A Contracorriente

por Eyner Romero

Analista Social y Cultural. Comunicador de la Universidad de Lima, experto en Desarrollo Social, con 20 años de experiencia profesional en empresas y organizaciones, de desarrollo, nacionales e internacionales. Consultor en Comunicación y Desarrollo, con posgrados en Gestión de Programas Sociales, Gestión Pública, Proyectos de Inversión Pública, y Derechos Humanos.

Ha sido docente de 3 Universidades, Director y Conductor de los programas de TV “Paradigmas” y “Política y Sociedad”, y Editor de diversas publicaciones. Es Conferencista, Coach Psicoterapeuta, y Promotor del Desarrollo Humano y Social. Es practicante de Reiki, y ha sido Instructor de Yoga.

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El poder está en la gente

12:58 15 Mayo, 2015

Por: Eyner Romero

“Engaging Citizens: A Game Changer for Development”, es el nombre del curso del Banco Mundial que he concluido recientemente; una experiencia académica que me ha dado una visión más amplia de la participación ciudadana. Principalmente, ha enriquecido mi perspectiva social en dos puntos centrales: primero, la certeza de que no hay forma de lograr un desarrollo económico y social justo para todos los sectores sin la participación activa de los ciudadanos. Segundo, que éste es un clamor mundial, una necesidad global ante el fracaso del actual modelo económico, político y social, cuestionado en todo el mundo. Millones de voces son las que hoy gritan en las calles exigiendo reformas profundas y cambios sustanciales que permitan el disfrute de la riqueza y el ejercicio de los derechos para todos.

Lo que me ha gustado más, y sorprendido a la vez, es el hecho de que la promoción de este enfoque de desarrollo -con participación activa ciudadana- provenga del Banco Mundial, acaso una de las entidades más duramente cuestionadas por los sectores progresistas a nivel internacional.

Lo digo con énfasis, en un momento en que en el Perú hay una ausencia deplorable de propuestas políticas inteligentes de derechas y de izquierdas, una política caracterizada por la angurria partidaria, la pobreza intelectual endémica y la orfandad moral. Un escenario político actual que avergüenza, y que ha hecho de lado una tradición histórica de pensamiento, lúcido y brillante, que estuvo encarnado en hombres y mujeres que otrora hicieron de la política una actividad respetable, y que ahora solo es parte de la historia… ¿qué se puede esperar de aventureros sin preparación, de traidores de sus propias conciencias, de pigmeos morales e intelectuales? ¿Qué se puede esperar de la mayor parte de los políticos actuales? Parece que casi nada.

Ante esta ausencia de compromiso de los gobiernos –a todo nivel-, ante la mezquindad o su mediocridad… ¿qué cabe hacer? ¿Llorar como plañideras? ¿Quejarse para luego esconder la cabeza, como hace el avestruz cuando huye de los problemas? No. Este es el tiempo de los ciudadanos organizados, de los colectivos sociales, de las asociaciones de consumidores, de los ciberactivistas, de las redes ciudadanas; es el momento de la acción social colectiva. La estructura política actual es un fracaso en todo el mundo. Urgen nuevos modelos de gobierno: gobiernos que pongan al ciudadano en el centro de su accionar. Tal como sucede con los consumidores que son engreídos por el marketing, es así que deben ser con los ciudadanos sus gobiernos. Tenemos el derecho de exigir a nuestros gobiernos ser el centro de su atención. Los gobiernos se deben a nosotros, los ciudadanos. Un gobierno que no actúe de este modo no sirve para nada, ha perdido toda legitimidad. Todos, sin excepción, pagamos impuestos -directos o indirectos- y somos consumidores de servicios públicos.

La participación, el compromiso, la vigilancia y la protesta ciudadana, tienen el potencial de generar impactos estructurales que modifiquen las condiciones reales de las personas y la relación entre gobernantes y gobernados. La participación ciudadana crea la presión necesaria para los cambios, brinda la información oportuna para la mejora de los servicios públicos, y crea las condiciones para una democracia inclusiva, participativa y transparente. Una ciudadanía activa tiene el poder de definir las políticas públicas, la eficiencia de los servicios públicos, la rendición de cuentas de los gobernantes, la transparencia de los actos de gobierno; y, en general, puede mejorar sustancialmente las condiciones de vida de los pueblos. Ejemplos hay actualmente muchos en el mundo. La participación ciudadana está cambiando de raíz las condiciones de comunidades y países enteros, para bien.

Un ejemplo de ciudadanía activa en el Perú lo constituye el Grupo de Diálogo Ancash. Este es un espacio de encuentro ciudadano abierto y libre, conformado por representantes de organizaciones sociales, empresa privada, Estado, y ciudadanos independientes; quienes en un espíritu de diálogo, equidad y tolerancia promueven cambios estructurales en la sociedad, impulsando una agenda para el desarrollo. Es un espacio ciudadano inclusivo, de intercambio e incubación de ideas para el desarrollo regional, con visión de largo plazo, promotor de la inteligencia colectiva,
regido por principios éticos que se validan en la práctica, y con un enfoque de transformación social y personal. Es un colectivo ciudadano que piensa y actúa, con el pleno poder y derecho que otorga la ciudadanía activa.

Hassane Cisse, Director de Gobernanza e Instituciones Inclusivas del Banco Mundial, define cinco áreas para trabajar en el replanteamiento de la gobernanza (eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que constituye una base de su legitimidad) en nuestros países:

  1. La necesidad de migrar el modelo de gobierno hacia uno más participativo e inclusivo, donde los ciudadanos más allá de elegir a sus representantes cada cierto tiempo, tomen parte efectiva en las decisiones de gobierno.
  2. La necesidad de quebrar el paradigma que sitúa a los ciudadanos en una posición opuesta a los gobiernos, pasando de un enfoque de relación confrontacional a uno colaborativo.
  3. Reconocer lo fundamental que es la participación ciudadana para el éxito de los programas y servicios del gobierno.
  4. La necesidad de reconocer que los modelos de desarrollo de los países ricos no son necesariamente replicables o transferibles a los países en vías de desarrollo. Por ello, es necesario buscar soluciones que funcionen en los contextos locales, en armonía con las instituciones y la cultura local.
  5. La necesidad de implementar procesos de participación ciudadana que sean permanentes, sostenibles y de largo plazo.

El Poder está en la Gente. Soy un convencido de ello. Un ciudadano empoderado transforma su entorno: obliga a las empresas a actuar con corrección, presiona a los gobiernos para cumplir con sus obligaciones y rendir cuentas de ello, se coloca en el centro de atención para recordarle al Estado la razón de su existencia: el servicio a sus ciudadanos. Plantándose firme, hay que recordar que la historia se construye día a día, que tenemos el poder de cambiarla a todo nivel, que tenemos el derecho de vivir en las mejores condiciones siempre y que ese derecho es para todos. Los pueblos son responsables de su futuro. El Poder está en nosotros, está en ti, está en mí, está en ellos. El Poder está en la Gente.

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