Economía

El MEF identifica en la inteligencia artificial un nuevo motor de productividad para el Perú

La adopción de soluciones de IA permitiría mejorar procesos en empresas y servicios públicos y abrir nuevas oportunidades de inversión, exportación e integración en cadenas globales de valor.

Gan@Más

Redacción digital

redaccion@revistaganamas.com.pe

2 septiembre, 2026 / 7:00 am

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una tecnología vinculada exclusivamente al ámbito tecnológico y se está consolidando como una herramienta de propósito general, con capacidad para transformar la productividad, la inversión, los modelos de negocio y la organización del trabajo. Esta es una de las principales conclusiones planteadas por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que identifica en la expansión de la IA una oportunidad relevante para las economías emergentes y, particularmente, para el Perú.

A diferencia de tecnologías desarrolladas para una actividad específica, la IA puede incorporarse de manera transversal en diferentes sectores y procesos productivos. Su capacidad para ejecutar tareas asociadas tradicionalmente con capacidades humanas, como el aprendizaje, el procesamiento del lenguaje, la resolución de problemas y la toma de decisiones, abre espacio para mejorar la eficiencia, acelerar la innovación y sostener el crecimiento económico.

Sin embargo, el MEF advierte que contar con tecnología e infraestructura no garantiza automáticamente beneficios económicos. El impacto dependerá de la capacidad de cada país para transformar la IA en mejoras efectivas de productividad y para incorporarla de manera amplia en sus empresas, entidades públicas y actividades productivas.

 

En ese proceso, existen tres condiciones habilitantes fundamentales: innovación, difusión y adaptación. La primera permite desarrollar y absorber nuevas tecnologías; la segunda facilita que estas sean adoptadas por empresas, sectores productivos y entidades públicas; y la tercera supone reorganizar procesos, reasignar recursos y modificar la oferta de bienes y servicios para aprovechar las nuevas capacidades tecnológicas.

El Índice de Impacto Económico de la IA de Capital Economics muestra precisamente la importancia de estas condiciones. En 2025, Estados Unidos lideró el indicador con 72 puntos, seguido por Singapur con 59 y Reino Unido con 55. Corea del Sur, Israel y China también se ubicaron entre las economías con mayores capacidades para aprovechar la tecnología.

La productividad será uno de los principales canales de impacto

El MEF identifica tres grandes canales mediante los cuales la IA puede transformar la economía: el incremento de la productividad y del crecimiento potencial, la transformación sectorial y laboral, y el impulso de la innovación y la inversión.

El primer canal es particularmente relevante para una economía como la peruana. La IA puede elevar la productividad mediante la automatización de determinadas tareas, una mejor toma de decisiones y la complementación de las capacidades de los trabajadores.

La evidencia internacional citada por el MEF muestra que el impacto puede ser significativo. Estudios experimentales han encontrado reducciones de hasta 37% en el tiempo necesario para desarrollar tareas intensivas en conocimiento, mientras que investigaciones sobre atención al cliente identifican incrementos cercanos al 15% en la productividad de los trabajadores.

En términos macroeconómicos, Capital Economics estima que Estados Unidos podría registrar un impulso adicional de alrededor de 1% anual en su productividad durante varios años. No obstante, el impacto global sería más visible hacia finales de la década de 2020 y comienzos de la década de 2030, conforme la adopción de estas tecnologías se extienda hacia un mayor número de actividades.

Esto plantea una oportunidad para países que, como Perú, no necesariamente necesitan competir en el desarrollo de los modelos de IA más avanzados para obtener beneficios. La posibilidad de acceder a aplicaciones de menor costo, servicios en la nube y herramientas adaptables reduce las barreras de entrada y permite que las economías emergentes concentren sus esfuerzos en adoptar y adaptar tecnologías ya disponibles.

 

Servicios financieros, minería y agricultura entre los sectores con mayor potencial

La adopción de IA no será homogénea entre las distintas actividades económicas. Las industrias intensivas en conocimiento, datos y digitalización presentan mejores condiciones para incorporar rápidamente estas herramientas.

Entre ellas figuran los servicios profesionales, las finanzas, la tecnología, la educación y la salud. En Estados Unidos, por ejemplo, cerca del 45% de las empresas de servicios profesionales utiliza o prevé utilizar IA en el corto plazo, frente a alrededor de 10% en sectores como construcción, hostelería y transporte.

Para el Perú, el potencial de aplicación es amplio. El MEF señala que las empresas podrían utilizar IA para optimizar procesos en minería, agricultura, logística, comercio y servicios financieros.

En minería, por ejemplo, las herramientas de IA pueden contribuir a optimizar procesos y decisiones. En agricultura pueden mejorar la gestión de recursos y procesos productivos; mientras que en logística y comercio pueden ayudar a mejorar la planificación, gestión y eficiencia de las operaciones.

En los servicios financieros, la capacidad de procesar grandes cantidades de información y apoyar la toma de decisiones abre posibilidades para mejorar procesos y elevar la eficiencia. La magnitud de estos beneficios dependerá, sin embargo, de la capacidad de las empresas para rediseñar sus procesos productivos y no limitarse a incorporar herramientas tecnológicas de manera aislada.

 

El Estado también podría aprovechar la inteligencia artificial

Una de las oportunidades identificadas por el MEF trasciende al sector privado. La inteligencia artificial podría convertirse también en una herramienta para mejorar la provisión de servicios públicos y hacer más eficiente la gestión estatal.

Entre las áreas con potencial de aplicación figuran salud, educación, administración tributaria, seguridad, atención al ciudadano y gestión de inversiones.

La incorporación de IA en estos ámbitos permitiría utilizar mejor la información disponible, automatizar determinadas tareas, mejorar procesos de atención y apoyar la toma de decisiones. En el caso de la administración tributaria, por ejemplo, la disponibilidad de grandes volúmenes de datos puede generar oportunidades para fortalecer los procesos de análisis y gestión.

Para que este potencial se materialice, el país deberá avanzar simultáneamente en infraestructura digital y energética, formación de habilidades digitales, acceso a datos y financiamiento para la innovación. También será necesario facilitar que las pequeñas y medianas empresas puedan adoptar estas herramientas, debido a que una brecha tecnológica entre grandes y pequeñas compañías podría limitar la difusión de los beneficios de la IA.

El mercado laboral enfrentará una transformación de tareas

El impacto de la IA sobre el empleo constituye uno de los principales desafíos de su expansión. El análisis del MEF recoge evidencia que apunta más hacia una transformación de las tareas que hacia una eliminación generalizada de puestos de trabajo.

Esto significa que la principal modificación podría producirse dentro de los propios empleos, a medida que determinadas actividades rutinarias sean automatizadas y los trabajadores pasen a concentrarse en tareas que requieran capacidades complementarias.

No obstante, existen ocupaciones y actividades con mayor exposición. Entre ellas figuran los puestos de entrada, determinadas tareas rutinarias de oficina y algunas funciones relacionadas con la programación.

Por ello, la capacitación y la reconversión laboral serán determinantes. El reto no será únicamente incorporar IA en las empresas, sino preparar a los trabajadores para interactuar con estas nuevas herramientas y aprovechar las capacidades que la tecnología puede complementar.

El riesgo es que la velocidad de sustitución de determinadas tareas sea superior a la velocidad con la que se creen nuevas actividades y se produzca la reconversión de los trabajadores. En ese escenario podría registrarse un incremento transitorio del desempleo y de la inactividad. Asimismo, si las ganancias de productividad se concentran principalmente en los propietarios del capital y trabajadores altamente calificados, podrían ampliarse las brechas de ingresos.

 

Una ola de inversión en infraestructura, centros de datos y energía

La expansión de la IA también está generando un importante ciclo de inversión. El desarrollo de esta tecnología depende de un ecosistema compuesto por hardware y semiconductores, infraestructura computacional y laboratorios especializados en modelos de IA.

Este ecosistema incluye centros de datos, servicios en la nube, proveedores de hiperescala, capacidad de cómputo y energía. Por ello, el crecimiento de la IA no solamente genera oportunidades para las empresas tecnológicas, sino también para sectores vinculados a infraestructura, electricidad, construcción y suministro de insumos.

Capital Economics estima que la inversión de las principales empresas tecnológicas podría aumentar alrededor de 80% en 2026 y 45% en 2027. El efecto sobre la economía, sin embargo, dependerá de que estas inversiones se traduzcan en innovaciones comercialmente viables y, posteriormente, se difundan hacia el conjunto de las actividades productivas.

El consumo de energía abre una oportunidad para el cobre peruano

Una de las oportunidades más relevantes para el Perú podría encontrarse fuera del desarrollo directo de aplicaciones de inteligencia artificial. El fuerte incremento de la demanda de electricidad, centros de datos, redes, almacenamiento y sistemas de enfriamiento podría elevar la demanda mundial por minerales industriales y críticos.

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), citada por el MEF, la demanda eléctrica global de los centros de datos creció 17% en 2025, mientras que la correspondiente a centros enfocados en IA aumentó 50%.

El consumo eléctrico de los centros de datos pasaría de 485 TWh en 2025 a 950 TWh en 2030, lo que equivaldría a cerca de 3% de la demanda eléctrica mundial.

Esta expansión requiere importantes cantidades de cobre, aluminio, litio, níquel, cobalto, grafito, tierras raras, plata y estaño. Para las economías emergentes productoras de estos recursos, la expansión de la IA representa, por tanto, una oportunidad adicional para incrementar exportaciones e inversión.

En el caso peruano, el cobre aparece como el principal canal de transmisión de este nuevo ciclo de demanda. El metal es estratégico para la expansión de centros de datos, redes eléctricas, sistemas de enfriamiento y otras infraestructuras vinculadas a la IA.

De acuerdo con el MEF, este escenario podría contribuir a sostener cotizaciones elevadas del cobre y reforzar su impacto positivo sobre la economía peruana. Pero para capturar plenamente este beneficio será necesario destrabar proyectos, cerrar brechas de infraestructura y aumentar la capacidad del país para capturar valor local.

 

Perú puede beneficiarse sin desarrollar los modelos más avanzados

Una de las principales conclusiones del análisis es que la oportunidad para las economías emergentes no necesariamente consiste en competir con Estados Unidos, China u otros países en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial de frontera.

El acceso a servicios en la nube, aplicaciones de menor costo y soluciones adaptables permite que países emergentes puedan concentrarse en la adopción de tecnologías existentes y en su adaptación a las necesidades de sus propias actividades productivas.

Esto reduce las barreras de entrada y abre la posibilidad de obtener ganancias de productividad incluso sin contar con un ecosistema tecnológico comparable al de las principales potencias.

Para Perú, la estrategia podría pasar entonces por acelerar la adopción de IA en sectores donde el país ya posee ventajas competitivas, como minería, agricultura, servicios, comercio y finanzas, mientras desarrolla las condiciones necesarias para que esta tecnología se extienda hacia empresas de menor tamaño.

Infraestructura y capital humano serán determinantes

El aprovechamiento de estas oportunidades dependerá de condiciones que van más allá de la disponibilidad de aplicaciones de IA. El país necesita fortalecer su conectividad digital, asegurar un suministro energético confiable, ampliar las habilidades digitales, facilitar el acceso a datos y desarrollar mecanismos de financiamiento para la innovación.

La formación de capital humano adquiere especial importancia porque la adopción de IA modificará la demanda de habilidades. No se trata únicamente de formar especialistas en inteligencia artificial, sino también de desarrollar capacidades que permitan a trabajadores y empresas utilizar estas herramientas de manera productiva.

Del mismo modo, una regulación adecuada deberá promover el uso responsable de la tecnología y, al mismo tiempo, evitar que barreras regulatorias innecesarias frenen su adopción.

Los riesgos financieros y geopolíticos también aumentan

El avance de la IA no está exento de riesgos. Uno de ellos se encuentra en los mercados financieros. Cerca de dos tercios del crecimiento de las ganancias del S&P 500 desde fines de 2022 se ha concentrado en empresas de semiconductores y proveedores de infraestructura de hiperescala.

Esta concentración aumenta la sensibilidad de los mercados frente a una eventual revisión de las expectativas de rentabilidad asociadas a la IA. Si las expectativas se ajustaran significativamente, podrían producirse correcciones bursátiles, episodios de volatilidad y un endurecimiento de las condiciones financieras.

También existen riesgos vinculados a la infraestructura energética. La demanda eléctrica asociada con la IA podría duplicarse y alcanzar alrededor de 3% del consumo mundial hacia 2030. Este crecimiento puede generar cuellos de botella en generación, redes eléctricas y suministro de componentes tecnológicos, elevando los costos de implementación o retrasando proyectos.

A ello se suman las restricciones comerciales y tecnológicas. Los controles de exportación de semiconductores avanzados, las restricciones de acceso a determinados modelos y las medidas sobre insumos estratégicos pueden limitar la transferencia tecnológica y encarecer el despliegue de soluciones de IA.

La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China también podría profundizar la fragmentación del ecosistema mundial. El MEF advierte que la consolidación de dos ecosistemas tecnológicos diferenciados podría generar inversiones duplicadas, mayores costos de cumplimiento y mayor volatilidad en las cadenas globales de suministro.

Una oportunidad que dependerá de la capacidad de adopción

El análisis del MEF plantea, en suma, que la inteligencia artificial puede convertirse en un nuevo factor de productividad y crecimiento para la economía peruana, pero sus beneficios no serán automáticos.

La principal oportunidad para el Perú está en adoptar y adaptar soluciones de IA para elevar la productividad de sus sectores económicos, mejorar los servicios públicos y fortalecer su inserción en las nuevas cadenas globales de valor. Al mismo tiempo, el país puede beneficiarse indirectamente del crecimiento de la demanda mundial de infraestructura tecnológica mediante sus exportaciones de minerales, especialmente cobre.

El desafío será crear las condiciones para que estos beneficios no queden concentrados en un reducido grupo de empresas o trabajadores altamente calificados. La expansión de la infraestructura digital, la energía, el acceso al financiamiento, la capacitación laboral y la adopción por parte de las pequeñas y medianas empresas serán elementos decisivos.

Así, la IA puede representar para Perú una oportunidad de modernización productiva que trascienda al sector tecnológico. Su impacto podría extenderse desde la minería y la agricultura hasta las finanzas, el comercio, la logística y los servicios públicos, mientras que el auge mundial de los centros de datos puede reforzar la demanda por el cobre peruano.

La ventana de oportunidad, sin embargo, dependerá de la rapidez con la que el país pueda transformar el acceso a la tecnología en productividad efectiva. El reto no será simplemente utilizar inteligencia artificial, sino convertirla en una herramienta para producir más y mejor, innovar, generar nuevas oportunidades y elevar el crecimiento potencial de la economía.

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