La paradoja peruana: Crecer sin innovar
Pese a décadas de expansión económica, el Perú aún enfrenta el desafío de convertir conocimiento, ciencia y tecnología en productividad y desarrollo sostenible.
25 junio, 2026 / 7:20 pm
Durante más de dos décadas, el Perú fue considerado una de las economías más dinámicas de América Latina. La estabilidad macroeconómica, la apertura comercial, la inversión privada y el crecimiento de sectores como la minería y la
agroexportación permitieron reducir la pobreza y expandir la economía a un ritmo promedio superior al 5% anual entre 2000 y 2019.
Sin embargo, detrás de ese éxito existe una paradoja que hoy limita nuestro desarrollo: crecimos económicamente, pero no construimos con la misma intensidad las capacidades científicas, tecnológicas e institucionales necesarias para sostener ese crecimiento mediante la innovación.
El Índice Global de Innovación 2025 ubica al Perú en el puesto 80 entre 139 economías. Más preocupante aún es nuestra posición en colaboración entre universidades y empresas, donde ocupamos el puesto 112. Esto revela que el problema no es únicamente generar conocimiento, sino convertirlo en soluciones que mejoren la productividad y la competitividad.
Los economistas Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, reconocidos por sus aportes al estudio de la innovación y el crecimiento económico, coinciden en una idea fundamental: el desarrollo sostenible surge cuando el conocimiento se transforma en nuevas tecnologías, empresas y modelos de negocio capaces de generar valor.
La experiencia peruana muestra que la estabilidad económica es necesaria, pero no suficiente. Gran parte de nuestro crecimiento se apoyó en recursos naturales, inversión y condiciones externas favorables. No desarrollamos con igual fuerza una economía basada en conocimiento, tecnología y sofisticación productiva.
Actualmente, el Perú invierte alrededor del 0,16% de su PBI en investigación y desarrollo, una cifra muy inferior a la de economías que han logrado diversificar su estructura productiva. Esto limita la creación de nuevos productos, servicios y soluciones con mayor valor agregado.
"El Perú invierte alrededor del 0,16% de su PBI en investigación y desarrollo, una cifra muy inferior a la de economías que han logrado diversificar su estructura productiva"
El problema de la desconexión
El país cuenta con investigadores, emprendedores, empresarios y universidades con capacidad para innovar. El desafío es que estos actores aún operan de manera fragmentada. Durante años, las universidades se enfocaron principalmente en la formación profesional y la investigación académica, mientras que muchas empresas
buscaron resolver sus desafíos mediante tecnología importada o proveedores externos, sin incorporar a la academia como aliada estratégica.
El resultado es una débil conexión entre la oferta de conocimiento y la demanda de innovación. El estudio de Concytec sobre transferencia tecnológica confirma esta realidad. Aunque muchas universidades han creado oficinas especializadas, estas
suelen enfrentar limitaciones de presupuesto, personal y capacidades de gestión. Además, los vínculos sostenidos con el sector empresarial siguen siendo escasos y los resultados económicos derivados de la transferencia tecnológica aún son reducidos.
Esto plantea una reflexión importante: una patente o una publicación científica no constituyen innovación por sí mismas. La innovación ocurre cuando el conocimiento se aplica, se adopta y genera impacto económico o social.
Por ello, la universidad moderna debe asumir plenamente su denominada “tercera misión”: transferir conocimiento, impulsar soluciones y contribuir activamente al desarrollo productivo. Ya no basta con enseñar e investigar; también es necesario conectar la ciencia con las necesidades reales de la sociedad y del mercado.
"La universidad moderna debe asumir plenamente su denominada “tercera misión”: transferir conocimiento, impulsar soluciones y contribuir activamente al desarrollo productivo"
Construir puentes para innovar
En este contexto, la innovación abierta aparece como una herramienta clave. Su principio es sencillo: ninguna organización posee internamente todo el conocimiento que necesita para innovar. Las empresas enfrentan desafíos que pueden ser resueltos por investigadores, startups y universidades; mientras que estas instituciones requieren espacios donde validar y escalar sus soluciones.
La innovación abierta permite convertir problemas empresariales en oportunidades de colaboración, acelerando la generación de soluciones con impacto real.
Bajo esta visión, iniciativas como Misión 3 buscan fortalecer la articulación entre universidad, empresa y territorio. La colaboración con cámaras de comercio regionales y redes internacionales de innovación contribuye a identificar desafíos concretos, movilizar capacidades académicas y promover proyectos que respondan a las necesidades productivas del país.
La siguiente etapa del desarrollo peruano exige un cambio de enfoque. La innovación no debe entenderse como una actividad complementaria o exclusiva de grandes corporaciones. Debe convertirse en una decisión estratégica de inversión orientada
a mejorar productividad, competitividad y sostenibilidad.
El Perú ya demostró que puede crecer. El desafío ahora es construir una economía capaz de transformar conocimiento en valor. Para lograrlo necesitamos empresas que inviertan en innovación, universidades que fortalezcan la transferencia tecnológica, emprendedores que conviertan ideas en soluciones y un Estado que facilite la colaboración.
La innovación no es un lujo ni una tendencia. Es uno de los principales motores del desarrollo económico. El futuro del país dependerá de nuestra capacidad para construir puentes entre investigación y mercado, entre universidad y empresa, entre las regiones y las redes globales de conocimiento.
Vea Tambien:
