A Contracorriente

por Eyner Romero

Analista Social y Cultural. Comunicador de la Universidad de Lima, experto en Desarrollo Social, con 20 años de experiencia profesional en empresas y organizaciones, de desarrollo, nacionales e internacionales. Consultor en Comunicación y Desarrollo, con posgrados en Gestión de Programas Sociales, Gestión Pública, Proyectos de Inversión Pública, y Derechos Humanos.

Ha sido docente de 3 Universidades, Director y Conductor de los programas de TV “Paradigmas” y “Política y Sociedad”, y Editor de diversas publicaciones. Es Conferencista, Coach Psicoterapeuta, y Promotor del Desarrollo Humano y Social. Es practicante de Reiki, y ha sido Instructor de Yoga.

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País colapsado

18:47 3 Septiembre, 2015

Por: Eyner Romero

¿Está nuestro país colapsando? ¿Estamos asistiendo al hundimiento de nuestra nación? ¿Hay alguna perspectiva constructiva y sana para el Perú del futuro? No quiero ser pesimista, pero las evidencias son alarmantes.

De que hemos tocado fondo, estoy seguro. Pero no es de extrañarse. “No hay peor ciego que aquel que no quiere ver” reza un conocido dicho popular. Y es eso lo que hemos estado haciendo todo el tiempo, no querer ver lo insano de nuestras prácticas cotidianas. Desde que tengo uso de razón he sabido que hay que cuidarse de tenderos y comerciantes que roban en el peso de sus productos y en el vuelto que otorgan a sus clientes, de oficinistas que se llevan al bolsillo los útiles brindados para sus trabajos, de ‘maestros’ extorsionadores que ven en sus alumnos potenciales víctimas para sus costumbres rapaces, de curas y pastores manipuladores de un estúpido rebaño que sirve a sus egoístas intereses, de hipócritas feligreses para quienes está perfecto que “se perdone el pecado pero no el escándalo”. En fin, gente de a pié que ha compartido complaciente todos los días la doble moral y la mentira. ¿De qué extrañarse, entonces?

Hoy el ‘sálvese quien pueda’ parece ser la lógica de la vida diaria, bobalicones “combatientes” y “guerreros” de la TV peruana son paradigmas de éxito para una juventud extraviada, ‘empresarios’ de regiones corruptas han hecho sus fortunas como sicarios y ladrones (y aún así son admirados), jueces y fiscales se han convertido en mercaderes de gracias y perdones, y nadie se hace problemas por compartir mesa con sinvergüenzas y caraduras. Los políticos actuales son raquíticos morales y nos quejamos permanentemente de ellos; pero, ¿no hemos elegido nosotros a los gobernantes de los que sentimos hoy vergüenza? ¿No conocíamos, acaso, de sus mañas y de sus oscuras vidas? ¿A quién queremos engañar? A ese nivel vergonzoso ha llegado nuestra flacidez moral.

Y así nos escandalizamos por campañas que promueven la violencia como solución y respuesta ciudadana. El “chapa tu choro” se ha extendido ahora a “chapa tu tombo”, “chapa tu juez” y a otros. Y cuando llegue el momento
del “chapa tu corrupto”, ¿cuántos estarán a salvo? Pocos, de seguro. A lo largo de nuestra historia, esta lacra ha sido siempre un distintivo nacional, manifestándose en lo grande y en lo pequeño. Y aún ahora no ‘somos libres’ de ella.

La furia ciudadana se está expresando en las redes y en las calles. De hecho, el despertar ciudadano en sus múltiples formas es algo que alienta, que alegra, pues salva de la apatía y de la indiferencia. Sin embargo, no debe encontrar una salida violenta que es muy riesgosa, que escapa de control y que puede servir de justificación para venganzas personales y aberraciones innombrables. Es comprensible la indignación ciudadana, pero hay que tener mucho cuidado. Felizmente, el proceso histórico es como un péndulo, que tocando los extremos retorna siempre al centro. Y ésta es siempre una esperanza.

Del otro lado, desde una ciudadanía activa y comprometida con el desarrollo pacífico de la nación, ha llegado el tiempo de cuestionar frontalmente el status quo que nos perjudica a todos, sea de donde sea. Este es el momento exacto para plantear una reforma estructural del Estado y del país en su conjunto, para trabajar comprometidamente en ello. Es tiempo de afrontar los retos constructivamente para el bien de las futuras generaciones. Este es el momento de los cambios, la oportunidad histórica para quien pueda verla. O es eso o es vivir condenados a lapidarnos mutuamente en una escalada destructiva de violencia. Miremos de frente nuestros errores como país y enmendemos nuestras acciones. Sacudámonos primero del lastre moral que como nación hemos arrastrado durante mucho tiempo… ¿Habrá, entonces, alguien que tire la primera piedra?

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Artículo publicado para la columna: A Contracorriente

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MANUAL ALFARO LOPEZ
MANUAL ALFARO LOPEZ
8 Septiembre, 2015 16:28

MI PRONOSTICO QUE DIJE HACE MAS DE DIAZ AÑOS ES QUE OLLANTA HUMALA, ES HIJO PREDILECTO DEL FUJI-MONTESINISMO, NO CREO QUE LA SOLUCIÓN DEL PAIS SEA HAGA POR LA VÍA CIVIL, POR EL CONTRARIO SERA LA INSURGENCIA O UNA GUERRA CIVIL, DARA LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA DE LA GENTE QUE PODERES EN ESPECIAL PODER JUDICIAL, TONO NUESTRO PROBLEMA SE SOLUCIONA SI TENEMOS UN PODER JUDICIAL, COMO LA INSTITUCION MAS SOLIDA SIN ESO NUNCA EXISTIRA NADA.

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