Expectativas empresariales mantienen el optimismo, aunque pierden fuerza en el corto plazo
Las empresas reportan una mejora generalizada de su situación actual en agosto, pero moderan sus perspectivas a tres meses ante el incremento esperado de los costos de los insumos.

4 septiembre, 2026 / 8:00 am
La economía peruana mostró en agosto de 2026 una combinación de mayor dinamismo en la actividad empresarial y una creciente cautela frente al comportamiento futuro de los costos. Los resultados de la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) revelan que, mientras los principales indicadores de situación actual mejoraron durante el mes, la mayoría de las expectativas para los próximos tres meses retrocedió, aunque permaneció en el tramo optimista.
El resultado configura un escenario de expansión con vigilancia. Las empresas perciben que las ventas, la producción, los pedidos y la situación general de sus negocios están mejorando, pero al mismo tiempo observan mayores presiones en los precios de los insumos, lo que podría limitar la velocidad con la que algunas compañías decidan ejecutar nuevas inversiones en el corto plazo.
El BCRP señala que en agosto aumentaron todos los indicadores de situación actual considerados en la encuesta. En contraste, la mayoría de los indicadores de expectativas disminuyó, aunque se mantuvo en niveles optimistas. En total, 17 de los 18 indicadores evaluados se ubicaron por encima del umbral de 50 puntos, que separa las percepciones favorables de las desfavorables. La única excepción correspondió a la expectativa de inversión empresarial a tres meses en minería e hidrocarburos, que se situó en 47,6 puntos.
Esta combinación permite observar una economía que mantiene una base sólida de actividad, pero en la que las empresas están tomando decisiones futuras con mayor prudencia.
La economía del presente gana fuerza
Uno de los principales mensajes de la encuesta es el fortalecimiento de la actividad empresarial durante agosto. El indicador de situación del negocio pasó de 57,6 puntos en julio a 59,2 en agosto, mientras que el nivel de ventas avanzó de 59,2 a 62,3 puntos.
El nivel de producción también mostró una mejora, al pasar de 58,7 a 59,9 puntos. A ello se sumó el incremento de las órdenes de compra del mes anterior, que subieron de 56,5 a 59,5 puntos, reflejando un mayor dinamismo comercial.
Uno de los movimientos más relevantes se produjo en la percepción de la demanda respecto de lo esperado. Este indicador pasó de 48,4 puntos en julio a 52,1 en agosto, con lo que volvió a ubicarse por encima del nivel de neutralidad.
El cambio resulta significativo porque muestra que las empresas comenzaron a percibir que la demanda está evolucionando mejor de lo que habían previsto. Una mejora sostenida en esta variable puede favorecer posteriormente una mayor utilización de la capacidad instalada y generar condiciones más favorables para ampliar producción, contratar personal o realizar inversiones.
Otro elemento positivo aparece en la gestión de inventarios. Los días de inventarios no deseados se redujeron de 8,7 a 8,3 días. Aunque la variación es moderada, apunta a una mayor eficiencia en la rotación de existencias y a una menor acumulación de productos que podrían terminar siendo vendidos mediante descuentos o liquidaciones.
Para las empresas, una mejor rotación de inventarios también contribuye a liberar capital de trabajo y mejorar el flujo de caja, especialmente en un contexto en el que los costos operativos comienzan a generar mayores preocupaciones.
Minería mejora con fuerza, pero mantiene cautela sobre nuevas inversiones
El comportamiento sectorial muestra diferencias importantes. Minería e hidrocarburos registra una recuperación particularmente marcada de sus indicadores actuales. Las ventas pasaron de 47,2 puntos en julio a 59,5 en agosto, mientras que la producción avanzó de 44,1 a 60,5 puntos.
El cambio implica que ambos indicadores pasaron de una zona contractiva a una claramente expansiva. A ello se suma un indicador de situación del negocio de 76,2 puntos, el nivel más elevado entre los sectores considerados en la muestra.
Sin embargo, el buen desempeño actual no se traduce automáticamente en una mayor disposición a invertir en el corto plazo. La expectativa de inversión empresarial a tres meses en minería e hidrocarburos cayó hasta 47,6 puntos, ingresando al tramo pesimista.
La diferencia entre ambos indicadores constituye uno de los principales focos de atención de la encuesta. El sector puede estar atravesando un buen momento operativo, pero sus empresas parecen estar evaluando con mayor cuidado el compromiso de nuevos recursos.
El aumento de los costos de los insumos podría ser uno de los factores detrás de esta cautela. En actividades extractivas, donde las decisiones de inversión suelen involucrar importantes montos de capital y horizontes de recuperación prolongados, un cambio en las condiciones de costos puede llevar a postergar determinadas decisiones hasta contar con mayor claridad sobre la rentabilidad futura.
Construcción normaliza su ritmo, pero mantiene un fuerte optimismo hacia adelante
En construcción se observa un comportamiento distinto. La situación del negocio mejoró de 43,3 a 52 puntos, ingresando nuevamente al terreno expansivo. Sin embargo, el nivel de producción disminuyó de 71,4 a 54 puntos.
La lectura de este descenso requiere cierta cautela. El indicador continúa por encima de 50 puntos, por lo que no representa una contracción de la actividad según la metodología de la encuesta. Más bien, refleja una normalización del ritmo después del elevado nivel registrado en julio.
Además, la percepción sobre el futuro del sector es especialmente favorable. Las expectativas sobre la situación del sector construcción a 12 meses aumentaron de 73,3 a 82 puntos, uno de los niveles más elevados observados en el conjunto de indicadores.
Esta perspectiva convierte a la construcción en uno de los principales soportes potenciales de la inversión privada en los próximos meses. Un escenario de mayor actividad en infraestructura, edificación y proyectos privados puede contribuir a sostener la formación bruta de capital fijo y generar efectos sobre empleo, demanda de materiales y servicios vinculados.
Comercio y servicios sostienen el consumo
El comercio aparece como otro de los sectores con mayor fortaleza dentro de la encuesta. Su nivel de ventas alcanzó 67,1 puntos, evidenciando una expansión significativa de la actividad comercial.
Este comportamiento resulta relevante porque se encuentra estrechamente relacionado con la evolución del consumo privado. La expectativa de demanda de productos a 12 meses se ubicó en 71,2 puntos, mostrando que las empresas mantienen una percepción favorable sobre el comportamiento futuro de sus mercados.
La combinación de mayores ventas actuales y expectativas elevadas de demanda futura constituye una señal de confianza en la capacidad de absorción del mercado interno. También puede incentivar decisiones de ampliación de inventarios, contratación, apertura de nuevos puntos de venta y mayores inversiones en canales comerciales y digitales.
La manufactura y otros sectores también permanecen en terreno optimista, contribuyendo a sostener la percepción general favorable del sector privado.
La cautela aparece en el horizonte de tres meses
A diferencia de la percepción sobre la actividad actual, las expectativas empresariales para los próximos tres meses muestran una moderación.
La expectativa sobre la economía pasó de 62,3 puntos en julio a 57,3 en agosto. La correspondiente al sector descendió de 58,6 a 56,5 puntos, mientras que la expectativa de inversión empresarial disminuyó de 59,2 a 56,3 puntos.
Aunque las tres variables retrocedieron, continúan por encima de 50 puntos. Por ello, el resultado debe interpretarse como una moderación del optimismo y no como un cambio hacia una percepción negativa.
La explicación más evidente se encuentra en el comportamiento de los costos. Las expectativas sobre los precios de los insumos para los próximos tres meses aumentaron de 58,6 a 60,9 puntos. Al mismo tiempo, las expectativas sobre los precios de venta subieron de 57 a 58,5 puntos.
La relación entre ambos indicadores resulta particularmente importante. Si las empresas esperan mayores costos de producción, pueden verse obligadas a trasladar una parte de estos incrementos a sus precios finales para preservar sus márgenes.
El riesgo es que el aumento de los costos termine reduciendo el espacio disponible para nuevas inversiones o afectando las decisiones de expansión en aquellos sectores con estructuras de costos más sensibles.
El horizonte de 12 meses sigue mostrando confianza
La moderación de corto plazo contrasta con una perspectiva de mayor optimismo cuando las empresas amplían el horizonte de análisis.
La expectativa sobre la situación de la empresa a 12 meses alcanzó 70,3 puntos. La expectativa de contratación de personal aumentó a 64,9 puntos, mientras que la demanda esperada de productos se mantuvo en un elevado nivel de 71,2 puntos.
Estos resultados sugieren que el sector empresarial no está modificando de manera estructural su percepción favorable sobre el futuro de la economía. Más bien, estaría ajustando la velocidad de determinadas decisiones inmediatas mientras mantiene sus planes de crecimiento en un horizonte más amplio.
La diferencia entre las expectativas de tres y 12 meses es, en ese sentido, uno de los aspectos más importantes de la encuesta de agosto. El empresario peruano parece estar combinando una actitud de prudencia para los próximos meses con una visión todavía positiva respecto del desempeño de sus negocios durante el próximo año.
Construcción lidera el optimismo futuro y minería concentra la principal alerta
El contraste entre sectores refuerza esta lectura. Construcción se posiciona como el principal foco de optimismo hacia adelante, con una expectativa sectorial a 12 meses de 82 puntos y una percepción favorable sobre la economía.
Minería e hidrocarburos, en cambio, presenta la mayor divergencia entre presente y futuro. Su situación actual de negocio alcanza 76,2 puntos, pero su expectativa de inversión a tres meses se ubica en 47,6 puntos y la expectativa de empleo permanece en 50 puntos.
Esta diferencia no necesariamente significa que el sector esté anticipando un deterioro de su actividad. Puede reflejar, más bien, una actitud de espera ante factores que todavía deben definirse, especialmente en materia de costos y condiciones generales para comprometer capital.
Desde una perspectiva macroeconómica, esta señal merece seguimiento debido al peso de la inversión minera sobre la inversión privada y su potencial incidencia sobre el crecimiento futuro.
Costos: el principal riesgo para el dinamismo empresarial
El incremento de las expectativas de precios de los insumos constituye probablemente el principal elemento de cautela identificado en agosto.
El avance hasta 60,9 puntos significa que un número mayor de empresas espera enfrentar mayores costos durante los próximos tres meses. El incremento paralelo de las expectativas de precios de venta, hasta 58,5 puntos, muestra que las compañías están contemplando trasladar parte de esa presión a los consumidores o clientes.
Sin embargo, la capacidad de trasladar costos dependerá de las condiciones competitivas de cada mercado. En sectores donde existe una fuerte competencia, las empresas podrían absorber una mayor parte del incremento, reduciendo sus márgenes. En otros mercados, podrían trasladarlo parcialmente a los precios, con potenciales efectos sobre la demanda.
Por ello, la evolución de los costos será determinante para establecer si la moderación observada en las expectativas de corto plazo es solamente temporal o si termina afectando con mayor intensidad las decisiones de inversión y contratación.
Una expansión que entra en una etapa de vigilancia
En conjunto, los resultados de agosto muestran que la economía peruana mantiene una posición favorable desde la perspectiva empresarial. Todos los indicadores de situación actual mejoraron durante el mes y 17 de los 18 indicadores de la encuesta se ubicaron en el tramo optimista.
El dato más relevante no es, por tanto, la existencia de un deterioro general de la confianza, sino la aparición de una mayor selectividad en las decisiones de corto plazo. Las empresas observan una actividad más dinámica, mejores ventas, mayor producción y una demanda que comienza a superar sus propias previsiones, pero simultáneamente enfrentan expectativas crecientes sobre los costos de los insumos.
El escenario puede describirse como una expansión con cautela. El sector privado conserva una visión positiva de mediano plazo, particularmente en materia de situación empresarial, demanda y contratación de personal, mientras que la construcción destaca como el principal foco de optimismo hacia adelante.
Al mismo tiempo, la señal proveniente de minería e hidrocarburos recuerda que el buen desempeño de la economía actual no garantiza automáticamente una aceleración equivalente de la inversión futura.
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