Clases virtuales salvan la vida de una niña con leucemia

18:08 30 Marzo, 2014

“Era como estar en el salón sólo que no físicamente”, dice Verónica Castellar del Campo, una niña que durante más de un año asistió a clase a través de Skype y otras herramientas tecnológicas mientras recibía un tratamiento para salvar su vida.

La familia Castellar del Campo descubrió en las tecnologías de la información y la comunicación un aliado para la recuperación de su hija Verónica, quien a sus diez años fue diagnosticada con leucemia y dejó de asistir a clases en el Colegio Alemán de Cali para recibir tratamiento médico en la Fundación Valle de Lili.

Por más de un año, Verónica estuvo en quimioterapia sin obtener buenos resultados y vivió eventos traumáticos que la tuvieron en cuidados intensivos y le generaron otras secuelas en su salud.

Como lo cuenta su padre, Alejandro Castellar, el caso de Verónica fue “supremamente complejo para la ciencia porque aparte de su diagnóstico de leucemia, ella mostraba alta resistencia al tratamiento de la quimioterapia, el cual estaba proyectado para seis meses y se alargó a un año.

Verónica fue sobre dosificada y la leucemia nunca quiso dar pie atrás. Producto de eso tuvo dos accidentes cerebrovasculares, estuvo en cuidados intensivos dos veces, perdió el movimiento del lado izquierdo del cuerpo y el habla.

Además, como la quimioterapia fue administrada a los diez años, una edad de crecimiento y formación, le produjo una necropsia del fémur izquierdo, razón por la cual Verónica no pudo caminar durante dos años. Como última alternativa se le hizo un trasplante de médula ósea por donación de células madre de cordón umbilical”.

La recuperación después del trasplante medular era muy importante y requería de un aislamiento total que le permitiera a Verónica vivir bajo unas condiciones especiales en su casa. Ante ese escenario, surgió la idea de que la niña estuviera rodeada de sus compañeros de clase el mayor tiempo posible. Fue cuando se consideró la comunicación virtual como la mejor opción para lograrlo.

“El psicólogo del colegio se enfocó más que todo en que ella estuviera en contacto con sus compañeros, que los estuviera viendo, que los pudiera saludar, oír e interactuar con ellos, más allá de la parte escolar”, manifiesta Nubia Yaneth del Campo, madre de Verónica.

Verónica es una niña muy valiente, inteligente y alegre, reconocen todos en el colegio, y no quería desvincularse de lo que sucedía en el exterior, por eso a través de los servicios y herramientas de la nube de Microsoft Verónica salió virtualmente de su casa. Skype y el correo institucional, servicios incluidos en la licencia de Office 365 donada por Microsoft al Colegio Alemán en 2010, la acercaron a sus compañeros y le dieron una rutina nueva.

“Si tú estás en ese estado sólo con tus padres y pasas a estar con toda la comunidad del Colegio Alemán, ten la seguridad de que eso te hará sentir bien y te pondrá en mejores condiciones de salud”, asegura el padre de Verónica.

En un principio los encuentros a través de Skype tenían como objetivo que Verónica estuviera cerca de sus compañeros en el horario escolar. Después, al descubrir la efectividad de los servicios en la nube, se potencializaron los dispositivos existentes para que la niña empezara a asistir a clase como una alumna más: “en las mañanas prendía el computador, me conectaba y ahí ya veía a mis compañeros, me saludaban, me preguntaban cómo estaba y todo”, dice Verónica.

Para realizar las conexiones, inicialmente se dispuso del computador del salón para acceder a Skype, se instaló una cámara para que Verónica interactuara con sus compañeros y se adecuó un micrófono inalámbrico de diadema para que el profesor se pudiera mover por el salón y Verónica lo escuchara.

Al tomar la decisión de que Verónica tomaría las clases virtualmente, el Colegio Alemán, con el aval del rector de la institución, adquirió banda ancha exclusiva para el aula de Verónica con el fin de evitar que la conexión se cayera. También compraron una cámara de mayor calidad con micrófono integrado la cual fue instalada en el techo del salón para que la niña tuviera una vista panorámica del tablero, sus compañeros y el docente en todo momento. Así mismo, se instaló un computador adicional para proyectar la imagen de Verónica a los demás estudiantes.

Así, Verónica asistía a clase de lunes a viernes, desde la 7:20 de la mañana hasta las 2:30 de la tarde, tenía descanso como los demás niños, participaba en clase, recibía tutorías especiales en alemán en horarios extra curriculares y presentaba los exámenes al mismo tiempo que los demás alumnos, sin salir de su hogar ni descuidar su salud.

Por medio del correo institucional, canal permanente de comunicación entre Verónica y sus profesores y compañeros, la alumna recibía los exámenes que debía presentar, los respondía de manera digital y los devolvía por el mismo medio en el momento en el que el profesor indicaba que había terminado el tiempo y todos debían entregar sus pruebas.

Alejandro Castellar, padre de Verónica, aclara que su asistencia a clase “era algo estricto, era el colegio en la casa. Fue algo muy profesional, algo muy serio que le permitió a Verónica estar totalmente vinculada”.

En el salón los demás niños saludaban a Verónica y el profesor dictaba su clase normalmente. Verónica asegura que “era como estar en el salón solo que no físicamente, incluso yo levantaba la mano y participaba”.

La madre de Verónica se refiere a la experiencia virtual de su hija como una ayuda fundamental para su recuperación: “podía estar con sus compañeros, todos pasaban por la cámara, le hacían monerías y eso a ella la animaba. Jamás se quiso desvincular de su colegio. Mientras la institución nos prestó su ayuda, las herramientas que tenían a su disposición y, lo más importante, su cariño y el factor humano vital para que Vero esté hoy así, normal”.

La ayuda tecnológica fue tan efectiva en el proceso de aprendizaje que no fue necesario realizar actividades de nivelación previas a su asistencia presencial al colegio, donde actualmente cursa séptimo grado después de haber terminado exitosamente las clases virtuales del año anterior.

Hoy Verónica tiene trece años y quiere que muchos niños tengan la misma oportunidad que el colegio, la tecnología y sus padres le dieron a ella. No únicamente la posibilidad de estudiar sino la fortuna de tener una vida normal estando físicamente aislada del mundo.

Verónica menciona, “ojalá que esto pueda ayudar a más niños, más personas, porque yo oía a mis compañeros de allá de la clínica y pues se atrasan muchísimo. Había ya un niño como de primero o segundo que no sabía ni siquiera pintar”.

“Ojalá esto se pueda repartir por el mundo porque es fantástico, es una medicina tecnológica y educativa, que salva vidas”, señala Alejandro Castellar, padre de Verónica (Tomado de Dinero.com).

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