Mejorando el Entorno de Negocios

por EY (antes Ernst & Young)

EY (antes Ernst & Young) es la firma líder global en servicios de auditoría, consultoría, impuestos, transacciones y finanzas corporativas.

En Perú, Paulo Pantigoso, Country Managing Partner, lidera un equipo multidisciplinario que combina la fortaleza de una firma global, y el conocimiento local, para brindar soluciones a la medida de un mercado diverso y en crecimiento.

EY está comprometida en ayudar a las compañías emprendedoras, tanto en las economías emergentes como en las desarrolladas, alrededor del mundo, lo que permite asegurar que hoy estén trabajando con muchos de los líderes globales del mañana.

En la siguiente columna, EY compartirá el conocimiento y análisis de su equipo sobre distintos temas de interés del mundo empresarial.

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Riesgos y desafios globales 2020

13:40 24 Marzo, 2020

Por: Paulo Pantigoso, Country Managing Partner de EY Perú

Para: EY (antes Ernst & Young)

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) presentó el último Informe Global de Riesgos 2020, en un periodo prácticamente dominado por la agenda medioambiental, los trastornos sociales, la salud y los retos del uso de la tecnología.

Por primera vez en la historia de la Encuesta Global de Riesgos del WEF, las preocupaciones ambientales dominan la escena: mientras que en el 2019 sobresalían 3 y 4 riesgos de naturaleza económica sobre los primeros 5 riesgos medidos por su máxima probabilidad de ocurrencia e impacto, respectivamente, siendo el más alto el riesgo del colapso del precio de los activos; no sobresalía ningún riesgo medioambiental.

Para este 2020 es exactamente lo inverso, siendo que TODOS los 5 riesgos más altos por probabilidad de ocurrencia son medioambientales: a) eventos climáticos extremos, b) fallas en la mitigación y adaptación a los cambios climáticos, c) desastres naturales, d) pérdida de la biodiversidad y e) desastres medioambientales causados por el hombre, mientras que 3 de los 5 riesgos más altos medidos por su potencial impacto también son medioambientales, repitiendo los anteriores b), d) y a), combinados con el riesgo político de la proliferación y uso de armas de destrucción masiva, y por el riesgo social de crisis por el acceso al agua.

El cambio climático resulta cada vez más angustiante y rápido de lo que muchos se esperaban; los últimos cinco años son el quinquenio más cálido ya registrado, los desastres naturales son cada vez más intensos y frecuentes, y en el 2019 se registró un clima extremo en casi todo el mundo. La temperatura global se encamina a aumentar al menos 3°C hacia el 2100: el doble del incremento advertido como límite para evitar los más severos riesgos económicos, tensiones sociales y geopolíticas, y consecuencias ambientales. Así, ha subido el riesgo de la pérdida de la biodiversidad: la actual tasa de extinción es desde decenas a centenas de veces más alta que el promedio en los últimos 10 millones de años, y se está acelerando, y su importancia crítica para la humanidad abarca el potencial colapso de los sistemas de alimentos y de salud y la interrupción entera de cadenas de suministros. De hecho, el denominado “Reloj del Apocalipsis” acaba de ser adelantado, a inicios de este 2020, con 30 segundos más que el 2019, situándose (figurativamente) “a dos minutos del final” (de la humanidad), situación estudiada por científicos por la exacerbación de la amenaza de una conflagración nuclear y de las catástrofes medioambientales, como los recientes incendios masivos en Australia.

Otro riesgo muy votado ha sido el relacionado con mantener la estabilidad económica y la cohesión social. Si antes las bajas barreras comerciales, la prudencia fiscal y la fuerte inversión eran vistos como los fundamentos para alcanzar un crecimiento económico, éstos son hoy puestos en tela de juicio por parte de liderazgos nacionalistas, mientras que los márgenes de aplicación de políticas monetarias contracíclicas y de estímulo fiscal lucen más limitados que los de antes de la crisis financiera de 2008-2009.

En medio de graves episodios sociales de confrontaciones por la economía y de polarización doméstica, regional y mundial, el descontento de los ciudadanos se ha endurecido por los sistemas que no han logrado promover su avance y con la desaprobación de gobiernos y protestas violentas, debilitando las chances de estos gobiernos de tomar medidas que anteriormente hubieran podidooptar, por ejemplo, en casos de recesión. Así, sin economía y estabilidad social, los países podrían carecer de los recursos financieros, margen fiscal, capital político, o apoyo social, necesarios para confrontar riesgos globales.

También prevalece la predicción de una desaceleración gradual del crecimiento global, en los próximos años, donde destaca la reducción del crecimiento de 6.6% del PBI de China en el 2018, a 6.1% para el 2021, además del récord de la deuda global, calculada en torno al 225% del PBI global al cierre de 2019.

Para el Perú, aun cuando se lo postule como el primer país de Latinoamérica en crecimiento esperado de PBI para el 2020, el que se iguale ese crecimiento anual esperado (3.8%) con el promedio esperado, a nivel global, para el agregado de las economías emergentes y en desarrollo de Asia y Europa, resulta insuficiente. Como país emergente, latinoamericano, deberíamos al menos llegar a un 5% anual, sobre todo cuando el primer 2% anual se consume para absorber siquiera a los cerca de 300,000 ciudadanos que anualmente se agregan a nuestra población económicamente activa.

La tecnología también sigue desempeñando un importante desafío, por la denominada fragmentación digital. Se estima que hoy más del 50% de la población mundial está “en línea”, que aproximadamente un millón de personas se conectan “en línea” por primera vez cada día, y que dos tercios de la población mundial tiene un dispositivo móvil. Así, mientras que la tecnología digital está redituando mejoras económicas y beneficios sociales para gran parte de la población mundial, asuntos como el desigual acceso a internet, la ausencia de un marco global aplicable a la gobernanza tecnológica y la ciberseguridad, plantean un riesgo significativo.

Finalmente, el estudio destaca que los sistemas de salud están bajo nuevas presiones por las vulnerabilidades resultantes de los cambios sociales, demográficos y patrones tecnológicos, que amenazan con reducir el bienestar y prosperidad que tales sistemas han logrado en el siglo pasado. Enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, y mentales, crecen, y han reemplazado en magnitud a las enfermedades infecciosas como principal causal de fallecimiento, mientras que el incremento de la longevidad y el manejo de enfermedades crónicas colocan a los sistemas de salud en muchos países bajo estrés, así como el riesgo de pandemias y virus globales. Se vive, pues, una realidad de grandes incertidumbres y desafíos que concitan el entendimiento de la humanidad en su totalidad.

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Artículo publicado para la columna: Mejorando el Entorno de Negocios

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