Con Lentes de Inclusión

por Carolina Trivelli

Carolina Trivelli ha sido ministra de Desarrollo e Inclusión Social y actualmente dirige la gerencia del proyecto de Dinero Electrónico de la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC).

Es economista y Magister en Economía Agraria por The Pennsylvania State University, USA. Se ha especializado en temas de políticas sociales, pobreza rural, finanzas agrarias y rurales.

Se desempaña como Investigadora Principal del Instituto de Estudios Peruanos y de RIMISP (Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural) y ha sido Directora General del Instituto de Estudios Peruanos, presidenta del Consorcio de Desarrollo de la Ecorregión Andina y miembro del Consejo Directivo de la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú.

Asimismo, es miembro del directorio del SEPIA (Seminario Permanente de Investigación Agraria), del Consejo Directivo de CARE Perú e integrante del Comité Técnico Asesor sobre medición de Pobreza del INEI.

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Capacidades financieras, ese es el objetivo

13:08 10 Noviembre, 2014

Por: Carolina Trivelli

En cualquier conversación sobre inclusión financiera terminamos hablando de la importancia y centralidad de los esfuerzos de educación financiera (EF). Es un consenso que la EF es clave para lograr inclusión financiera. Es también muy mal visto cuestionar los esfuerzos de EF que alguien promueva. Sin embargo, la evidencia sobre el impacto positivo de la EF es compleja. Si bien se logran avances en el uso de servicios financieros, luego de procesos oportunos y pertinentes de EF, estos no se alcanzan con cualquier EF.

Para que sea útil, la EF tiene que ser oportuna, es decir, cuando la gente la necesita; tiene que ser pertinente para el grupo y contexto en que se entrega; y, sobre todo, tiene que estar atada a la experiencia concreta de interacción con el sistema financiero y con las decisiones que respecto a él debemos tomar.

Hay varios ejemplos de EF desarrollándose en nuestro país. El desafío es lograr que estos se traduzcan en más y mejores herramientas para que los ciudadanos puedan decidir sobre si usar o no un servicio financiero, o sobre cuándo usarlo.

Por ejemplo, con niños en las escuelas, la EF va desde usar servicios financieros para actividades cotidianas en el colegio, como hacer el presupuesto y la estrategia de financiamiento de las actividades de la promoción, hasta ferias lúdicas donde, a través de diversos juegos, aprenden cómo operan los servicios financieros. Poner temas financieros en la agenda de los niños ayuda, pero hacer útiles estos conocimientos para sus actividades resulta aún mejor.

Del mismo modo, con las madres del programa Juntos se han puesto en práctica muchas iniciativas, la creación de un personaje que da consejos, Isidora la Ahorradora, cursos con materiales especialmente diseñados para ellas, telenovelas, micro programas de radio y mucho más, pero todo atado al hecho de que ellas interactúan con al menos un servicio, el uso de su cuenta de ahorro, donde se les deposita su transferencia. La interacción es clave para la efectividad de la EF. No se logra mucho solo llevando conocimientos, si estos no pueden aplicarse.

Lo que genera inclusión financiera es el desarrollo de capacidades financieras, es decir, capacidades para tomar decisiones. Decisiones que pueden llevarnos a no usar algún servicio financiero, es mas, es ahí en donde es más importante esta capacidad, pues es la que evita situaciones de sobre endeudamiento o el asumir riesgos que no podemos manejar. El producto fi nanciero que debemos usar es aquel que se adapta a nuestras condiciones y necesidades, no al revés, el usuario no debe adaptarse al producto sino el producto al cliente (y a sus necesidades).

Un buen ejemplo de desarrollo de capacidades financieras se encontró durante la evaluación de un programa de ahorro con mujeres rurales. Un programa muy exitoso que permitió, a mujeres rurales, aprender a usar una cuenta de ahorros y usarla en distintas entidades financieras. Luego de varios años de terminado el proyecto, encontramos que casi la mitad había dejado de usar su cuenta de ahorros. Primera reacción, el programa no funcionó o funcionó a medias (¿vaso medio lleno o medio vacío?). Sin embargo, luego de visitar a las señoras que dejaron de usar la cuenta se encontró que las que habían dejado de usarla lo habían hecho por buenas razones, evaluando la utilidad de la cuenta. Conclusión, programa totalmente exitoso, usan la cuenta las que le encuentran utilidad y valor, y deciden dejar el producto las que no le encuentran valor (porque viven muy lejos, porque tienen otros esquemas de ahorro, etc.). Ahí hay capacidades financieras.

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Artículo publicado para la columna: Con Lentes de Inclusión

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