“MI PASIÓN SIEMPRE FUE LA COCINA”

21:21 1 Enero, 2013

Blanca Chávez, es toda una empresaria de éxito. Su emblemático restaurante “El Rocoto” de Surco tiene ya 27 años de creado, además también abrió, a fines del año pasado, otra sede en Miraflores, tiene el Instituto de Cocina Ambrossía en Cusco, ha escrito el libro “Entre Hornos y Rocotos” (2008), tuvo un programa de televisión y otro de radio por tres años, ha sido directora de la Asociación de Hoteles y Restaurantes, además de invitada especial en diferentes ciudades de Latinoamérica para hablar sobre nuestra gastronomía… y sigue trabajando. “Creo que el día que deje de trabajar y de tener proyectos, ese día voy a morir”, nos dice, con la certeza de haber cosechado cada triunfo a base de esfuerzo y sacrificios.

 

Su niñez

Blanca nació y pasó su niñez en Arequipa, siendo la mayor de nueve hermanos. Ella recuerda que este solo hecho la llevó a nunca pedir nada a sus padres para quienes no era fácil mantener a nueve hijos. “Nunca pedí una propina, tuve que trabajar desde muy chica para ganármela…pero esto es nacido y más aún cuando hay la necesidad y el deseo de querer salir adelante, por- que si es nacido y no lo aprovechas, estás muerta”.

Considera que vivió una niñez feliz, aunque sin las muñecas hermosas que le hubiera gustado tener, pero sí con una muñequita de tela que la hacía sentir bien. Luego viajó a Lima para vivir con su abuela, mientras sus padres y hermanos se quedaron en Arequipa. “Mi abuela fue una mujer muy trabajadora, fuerte, siempre estaba haciendo algo  y creo que ella me enseñó a nunca quedarme quieta, ella me crió con amor pero también con firmeza y siempre le estaré muy agradecida por todo lo que dio por mí”.

 

Su familia

Con tan solo 16 años se casó con un policía y aunque recuerda que su matrimonio fue un poquito complicado, su mayor logro son sus cuatro hijos, todos varones, hoy profesionales, casados y con sus propias familias. Nos dice que criar a cuatro hijos no fue difícil, quizás porque ayudó a criar a ocho hermanos, por eso no entiende a la juventud de ahora que siempre está cansada…

Blanca también recuerda que su esposo nunca quiso que trabajara y ella en un inicio tuvo que trabajar a escondidas, como cuando vendió cosméticos viviendo en Yurimaguas. Luego lo convenció de poner una bodega en la cochera de su casa, ya en Lima, viendo que no habían bode- gas cerca, después, tuvo que cerrar porque abrieron otras y ya no fue negocio, luego hizo movilidad escolar, alquiló taxis y una combi para transporte urbano y con los ahorros, compraron el terreno donde hoy se levan- ta el restaurante de Surco, a pesar de que ese terreno estuvo destinado a ser un edificio de departamentos, y ya con los planos y cimientos, Blanca aprovechó un viaje de su esposo por dos meses, fuera del país, para tumbar todo y construir su restaurante, con el préstamo que se hizo de una mutual. “Estudié cosmetología, también contabilidad, pero mi pasión siempre fue la cocina y mi sueño tener un restaurante, con todos los sacrificios que yo sabía que tendría que hacer. No fue fácil, al principio fui la dueña del circo porque hice todo para sacarlo adelante, pero poco a poco crecimos y gracias a nuestra sazón tuvimos comensales desde el principio”, nos comenta. Empezaron con 8 personas y hoy son 30 trabajando en el local de Surco.

“Yo pienso que en la vida tienes que hacer lo que te gusta y hacerlo con pasión, luego la plata vendrá solita, no esperar que todo venga rápido, o la inversión tenga un retorno rápido, en este tipo de negocios hay que tener paciencia y luchar por lo que queremos”, subraya.

Con los hijos ya jóvenes, Blanca se divorció y dejó el restaurante a su ex esposo, para abrir uno nuevo por su cuenta llamado “Ciudad Blanca”, sin embargo, cuando éste enfermó de cáncer, ella volvió a su lado para cuidarlo hasta el final, además de asumir todos los gastos de esta penosa enfermedad. Fue una época difícil porque se hacía cargo, sola, de 4 muchachos de 15, 19, 21 y 23 años, los gastos los habían desfinanciado, había que pagar institutos, universidad y colegio, y todos tuvieron que hacer sacrificios para poder salir a flote. Cuando su ex esposo falleció, Blanca retomó la dirección de “El Rocoto”, cerrando su otro restaurante.

Ahora está casada nuevamente, se siente agradecida de la vida porque le ha dado un buen hombre como esposo, gracias al cual está viajan- do y conociendo lugares que nunca pensó, alrededor del mundo, y siente que tiene que parar un poco y disfrutar de los años que le que- dan, pues aunque es todavía joven, reconoce que cuando la vida nos golpea con enfermedades fuertes, es porque nos está mandando un mensaje para avanzar más despacio y tomarnos un respiro.

Blanca acaba de superar, hace unos meses, un infarto cerebral y una bronconeumonía que casi se la llevan, y como ella dice, ha vuelto a nacer y tiene una nueva oportunidad. Considera que se volvió vulnerable debido a que se le bajaron las defensas y no se cuidó por trabajar mucho y recomienda a todas las personas que viven para el trabajo, que hagan un alto en sus vidas y se den un tiempo para disfrutar el fruto de su trabajo.

 

Hacer empresa 

Para Blanca hacer empresa en el país no es fácil, recuerda que una amiga abrió un restaurante en EE.UU. y solo tuvo que juntar los papeles que le pedían para que le den la licencia oportunamente. “Acá en el Perú, la burocracia y los trámites te quitan las ganas… uno hace empresa para crecer, para dar trabajo, para pagar impuestos… lo mí- nimo que se nos debería dar, son las facilidades para formalizarnos, desde Defensa Civil, que debería poner las objeciones en los planos y no cuando ya la obra está terminada. Esa sería una mejor labor, mucho más efectiva”, refiere.

Blanca considera que el negocio de restaurantes es gratificante pero muy absorvente, ahora que la vida le está dando otra oportunidad, considera que lo mejor para ella es la franquicia y ya viene trabajando en ello. También tiene pensado terminar de escribir su segundo libro de cocina.

Felizmente, su hijo, “el negro” como cariñosamente le dice, es su brazo derecho y supervisa los dos restaurantes. Estudió en el Cordon Blue e hizo una maestría en España, para poder dedicarse con éxito a este negocio. También agradece la lealtad de sus trabajadores, algunos tienen 25 años acompañándola y aunque han sido tentados por la competencia, señalan que nunca se irán porque esa es su casa y allí está su familia. Para Blanca, contar con un personal que esté contento en el trabajo, es vital, eso hace que todo fluya sin problemas, que la comida salga más rica, que la atención sea de calidad, y que el ambiente destile buena vibra.

Además, nos cuenta que le gusta invertir en propiedades porque es la única forma de tener un retorno seguro, ya que si no puede pagar, vende, pero no pierde. “Me endeudo hasta las orejas, hasta el pelo, pero digo si no funciona, lo alquilo o vendo. Por ejemplo, si mañana no funciona este local (el de Miraflores) y yo invertí un millón, mañana lo vendo en 2, siempre debe haber una salida positiva”.

Finalmente, recomienda, en especial a la mujer a quien considera emprendedora nata: “La mujer que quiera emprender una empresa o negocio, que nunca descuide al marido y los hijos, porque, por lo general, el 90% de mujeres emprendedoras y empresarias termina divorciándose porque no supo matizar el trabajo y la vida familiar”.

 

Comparte en:

Vea también