Perú registra menos nacimientos y entra en una nueva etapa de cambio demográfico
La natalidad acumula tres años consecutivos de caída y la fecundidad marca mínimos históricos, con implicancias de largo plazo para el empleo, el crecimiento y el sistema previsional, advierte el BCRP.

21 marzo, 2026 / 9:43 am
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) puso sobre la mesa un tema que trasciende la coyuntura económica y que, aunque suele abordarse más desde la demografía o la política social, tiene implicancias directas sobre el futuro macroeconómico del país: la reducción sostenida de los nacimientos y de la fecundidad en el Perú. En un reciente análisis, la autoridad monetaria advierte que la menor natalidad no solo refleja un cambio estructural en las decisiones familiares, sino que también anticipa un proceso de envejecimiento poblacional que podría afectar el crecimiento potencial, la productividad, la oferta laboral y la sostenibilidad fiscal en las próximas décadas.
Aunque Perú aún conserva una población relativamente joven y continúa beneficiándose de un bono demográfico, el BCRP considera necesario monitorear con atención esta tendencia, ya que el descenso de la fecundidad está siendo más rápido de lo que muchos indicadores tradicionales sugerían.
Una caída persistente en los nacimientos
Los datos oficiales muestran que la reducción de nacimientos en el país se ha intensificado en los últimos años. Según cifras del Ministerio de Salud (MINSA), en 2025 se registraron 376.750 nacimientos, lo que representa una caída de 3,4% respecto de 2024 y acumula el tercer año consecutivo de descenso. Si se compara con 2019, la reducción alcanza el 22,4%.
Esta trayectoria es consistente con los registros del INEI y RENIEC. De acuerdo con el análisis del BCRP, entre 2019 y 2024 los nacimientos se habrían reducido 28,2% según los datos administrativos, y la caída habría sido generalizada en prácticamente todos los departamentos del país. Es decir, no se trata de un fenómeno focalizado ni temporal, sino de una tendencia extendida a nivel nacional.
El BCRP subraya que esta disminución en el número de nacimientos está alineada con una reducción más amplia de la fecundidad observada desde mediados de la década pasada.
La fecundidad cae a mínimos históricos
Uno de los indicadores más reveladores del informe es la Tasa Global de Fecundidad (TGF), que mide el número promedio de hijos que tendría una mujer durante su vida reproductiva si se mantuvieran las tasas de fecundidad actuales.
Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), Perú registró en 2024 una TGF de 1,76 hijos por mujer, el nivel más bajo desde que comenzó a aplicarse la encuesta en 1986. Esta cifra se ubica claramente por debajo del 1,99 reportado en 2019 y muy lejos del 2,6 observado en 2009.
La reducción se presenta tanto en áreas urbanas como rurales. En las ciudades, la fecundidad pasó de 1,8 hijos por mujer en 2019 a 1,5 en 2024, mientras que en las zonas rurales descendió de 3,0 a 2,9 en el mismo periodo. Aunque la fecundidad rural sigue siendo más alta, la tendencia descendente también es clara.
En términos regionales, el BCRP destaca que Perú ha sido uno de los países de América Latina con mayor reducción de la fecundidad en las últimas décadas. Entre 2000 y 2023, la TGF peruana cayó en 1,1 puntos, ubicándose entre las más pronunciadas de la región. Entre 2019 y 2023, el país también figura entre los que más aceleraron este descenso.
Un fenómeno global con efectos económicos concretos
El Banco Central enfatiza que la experiencia peruana no es aislada. La caída de la fecundidad es una tendencia global que se observa tanto en economías desarrolladas como en países emergentes. Asia, Europa, Norteamérica y América Latina muestran descensos significativos en las últimas dos décadas, aunque con intensidades distintas.
Sin embargo, el BCRP remarca que, desde la óptica de la política monetaria y del análisis macroeconómico, esta tendencia tiene consecuencias concretas. La menor natalidad acelera el envejecimiento de la población, lo que puede reducir el crecimiento del producto potencial al contraer la oferta de trabajo y moderar el crecimiento de la productividad.
Además, una población más envejecida puede elevar el ahorro precautorio, presionando a la baja la tasa natural de interés de equilibrio, y generar mayores exigencias fiscales por el incremento del gasto en seguridad social y pensiones. En otras palabras, el descenso de la fecundidad no es solo una variable demográfica: es también una variable estructural que condicionará el marco macroeconómico del país a largo plazo.
La maternidad se posterga entre las mujeres jóvenes
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que las mujeres peruanas están postergando el inicio de la maternidad, especialmente en los grupos más jóvenes.
De acuerdo con la ENDES, las mujeres que tenían entre 25 y 29 años en 2024 tuvieron a su primer hijo a una edad mediana de 23,1 años, superior a los 22,3 años registrados en 2009. Aunque el cambio puede parecer moderado, el BCRP señala que es consistente con una transformación más amplia en la distribución de nacimientos por edad.
Los registros de RENIEC muestran que entre 2019 y 2024 disminuyó la proporción de nacimientos correspondientes a madres menores de 25 años, mientras aumentó el peso relativo de nacimientos de mujeres de 30 años o más. Esto sugiere una postergación gradual del ciclo reproductivo, en línea con patrones ya observados en otras economías.
Este cambio es relevante porque la postergación de la maternidad puede derivar en familias más pequeñas, ya sea por decisión propia o por restricciones biológicas asociadas al tiempo.
Más educación, más planificación y nuevas decisiones familiares
El BCRP identifica varios factores que podrían estar detrás de esta caída de la fecundidad en Perú, muchos de ellos vinculados a transformaciones sociales y económicas de largo plazo.
Uno de los principales es el mayor nivel educativo de las mujeres jóvenes. Entre 2007 y 2024, las mujeres de 20 a 24 años y de 25 a 29 años aumentaron en promedio 1,8 años su nivel educativo. Esto refleja una mayor inversión en formación académica y, por tanto, una mayor postergación de decisiones familiares en favor de la consolidación personal y laboral.
A ello se suma el creciente uso de métodos de planificación familiar. El porcentaje de mujeres en unión conyugal que utiliza algún método anticonceptivo pasó de 73,2% en 2009 a 77,5% en 2024. Más importante aún, el uso de métodos modernos subió de 50% a 58,1% en ese mismo periodo.
El BCRP resalta que esta mayor adopción de métodos modernos estaría asociada a una reducción de la brecha entre la fecundidad deseada y la fecundidad observada. En términos prácticos, esto implica que las mujeres tendrían hoy mayor capacidad de decidir cuántos hijos quieren tener y cuándo tenerlos, reduciendo la incidencia de nacimientos no deseados.
Cambios en las uniones también influyen en la natalidad
Otro elemento analizado por el Banco Central es la transformación en los patrones de unión entre las mujeres jóvenes. En las últimas décadas se ha reducido el porcentaje de mujeres casadas, mientras ha aumentado la proporción de mujeres convivientes.
Este cambio no es menor, porque la fecundidad de las mujeres convivientes ha caído más rápido que la de las mujeres casadas. Entre 2009 y 2024, la TGF de las convivientes descendió en 1,1 puntos, frente a una reducción de 0,6 puntos entre las casadas.
La diferencia se explica principalmente por la caída más marcada en las tasas de fecundidad de las mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años. Según el BCRP, esto sugiere que la preferencia por la convivencia sobre el matrimonio, especialmente entre las generaciones más jóvenes, podría ser un factor adicional detrás de la menor natalidad.
Una señal estructural que el país no puede ignorar
El análisis del BCRP deja en claro que el descenso de la natalidad en Perú ya no puede interpretarse como un fenómeno coyuntural o un efecto rezagado de la pandemia. Se trata de una transformación estructural, alineada con tendencias globales, que está redefiniendo el perfil demográfico del país.
En el corto plazo, Perú aún mantiene condiciones demográficas relativamente favorables, pero el Banco Central advierte que el ritmo de caída de la fecundidad obliga a incorporar este factor en los escenarios de largo plazo. Un país con menos nacimientos hoy será, inevitablemente, un país con menor crecimiento de su fuerza laboral mañana.
En ese contexto, el desafío no pasa solo por registrar la caída, sino por anticipar sus efectos sobre el mercado laboral, la productividad, el sistema previsional y las cuentas fiscales.
La principal conclusión del BCRP es que la menor fecundidad refleja cambios profundos en las preferencias reproductivas, en la educación femenina, en la planificación familiar y en la formación de parejas. Pero también plantea una advertencia de política pública: el Perú deberá adaptarse a un cambio demográfico más acelerado del previsto.
La reducción de nacimientos puede ser leída como una señal de mayor autonomía reproductiva y transformación social, pero también como un reto económico de primera magnitud. Menos jóvenes en el futuro significará menor oferta laboral, potencialmente menor dinamismo productivo y mayores presiones sobre los sistemas de salud, pensiones y protección social.
Por ello, el BCRP considera que la evolución de la natalidad debe dejar de verse como un dato secundario y empezar a asumirse como una variable estratégica para entender el crecimiento de largo plazo del país.
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