Perú apunta a duplicar su producción de cobre con una ambiciosa cartera minera
El potencial adicional supera los 3,2 millones de toneladas y requiere inversiones privadas por alrededor de USD 47 mil millones.

28 diciembre, 2025 / 10:05 am
El Perú cerró el año 2024 con una producción de 2 736 mil toneladas métricas de cobre, entre concentrados y cátodos, consolidándose como uno de los principales productores a nivel mundial. De acuerdo con el análisis del Banco Central de Reserva del Perú, basado en la Cartera de Proyectos de Inversión Minera del Ministerio de Energía y Minas, el país cuenta con el potencial técnico para duplicar este nivel de producción en los próximos años, siempre que los proyectos mineros previstos logren concretarse.
La cartera minera identifica un potencial adicional de 3 250 mil toneladas métricas de cobre, volumen que supera ampliamente la producción alcanzada en 2024. Para materializar este crecimiento sería necesaria una inversión aproximada de USD 47 mil millones, de los cuales alrededor del 75 por ciento corresponde a proyectos Greenfield, es decir, desarrollos que se inician desde cero y requieren mayor inversión, infraestructura y plazos más largos de ejecución. No obstante, la mayoría de estos proyectos se encuentra aún en etapas iniciales, lo que implica un horizonte de desarrollo prolongado y altamente dependiente de factores coyunturales.
Evolución reciente de la producción cuprífera
La producción de cobre en el Perú ha mostrado una tendencia claramente ascendente en las últimas dos décadas, impulsada principalmente por la entrada en operación de grandes proyectos mineros. Entre los hitos más relevantes destacan el inicio de operaciones de Antamina, Chinalco, Las Bambas y Constancia, así como la reciente incorporación de Mina Justa y Quellaveco, que han permitido elevar de manera significativa los volúmenes de producción nacional.
Este crecimiento productivo estuvo acompañado de un importante flujo de inversión privada. La puesta en marcha de megaproyectos mineros demandó elevados niveles de gasto en la adquisición de equipos, el desarrollo de infraestructura y la implementación de sistemas de procesamiento, especialmente orientados a la explotación de cobre, consolidando al sector minero como uno de los principales motores de inversión del país.
Tipos de proyectos y etapas de desarrollo
La cartera del MINEM clasifica los proyectos mineros en dos grandes grupos: Greenfield y Brownfield. Los proyectos Greenfield se desarrollan en zonas donde no existen operaciones previas, lo que implica mayores requerimientos de infraestructura, estudios ambientales más complejos, inversiones elevadas y plazos extensos. En contraste, los proyectos Brownfield se ejecutan sobre o cerca de operaciones existentes, aprovechando infraestructura y conocimiento previo, lo que reduce costos, riesgos y tiempos de implementación.
Adicionalmente, los proyectos se encuentran en distintas etapas de desarrollo, que van desde la fase conceptual, orientada a estudios económicos preliminares, hasta la etapa de ejecución, en la que ya se han iniciado o están por iniciarse las inversiones principales. Entre estas fases intermedias se incluyen la pre-factibilidad, la factibilidad y la ingeniería de detalle, cada una con mayores niveles de definición técnica y ambiental.
Una cartera capaz de transformar la economía
Según el BCRP, la implementación de los proyectos Greenfield permitiría, por sí sola, duplicar la producción de cobre registrada en 2024. La inversión asociada a estos proyectos asciende a aproximadamente USD 35 mil millones, mientras que los proyectos Brownfield suman cerca de USD 11 mil millones adicionales. En conjunto, la cartera total contempla una inversión de USD 46 587 millones y una producción adicional de 3 250 mil toneladas métricas de cobre.
De concretarse todos estos proyectos, la producción adicional representaría alrededor del 6,5 por ciento del PBI acumulado a lo largo de la vida útil de las minas. Desde el enfoque del gasto, la ejecución de la cartera implicaría una inversión privada equivalente al 15,7 por ciento del PBI. Asimismo, estos proyectos no solo incrementarían la producción de cobre, sino también la extracción de otros minerales, reforzando el impacto macroeconómico del sector.
Proyectos con mayor potencial de extracción
Dentro de la cartera minera destacan proyectos de gran envergadura como Yanacocha Sulfuros, La Granja, Michiquillay y Tía María. Yanacocha Sulfuros busca extender las operaciones de la mina hasta el año 2040 mediante el desarrollo de yacimientos de sulfuros, con una producción combinada de oro, cobre y plata. Aunque el proyecto se encuentra en etapa avanzada de ingeniería, su ejecución ha sido postergada temporalmente por decisiones estratégicas de su principal accionista.
La Granja, uno de los mayores depósitos de cobre no desarrollados del mundo, permanece en etapa conceptual, pese a los extensos trabajos de exploración realizados durante los últimos años. De manera similar, Michiquillay, concesionado a Southern Perú, se encuentra aún en fase conceptual, con estudios en curso para mejorar la estimación de recursos y definir la gestión de relaves.
En contraste, Tía María es actualmente el proyecto más relevante en fase de construcción. Se espera que inicie operaciones en 2027 y ya cuenta con las autorizaciones necesarias para avanzar con las actividades de explotación, lo que lo posiciona como uno de los principales aportantes al crecimiento de la producción cuprífera en el corto y mediano plazo.
Restricciones y desafíos para el desarrollo minero
Pese al amplio potencial identificado, el desarrollo de los proyectos mineros enfrenta importantes limitaciones. Los conflictos sociales constituyen uno de los principales obstáculos, ya que pueden generar paralizaciones prolongadas, pérdidas económicas significativas y riesgos para la sostenibilidad de las inversiones. Estas tensiones suelen estar asociadas a preocupaciones ambientales, uso de recursos hídricos, distribución de beneficios, impacto en la salud y actividades económicas locales, así como a la falta de confianza en las instituciones públicas y las empresas.
Asimismo, los procesos de aprobación de permisos ambientales representan un desafío relevante. La obtención de la modificación del estudio de impacto ambiental detallado, necesaria para pasar de la etapa de factibilidad a ingeniería de detalle, puede tomar entre cuatro y cinco años, como ocurrió en proyectos emblemáticos del sector. Este trámite, a cargo del SENACE, suele ser más extenso debido a la complejidad de las evaluaciones técnicas y sociales involucradas.
El Perú cuenta con un notable potencial geológico y una cartera de inversiones mineras capaz de duplicar su producción de cobre en el largo plazo. Sin embargo, alcanzar este objetivo dependerá de la capacidad del país para mejorar la gestión de los conflictos sociales, agilizar los procesos regulatorios y fortalecer la coordinación entre el Estado, las empresas mineras y las comunidades. Solo bajo estas condiciones el sector cuprífero podrá consolidarse como un pilar sostenible del crecimiento económico peruano.
Vea Tambien:



















