Con lentes de inclusión

Inclusión financiera, tarea urgente

26 Abril, 2014 / 2:53 pm

Hace poco tiempo nadie usaba el término inclusión, menos refiriéndose a finanzas. Hoy, luego de un largo recorrido iniciado con la revolución del microcrédito en los años 80 y el amplio desarrollo de las microfinanzas en los años que siguieron, tenemos nuevos sentidos comunes ya instalados.
El acceso y uso de servicios financieros es relevante para lograr que las personas, las familias y las empresas puedan desarrollarse. Se trata de contar con múltiples servicios financieros al alcance de distintos colectivos de clientes. Ya no se trata solo de crédito, se trata de ahorros, seguros, medios de pago, etc. Se trata de servicios que resuelvan problemas, que permitan enfrentar situaciones adversas, pero que sobre todo permitan aprovechar oportunidades de negocios y de desarrollo.

De eso hablamos hoy, de la inclusión financiera, del proceso en el que los individuos y empresas pueden encontrar, sin importar su nivel socioeconómico, su rubro de negocio, su nivel educativo, un conjunto de productos y servicios que les permita manejar mejor sus decisiones económicas, manejar mejor sus finanzas.

Si bien el Perú es estrella en microfinanzas y en regulación, no es un líder inclusión financiera. De acuerdo a la información del Findex (del Banco Mundial, para el 2011), solo el 21% de los adultos en Perú tenemos una cuenta de ahorros en una entidad financiera (el promedio en la región es 35% y en el mundo 51%). Pero además la mitad de los que tienen una cuenta la tienen porque su empleador se las abrió para pagarles a través de ella y la usan solo para retirar el íntegro de su remuneración una vez que esta está depositada. Es decir, no la usan.

En crédito estamos mejor comparativamente, pero igual lejos de una situación ideal, solo el 13% de los adultos señala tener un crédito. En seguros, ni contar como vamos porque tenemos una de las menores tasas de uso de seguros. En fin, esto demuestra que no basta con un buen entorno –como el peruano- y que nos falta mucho por hacer.

Para avanzar se requiere del concurso y la articulación del esfuerzo del sector público y privado. Hay tarea para el estado y el mercado. Hay que hacer varias cosas a la vez. El sector público peruano ha tomado la decisión de ordenarse y trabajar en una estrategia nacional de inclusión financiera, que permita saber quien en el sector público debe hacer qué, con qué objetivos y para lograr qué resultados. No se trata solo de regular, se trata de lograr esquemas de educación financiera masivos, de lograr un sistema financiero con productos de calidad y pertinentes y sobre todo de generar demanda, por ejemplo, a través de los procesos pagos que hace el sector público. Ya se avanzó un trecho importante logrando que las transferencias de programas sociales se paguen a través de cuentas de ahorro individuales a nombre de los usuarios de los programas, por ejemplo.

El sector privado tiene tarea que hacer también. Mejorar productos, crear nuevos productos, servicios y canales de atención, y sobre todo asegurar calidad en ello. Los intermediarios tienen que hacer lo que saben hacer bien, pero con el objetivo de llegar a  muchos más, a nuevos segmentos con productos de alto valor. Estoy segura que están en eso.

Un microempresario, un ama de casa, un estudiante universitario, requiere productos financieros para distintos fines, hay que asegurar que los tiene a disposición y que usarlos no solo es seguro y eficiente, sino que le es útil, le facilita la vida, le permite mejorar su economía. Ese es el desafío y todos debemos comprometernos con el. Las soluciones y las nuevas tendencias vienen en camino, seguiremos hablando de esto en los números que vienen, que sirva esto de introducción.