Liderazgo Consciente

por Andrea Sydow

Es consultora internacional en comunicación para desarrollar el liderazgo en emprendedores. Es coach certificada y facilitadora autorizada para impartir ceremonias y talleres de Perdón Radical en alemán, español, portugués e inglés.

En su curso para Líderes Conscientes logra despertar el emprendedor en ti, mostrando la calidad y fortaleza que desde ya tienes en tus manos y que quizás hayan juntado polvo y estén un poco desordenadas. Durante el curso revelas los recursos, calidades, capacidades y talentos que ya están en tus manos y a tu disposición.

Andrea, que desde febrero de este año colabora con Gan@Más, te hace ver que tu vida y tus emprendimientos son más fáciles y ligeros de lo que crees. Tus emprendimientos no tienen que ser cuesta arriba. ¿Exigen tu concentración, tu enfoque, empeño, compromiso y dedicación al 100%?. Sin embargo, es todo más fácil y sencillo de lo que crees.

El taller para Líderes y Emprendedores Conscientes incrementa tu nivel de energía, ya que operando con una energía más elevada y sintiéndote mejor actúas de forma diferente.

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Tu intención es el motor

12:16 16 Enero, 2018

Por: Andrea Sydow

Porque así lo quise. Su respuesta fue escueta. Se quedó sonriendo como indicándome: – fin del cuento. Me quedé atrapada por su enigma y quise saber más.

¿Pero de qué estoy hablando? De mi fascinación al verse manifestar, en carne y hueso, algo que en mi carrera como coach personal transmití un sinfín de veces a mis clientes. Vamos por partes.

La persona que me respondió tan enigmática a mi pregunta ¿cuál es tu fórmula para el éxito? es una empresaria veterana que participó como expositora en una feria internacional de cosmética que se realiza una vez al año en mi ciudad. Le pregunté cómo le había ido y si valió la pena exponer y me contestó con una sonrisa de oreja a oreja: – Me fue estupendo. Pude captar nuevos clientes. No sé si me contagió más su sonrisa triunfadora o los números que mencionó, la cosa es que le pregunté cómo hacía para tener éxito. Y como respuesta me dejó las enigmáticas palabras que inician esta columna: Porque así lo quise.

Para ilustrar su estrategia me explicó: – Si quiero saber cuál fue mi intención, me fijo en el resultado que creé. Así de simple. Mi intención fue generar buenos ingresos con el servicio que brindo para la industria cosmética y el resultado lo confirma. Antes de tener el éxito que tengo hoy, dejé de lado varios proyectos que no rendían, me agotaban y no me divertían. Al inicio de cada proyecto defino mi intención y alineo todas mis decisiones alrededor de ella. A veces tengo que corregir el rumbo o descartar ideas que no funcionan. Y si aparentemente no produzco los resultados supuestamente deseados, vuelvo a investigar mi intención en profundidad.

Considerando que a lo largo de su camino como emprendedora va creando resultados, puede analizar con una mirada serena y mente abierta aquello que otros consideran fracasos.

Me reveló que hay que estar muy atentos frente a intenciones encubiertas. Por ejemplo, una persona que afirma tener la intención de aprender un nuevo idioma pero que después de dos años de arduos intentos tan solo se lleva jaquecas de las tareas y apenas pronuncia un – Hola ¿qué tal como estás? en el nuevo idioma, debería analizar su intención encubierta. ¿Cómo reconoce que hablar el nuevo idioma no era su intención? Lo ve en el resultado. ¿Y cómo desatar el nudo de las supuestas intenciones que nos traen resultados frustrantes? El nudo se desata al mirar con sinceridad nuestras convicciones. ¿Qué pensamos sobre nuestra capacidad de lograr metas y sobre nuestra habilidad de dominar desafíos? ¿Creemos que somos lo suficientemente hábiles e inteligentes para resolver problemas y sobrellevar obstáculos?

Una de las intenciones encubiertas muy arraigadas en nuestra sociedad es llevar la razón. Para dentro nos decimos – ¿Ves? no sirvo para estas cosas, sabía que no iba a lograr algo tan difícil, nunca lograré concentrarme lo suficiente, el éxito no es para mi, etc. Estas son convicciones erróneas que asumimos en algún momento y vamos por la vida creyendo que son ciertas. Lo más trágico: queremos demostrar que son ciertas. Y creamos resultados que prueban que lo son. En este caso, la intención encubierta de la persona no era aprender el nuevo idioma sino demostrar que su convicción de que será un eterno fracasado es cierta.

Si te animas a descubrir tus intenciones encubiertas y generar intenciones más claras creas resultados que realmente disfrutas. Observa los resultados que creaste en los últimos seis meses y detecta qué intención hay detrás de cada uno de los resultados. Te vas a sorprender de lo potente que es el motor de una intención establecida con claridad.

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