino.

En Lima y otras ciudades como México, Argentina, España, Alemania, ya existen escuelas que practican y enseñan a practicar el perdón radical según Colin Falen. Si le interesa puede encontrar información en la web. Quizás este también pueda ser el camino que usted estaba buscando.

PUBLICADO EN LA REVISTA Gan@Más #14 (MARZO 2014)

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