A Contracorriente

por Eyner Romero

Analista Social y Cultural. Comunicador de la Universidad de Lima, experto en Desarrollo Social, con 20 años de experiencia profesional en empresas y organizaciones, de desarrollo, nacionales e internacionales. Consultor en Comunicación y Desarrollo, con posgrados en Gestión de Programas Sociales, Gestión Pública, Proyectos de Inversión Pública, y Derechos Humanos.

Ha sido docente de 3 Universidades, Director y Conductor de los programas de TV “Paradigmas” y “Política y Sociedad”, y Editor de diversas publicaciones. Es Conferencista, Coach Psicoterapeuta, y Promotor del Desarrollo Humano y Social. Es practicante de Reiki, y ha sido Instructor de Yoga.

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De votos y debates

12:21 11 Octubre, 2014

Por: Eyner Romero

El complejo carácter del voto peruano es un tema de agenda en estos días. Artículos en medios de comunicación, comentarios en redes sociales y demás, abundan por estas fechas. Analistas políticos, periodistas, intelectuales y escritores intentan entender al electorado peruano. Algunos de ellos despotrican del país y de un sector de su gente, tan peruano como cualquier otro. En realidad, el asunto es más complejo. Una mirada superficial es insuficiente para entenderlo.
A pesar de su evasión sostenida a los debates y a la confrontación de ideas y propuestas, a pesar de una gestión que terminó en escándalo y graves signos de corrupción, el candidato de la mudez y la poca transparencia es nuevamente alcalde de la capital de la república.

Algo similar sucede en Ancash. A pesar de la reciente y nefasta experiencia de la gobernante mafia criminal que estuvo en el poder regional, uno de los candidatos que disputará la presidencia de la Región en segunda vuelta es un sujeto turbio que recibió dinero del mafioso asesor presidencial de Fujimori. Con un discurso manipulador y una oferta inviable (el reparto de 500 soles a cada familia de Ancash) ha logrado colocar a uno de sus principales alfiles –alguien que estuvo muy relacionado con el entorno delincuencial del anterior gobernante regional, hoy preso en Piedras Gordas- como Consejero Regional por Huaraz.

La situación en Ancash es preocupante. Las zonas rurales son cada vez más pobres, la agricultura está en proceso de abandono, la desnutrición se ha incrementado, los diversos recursos de los gobiernos locales han hecho y hacen ricos a un grupete de delincuentes (alcaldes y funcionarios, en el sector público; empresarios, por el lado privado). En esta zona todo el mundo sueña con ser constructor y amigo de los alcaldes. Claro, allí se encuentra la marmaja.

¿Qué ha sucedido para llegar a este punto? ¿Es acaso que el lumpen ha hecho carne en todos los estratos sociales? En cierta medida, sí. Pero hay también otros factores.

Si el desprecio hacia la ética pública se manifiesta desde las más altas esferas del poder, ¿qué esperar del ciudadano de a pie? Si son escasos los modelos gubernamentales de indubitable transparencia y principios ¿qué puede sorprender, entonces?

Los discursos económicos son vacíos para el poblador común… ¿interesa el potencial de las inversiones mineras si no hay para comer mañana?

La distribución inequitativa de la riqueza nacional y de las regiones, el abandono del Estado y con ello la desconfianza en el sistema de gobierno, la discriminación manifiesta en todos los ámbitos, los planes de gobierno que se expresan solo en el papel, y la escasez de recursos de subsistencia son realidades del día a día. Ante ello, la lógica de la supervivencia se impondrá siempre: Vengan los 500, lo demás que importa.

A pesar del mal sabor que dejan los resultados electorales, ellos no son causa sino consecuencia. Es mucho más un problema de país. Si no extirpamos la tendencia lumpen que nos contagia a todos, si no promovemos la decencia pública y privada, si continuamos permitiendo que el dinero sea nuestro amo y nuestro dueño, si actuamos egoístamente solo para nuestros propios fines sin importar los medios que utilizamos para llegar a ellos, si olvidamos que el país somos todos y que todos tenemos derecho a vivir con dignidad, el sueño de llegar a ser un país desarrollado será solo un mal chiste.

Dejemos, entonces, de buscar culpables en los otros. Los responsables somos todos. Hagamos el intento de mirar hacia dentro de nosotros mismos. Podría resultar más que un buen ejercicio. Podría significar la posibilidad de desarrollo sostenido para todos, la oportunidad de crecer como un país verdaderamente próspero y sano, sin ninguna vergüenza de sí mismo.

 

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Artículo publicado para la columna: A Contracorriente

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