Con Lentes de Inclusión

por Carolina Trivelli

Carolina Trivelli ha sido ministra de Desarrollo e Inclusión Social y actualmente dirige la gerencia del proyecto de Dinero Electrónico de la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC).

Es economista y Magister en Economía Agraria por The Pennsylvania State University, USA. Se ha especializado en temas de políticas sociales, pobreza rural, finanzas agrarias y rurales.

Se desempaña como Investigadora Principal del Instituto de Estudios Peruanos y de RIMISP (Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural) y ha sido Directora General del Instituto de Estudios Peruanos, presidenta del Consorcio de Desarrollo de la Ecorregión Andina y miembro del Consejo Directivo de la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú.

Asimismo, es miembro del directorio del SEPIA (Seminario Permanente de Investigación Agraria), del Consejo Directivo de CARE Perú e integrante del Comité Técnico Asesor sobre medición de Pobreza del INEI.

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Cuentas de ahorro e inclusión financiera

11:57 22 Agosto, 2014

Por: Carolina Trivelli

Según el Banco Mundial, apenas el 20.5% de personas adultas en Perú tienen una cuenta de ahorros en una entidad financiera. Eso quiere decir que hay más de 10 millones de peruanos y peruanas que no tienen una cuenta. Usted me dirá que para qué sirve una cuenta de ahorros si  a uno le cobran por todo y se termina perdiendo dinero o por qué hay que tener ahorros, es decir excedentes.  Pues bien, la cuenta sirve y mucho.
Las cuentas de ahorro son la puerta de entrada más simple y segura a procesos de inclusión financiera, en particular en el caso peruano, donde las cuentas de ahorros son además cuentas transaccionales (sirven para hacer pagos varios) y donde la oferta de cuentas de ahorro incluye cuentas que no exigen monto mínimo, que no cobran comisiones por uso, ni tienen cargos de mantenimiento.

A todos nos sirve una cuenta de ahorros, sobre todo si no nos cuesta nada. Al tener una cuenta podemos ordenar nuestros gastos e ingresos, llevar registro; podemos interactuar con la entidad financiera a nuestro ritmo, sin arriesgarnos –como sí sucedería si sacáramos un crédito- y aprender a entender su lenguaje –siempre complejo y con palabras difíciles- pero sobre todo aprender a usar los distintos canales de atención: ir a la ventanilla, usar el cajero automático, un corresponsal o agente en una tienda o aprender a usar la cuenta por internet (y pronto desde nuestro teléfono móvil!). Cuando ya sabemos manejarnos con la entidad financiera y usar bien nuestra cuenta podemos explorar otros servicios: enviar transferencias, pagar servicios directamente, abrir una cuenta de ahorro a plazo fijo, pedir un crédito, etc. Ahí estaremos listos, sabiendo preguntar y evaluando los servicios que nos ofrecen.

La cuenta de ahorros nos ayuda a entrar al sistema financiero, a conocerlo, y nos sirve a todos por igual, a los ricos, a los asalariados, a los independientes y a las personas de bajos recursos.

Les cuento el caso de una amiga. Fidela es una mujer rural, vive en el distrito de Coporaque en Cusco, en una zona de altura. Ella vive en una comunidad campesina y se dedica con su esposo a la agricultura, crianza de animales menores y artesanía. Fidela obtuvo su cuenta gracias al programa Juntos. Tiene una cuenta en el Banco de la Nación y una tarjeta de débito para sacar dinero del cajero automático. La cuenta le ha permitido guardar pequeños montos para hacer inversiones (comprar zapatos para los niños al inicio del año escolar, apoyar con pasajes a su hijo que es atleta para que pueda ir a las competencias, comprar cuyes para ampliar su negocio, etc.). Pero la cuenta también le sirve para tener un “guardadito” para estar prevenida, en caso, alguno de sus niños se enferme y así poder llevarlo a la posta y asegurar lo que necesite.

Fidela ahora sabe trabajar con el banco, sabe leer su voucher y usar el cajero. Su cuenta le ayuda a tener sus ahorritos más seguros, ya no bajo el colchón ni disponible para otros, sabe enviar dinero a su hijo, que estudia en Arequipa, y sus parientes, a quienes pudo prestar dinero, le pagan depositando directo en su cuenta. Hoy, otras entidades financieras, la buscan para ofrecerle cuentas y créditos, y ella sabe evaluar las propuestas para ver si le convienen. Fidela está incluida financieramente.

A Fidela le sirve tener una cuenta, si a ella, que vive lejos de una agencia de banco y en situación de pobreza, la cuenta le ha permitido acceder y usar servicios financieros para mejorar su vida, ¿se imagina lo que una cuenta podría hacer para los miles de peruanos y peruanas, sin cuenta, que viven en mejores condiciones que Fidela? Apoyemos procesos de inclusión financiera que permiten más y mejores herramientas para que nuestra vida sea más sencilla y para que tengamos y aprovechemos más, y mejor, las oportunidades que se nos presentan.

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Artículo publicado para la columna: Con Lentes de Inclusión

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