A Contracorriente

por Eyner Romero

Analista Social y Cultural. Comunicador de la Universidad de Lima, experto en Desarrollo Social, con 20 años de experiencia profesional en empresas y organizaciones, de desarrollo, nacionales e internacionales. Consultor en Comunicación y Desarrollo, con posgrados en Gestión de Programas Sociales, Gestión Pública, Proyectos de Inversión Pública, y Derechos Humanos.

Ha sido docente de 3 Universidades, Director y Conductor de los programas de TV “Paradigmas” y “Política y Sociedad”, y Editor de diversas publicaciones. Es Conferencista, Coach Psicoterapeuta, y Promotor del Desarrollo Humano y Social. Es practicante de Reiki, y ha sido Instructor de Yoga.

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Saber elegir

12:20 8 Septiembre, 2014

Por: Eyner Romero

El Poder de Saber Elegir debe ser uno de los mayores recursos personales para lograr una vida plena y feliz. La capacidad de realizar elecciones sabiamente es uno de los factores más importantes para sentirse dueño del propio destino. Elegir sabiamente implica desarrollar un nivel de conciencia que nos permita vislumbrar, con cierta claridad, los resultados de nuestras elecciones no sólo en el presente; sino, principalmente, en su proyección al futuro.
Elegir Bien fortalece la capacidad de hacernos responsables de nosotros mismos y de nuestros actos. Implica destruir el paradigma nefasto que coloca al hombre como víctima de las circunstancias. Elegir Bien es una capacidad transformadora que tiene un enorme poder para cambiar la vida de uno mismo y la de los demás. Requiere del desarrollo de la Conciencia que se alimenta de información constructiva y de experiencias liberadoras, del conocimiento que acerca a la libertad y que derriba miedos y prejuicios sociales, heredados de la cultura y de la historia. Requiere, en suma, de liberarse de las múltiples taras que se adquieren en los procesos de socialización.

Es lamentable que en nuestro país la realidad actual apunte más bien en sentido contrario: hacia un predominio, casi absoluto, de lo simplón y lo banal que son evidentes en casi todos los campos. La Televisión está repleta de basura con mucho rating, los espectáculos públicos llenan sus salas cuando están caracterizados por la vulgaridad, los medios de comunicación hacen eco de las bajezas de figuras públicas de medio pelo y eso constituye la noticia central en sus publicaciones, bobas series de TV han invadido los hogares peruanos, y el éxito se encuentra garantizado por la ligereza de los cerebros así como de las ropas. La vulgaridad se ha convertido en la norma de vida, la creatividad está seriamente amenazada.

Cada vez se leen menos libros, nuestros escritores hacen mayor uso de recursos fáciles y comerciales, las canciones que más se escuchan son insultos a la inspiración y originalidad, el consumo de productos es cada vez más “light” como lo son la religión y la cultura que predominan.

¿Debiera, entonces, sorprender la capacidad tan disminuida del saber elegir a los gobernantes, que tiene nuestra población peruana en general?

Más que interrogarnos por la escasez –a todo nivel de gobierno- de candidatos probos moralmente, de personas confiables en las cuales tener esperanzas para un mejor futuro, de seres humanos que hayan demostrado con su vida y con sus hechos que son dignos de representarnos; debiéramos, tal vez, cuestionarnos seriamente si no somos nosotros, los peruanos de a pie, los mayores responsables de esta nacional debacle. Preguntarnos si es que las elecciones que hacemos diariamente en nuestras vidas no explican con certeza el estado de cosas al cual hemos llegado. Si es que las elecciones políticas no son más que el reflejo de nuestra propia incapacidad o desidia para elegir constructivamente en otras áreas de nuestra existencia. Si es que la típica ausencia peruana de reflexivas elecciones políticas ha permitido, en todo el país, la proliferación actual de candidatos con alma de delincuentes, de traficantes de esperanzas y sueños, de mercenarios de la politiquería, de aventureros ignorantes en búsqueda de recompensas egoístas.

Esta podría ser una gran oportunidad para reflexionar sobre nuestras diarias elecciones, aquellas que nos caracterizan como ciudadanos, como consumidores, como personas conscientes de la realidad y, principalmente, conscientes de nosotros mismos.

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Artículo publicado para la columna: A Contracorriente

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