“CON MI TRABAJO QUIERO SER MOTIVACIÓN PARA OTRAS PERSONAS”

13:06 1 Marzo, 2013

A sus 34 años, Rossi Refulio tiene una exitosa empresa en Huancayo, URPI PERÚ en la que vende tarjetas y separadores hechos a mano, en cartulinas finas, todos con motivos y diseños peruanos que ella misma escoge y elabora.

 

Su infancia 

Rossi Maritza Refulio Muñoz, nació en 1978 en el distrito de Cochas, a 4 horas de la provincia de Concepción en Junín. Vivió una vida feliz, llena de juegos e ilusiones hasta 1989, en que tuvo que mudarse con toda su familia (sus padres y 3 hermanos) a Huancayo, debido a que el terrorismo había incursionado muy fuerte por su tierra y era peligroso continuar allí. “Recuerdo que tenía 11 años cuando tuve que dejar mi casa, mis amigos, mi tierra. Lo peor es que mis padres no pudieron quedarse con nosotros, ellos debían regresar, por reglas de la comunidad, y nos dejaron al cuidado de una tía, en un par de cuartitos alquilados. Fueron épocas muy duras, murió mucha gente conocida… Pasaban días y semanas en que no sabíamos si mis padres seguían vivos”, relata Rossi. Ella y sus hermanos tuvieron que trabajar desde chicos, ya que lo que mandaban sus padres no alcanzaba para mucho. Tuvieron carencias pero siempre estuvieron unidos.

 

Los sueños truncados 

Rossi, como toda adolescente soñaba con un futuro diferente, quería ser arquitecta o contadora, y sabía que podía lograrlo ya que era muy estudiosa y aplicada.

Sin embargo, la vida le reservaba otros caminos. En 1994, cuando tenía 16 años y cursaba el 4to de secundaria, sufrió un grave accidente al caer por las escaleras, que le dañó la columna irreversiblemente. “Recuerdo que subí a la azotea para bajar algunas cosas y al hacerlo, tropecé, caí y sufrí un desmayo. Después cuando desperté, no tuve atención médica rápida, todos pensamos que pasaría, que solo era una fuerte caída, pero luego de 6 meses, dejé de caminar por completo”.

Luego viajó a Lima a la clínica San Juan de Dios, donde le hicieron operaciones y terapias de rehabilitación, pero ya era tarde.

 

La oportunidad 

Con el tiempo, Rossi fue conociendo personas con discapacidad que llevaban vidas normales, lo cual la alentó a terminar sus estudios secundarios en un colegio no escolarizado y hasta se lanzó a estudiar cursos de computación durante el año 2000.

Más adelante, viajó a Lima por 3 años, durante los cuales aprendió a elaborar las tarjetas que hoy son su pasión. De regreso en Huancayo, empezó a buscar trabajo,pero se dio con la amarga sorpresa que nadie quería contratarla por su condición y que tampoco tenía las facilidades para movilizarse si lograba el trabajo. “Siempre encontraba un segundo piso, escaleras, lugares pequeños y sentía que el mundo no estaba adecuado para las personas como nosotros. Hasta en mi propia casa había barreras. Cansada de todo, me encerré y recordé que mientras estaba en tratamiento había aprendido a hacer tarjetas, así que me decidí y empecé a confeccionarlas” dice Rossi.

 

El negocio 

“Elaborar las tarjetas y separadores me daba paz, tranquilidad, quizás por eso mi empresa se llama Urpi, que significa “paloma” en quechua y que representa la paz que yo sentía. Poco a poco fui vendiendo mis creaciones entre amigos y familiares, que me recomendaban con tiendas o librerías” nos comenta.

El siguiente paso fue formalizar su empresa, luego buscó puntos de venta en Huancayo y Lima donde había dejado algunos contactos y ahora distribuye al por mayor y menor y por campañas, especialmente en navidad, trabajando con instituciones como bancos y parroquias. “Este es un trabajo que me gusta y me permite ayudar a otras person a s con discapaci dad, a quienes empleo cuando hay necesidad. Las personas con discapacidad son tan eficaces y responsables como cualquiera y lo demuestran cuando elaboran las tarjetas con tanto ahínco y dedicación”, comenta Rossi.

 

El reconocimiento 

En el 2012, Rossi recibió el premio a la mujer micro empresaria de la Región Junín, organizado y otorgado por la Financiera Crediscotia. “Me sentí muy orgullosa al recibir este premio. Sobre todo porque escogieron a solo 25 mujeres de entre más de 16 mil en todo el país.

El premio le permitió seguir una capacitación en Lima, con todos los gastos pagados por una semana, en la cual, Rossi tuvo la bonita experiencia de convivir con las otras empresarias y aprender también de ellas. “Este premio me dio la oportunidad de conocer otros ejemplos de emprendimientos realizados por mujeres luchadoras y valientes que salen adelante frente a la adversidad que les toque vivir”.

 

Los proyectos 

Rossi está casada y su esposo es su gran apoyo que la ayuda con las tarjetas pero también con la bodega que hace dos años tienen en Huancayo. Ya han pensado en internacionalizar su empresa, poder vender por internet a cualquier parte del m u n d o . “La capac i t a c i ón que tuve en Lima me perm i t i ó aprender a conducir mejor mi empresa y a sacarla adelante. Ahora pienso en internacionalizarme y vender mis trabajos por internet a cualquier parte del mundo”, nos cuenta.

 

Rossi considera que aunque la vida te ponga duras pruebas, el espíritu no debe quebrarse, siempre quedarán salidas, lo importante es no rendirse, y continuar, porque más allá del túnel oscuro por el que algunas personas tienen que pasar, está la luz de la esperanza. “La vida es hermosa y merece ser vivida por más que uno tenga una discapacidad. Hoy tengo un esposo que me hace feliz y juntos estamos construyendo nuestro proyecto familiar, hasta donde quiera llevarnos Dios”, dice una Rossi agradecida, a pesar de todo lo que tuvo que pasar.

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