Con Lentes de Inclusión

por Carolina Trivelli

Carolina Trivelli ha sido ministra de Desarrollo e Inclusión Social y actualmente dirige la gerencia del proyecto de Dinero Electrónico de la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC).

Es economista y Magister en Economía Agraria por The Pennsylvania State University, USA. Se ha especializado en temas de políticas sociales, pobreza rural, finanzas agrarias y rurales.

Se desempaña como Investigadora Principal del Instituto de Estudios Peruanos y de RIMISP (Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural) y ha sido Directora General del Instituto de Estudios Peruanos, presidenta del Consorcio de Desarrollo de la Ecorregión Andina y miembro del Consejo Directivo de la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú.

Asimismo, es miembro del directorio del SEPIA (Seminario Permanente de Investigación Agraria), del Consejo Directivo de CARE Perú e integrante del Comité Técnico Asesor sobre medición de Pobreza del INEI.

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Usemos cada vez menos efectivo

11:57 22 Julio, 2014

Por: Carolina Trivelli

Uno de los objetivos que debemos alcanzar con los procesos de inclusión financiera es reducir el uso de efectivo. En el Perú aun usamos mucho efectivo.
Pero, ¿por qué deberíamos de querer usar menos cash si hasta ahora parece ser funcional y no traer problemas? Pues bien, usar efectivo tiene varios problemas, genera inseguridad, informalidad y es costoso para la economía. Lo que sucede es que estamos acostumbrados a ello y nos sentimos cómodos usando cash. El efectivo funciona, pero podríamos buscar algo mejor.

Riesgos

Cuando usamos efectivo enfrentamos varios riesgos:

Primero, el más común, que nos roben, que pongamos en peligro nuestra seguridad por un robo. ¿Cuántos casos conoce usted de gente que dejó dinero en su casa y este fue robado o tomado prestado sin permiso? Seguro son muchos.

Segundo, enfrentamos el riesgo de gastar de manera desordenada. Cuando uno tiene efectivo en la mano tiende a gastar hasta acabar con lo que se tiene, sin llevar bien las cuentas, ni asignar bien lo que se tiene. Pero a veces también perdemos oportunidades de comprar una buena oferta porque no tenemos dinero en efectivo en el bolsillo – lo dejamos guardado en la casa, por ejemplo.

Un tercer riesgo es que el dinero en efectivo se puede perder, extraviar, romper, malograr por el excesivo uso o por descuidos que nunca faltan.

Un cuarto riesgo, es que al manejar efectivo nos entreguen billetes falsos. Además muchas veces perdemos registro de en qué gastamos, dónde lo gastamos o cuánto gastamos en cada cosa.

Medios alternativos

Por el contrario, cuando usamos medios alternativos de pago, ya sea tarjetas de crédito o débito, transacciones electrónicas o, pronto, dinero electrónico –es decir transacciones desde cuentas habilitadas en nuestros teléfonos móviles- podemos usar nuestro dinero sin recurrir al efectivo.

Estas transacciones son seguras, se registran y nos permiten combinar recursos. Por ejemplo, podemos hacer pagos en tiempo real con nuestra tarjeta de débito o pagar con crédito al usar tarjetas de crédito. Podemos hacer transacciones en el cajero, pagar servicios, transferir a otras personas o a otras cuentas, etc.

En realidad podemos hacer buena parte de los pagos y transacciones desde nuestras cuentas de banco, y pronto, cuando podamos usar nuestros teléfonos móviles para  hacer pagos podremos ampliar significativamente el uso de medios alternativos al cash.

Gracias a los avances en la tecnología y al desarrollo de productos y servicios financieros hoy podríamos movernos, o deberíamos poder movernos, sin cargar efectivo.

El cambio no es automático

Como es obvio el proceso de cambio no es automático. ¿Se acuerda usted de los primeros cajeros automáticos? ¿Se acuerda de RAMON? Nos daba miedo usar el cajero, pánico hacer un pago o transferencia desde allí porque el recibo que salía no tenía sello del banco!

Ahora hacemos muchas transacciones con los cajeros, por internet, por teléfono incluso, pero ha tomado tiempo, hemos tenido que ganar confianza en estos medios, hemos tenido que esperar que más agentes acepten medios de pago distintos al cash.

Hace no tantos años en ninguna bodega se podía pagar con tarjeta de débito o crédito. Hoy nos parece raro que alguien no acepte estos medios de pago.

Sin embargo, muchos peruanos y peruanas hoy todavía no usan estos medios de pago, ni trabajan con el sistema financiero. Solo 21% de adultos en nuestro país tienen una cuenta en una entidad financiera, y la mitad de ellos solo la usa para que su empleador le deposite su sueldo y luego retirarlo íntegro. ¿Por qué se usa tan poco el sistema financiero? Las respuestas son variadas.

Muchos peruanos y peruanas no conocen los servicios y productos que ofrece el sistema financiero, otros que sí los conocen les tienen desconfianza porque han tenido alguna experiencia negativa –les han cobrado comisiones que no les explicaron, no les dieron información completa, no respondieron a sus preguntas de manera diligente, no atendieron su reclamo, etc.- o porque recuerdan historias negativas de bancos con problemas, de estafadores -¿se acuerda de CLAE?- que evitan siquiera que uno se acerque a una entidad financiera a preguntar.

Tareas pendientes

Ante esto hay dos tareas que acometer. Más y mejor información sobre la seguridad y sobre los costos y características de los servicios financieros, y más educación financiera para que los futuros clientes puedan evaluar sobre base sólida si les conviene o no usar servicios financieros.

Algunos otros no usan servicios financieros porque no encuentran servicios adecuados para ellos o porque no tienen oferta de servicios: las entidades quedan lejos, hay mucha cola, la persona en la ventanilla no habla nuestro idioma, los productos de ahorro no pagan mucho interés y cobran comisiones o para los créditos piden muchos papeles, etc. Aquí la tarea es crear más y mejores productos para distintos tipos de clientes y acercar las entidades a nuevos segmentos de clientes, ya sea con agencias, corresponsales o cajeros y pronto a través del teléfono móvil. Mejorar la atención, la información y acercarse más a  los clientes. Mejorar la calidad.

Otros no usan servicios financieros para mantenerse en la informalidad, en efectivo nada se registra, el dinero que pasa de mano en mano no genera boletas ni facturas. Eso limita el cobro de impuestos y reduce la posibilidad de generar un historial económico, y por ende se hace difícil luego acceder a créditos del sistema financiero y se termina recurriendo a créditos informales, generalmente más caros.

Oportunidades para una vida más simple

El sistema financiero ofrece servicios para hacernos la vida más simple, para ayudarnos a manejar mejor nuestro dinero, sea este mucho o poco. Nos ofrece oportunidades de acceder a servicios que nos permiten enfrentar emergencias, invertir, ahorrar, enviar y recibir dinero de forma segura y mantener nuestros recursos custodiados pero a nuestro alcance, nos permite generar un historial que luego puede abrirnos acceso a otros servicios. Esto puede tener algún costo, pero seguramente este será menor que el riesgo de cargar efectivo, de guardarlo en casa o el de recibir billetes falsos.

Ahorrar para la universidad de su hijo bajo el colchón no parece una buena idea, seguro gastará ese dinero antes de que su hijo ingrese, mejor póngalo en una cuenta, de esas de costo cero o en un fondo mutuo de bajo riesgo, así el dinero estará seguro.

Pregunte en varias entidades financieras sobre opciones, vaya de a pocos, primero con un pequeño ahorro para conocer la entidad, las tasas de interés, las comisiones, pregunte todo lo que quiera e interactúe con el sistema sin arriesgarse. Luego comience con una tarjeta de débito y verá que pronto le habrá encontrado utilidad al sistema financiero.

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Artículo publicado para la columna: Con Lentes de Inclusión

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