A Contracorriente

por Eyner Romero

Analista Social y Cultural. Comunicador de la Universidad de Lima, experto en Desarrollo Social, con 20 años de experiencia profesional en empresas y organizaciones, de desarrollo, nacionales e internacionales. Consultor en Comunicación y Desarrollo, con posgrados en Gestión de Programas Sociales, Gestión Pública, Proyectos de Inversión Pública, y Derechos Humanos.

Ha sido docente de 3 Universidades, Director y Conductor de los programas de TV “Paradigmas” y “Política y Sociedad”, y Editor de diversas publicaciones. Es Conferencista, Coach Psicoterapeuta, y Promotor del Desarrollo Humano y Social. Es practicante de Reiki, y ha sido Instructor de Yoga.

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La rentabilidad como principio

12:18 1 Julio, 2014

Por: Eyner Romero

La rentabilidad es, tal vez, el principio empresarial por excelencia. Las empresas nacen para lucrar y trabajan siempre para ganar más, cada vez que ello sea posible. Esto es natural en una dinámica de mercado. Si analizamos bien la naturaleza humana, todos buscamos el mayor beneficio con el menor esfuerzo. Sería bastante extraño que alguien pusiera un esfuerzo mayor en un trabajo, conociendo la manera de hacerlo más sencillo para el logro de los mismos resultados.
Hasta aquí todo suena lógico y razonable. Sin embargo, la rentabilidad es un principio que no debiera estar restringido al ámbito económico. La rentabilidad vista desde una perspectiva holística o integral debe tener, además de su dimensión económica, una dimensión social, moral y humana.

En su dimensión social, es importante la imagen y el prestigio ante la comunidad, así como el liderazgo comunitario. De esa manera la empresa deviene en un agente de desarrollo y no en un enemigo o vecino incómodo para su comunidad. En su dimensión moral, el empresario tiene el magnífico poder de facilitar recursos para el desarrollo y la felicidad de las personas dentro y fuera de su organización. Y en la dimensión humana y personal, la posibilidad de trascender a su tiempo-espacio está vigente, siempre, para el empresario de elevada calidad humana.

¿Por qué restringir, entonces, la visión del beneficio a lo estrictamente monetario? ¿Y las demás ganancias que devienen de un quehacer empresarial responsable? ¿Y la tranquilidad de conciencia, el respeto y el aprecio ganado con los subordinados, el saber que la vida de uno es valiosa para muchos otros; la trascendencia, en fin? Hay una gran dicha en saber que se ha retribuido a la vida más que aquello que se ha recibido.

El derecho a la prosperidad es de todos: empleadores y empleados, gerentes y trabajadores, públicos y privados, dependientes e independientes, hombres y mujeres de todas las etnias y condiciones sociales. La rentabilidad, entendida holísticamente, es un concepto que puede traer grandes beneficios a todos.

La riqueza no puede edificarse sobre la base de la explotación humana. Ello es aberrante, aun siendo socialmente aceptado. No es natural hacerse rico a costa de la frustración y el sufrimiento de otros. Siempre será inmoral y despreciable ese enfoque de hacer dinero, esa manera legal de robar. Sin embargo, es posible la rentabilidad total, en todas sus dimensiones. Las ganancias están por todos lados. Solo hay que ver con otros ojos…los empresarios tienen grandes oportunidades en sus manos.

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Artículo publicado para la columna: A Contracorriente

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