Las capacitaciones y su deducibilidad en el IR

28 Mayo, 2019 / 10:44 am

De acuerdo a lo previsto en el inciso ll) del artículo 37° de la Ley del Impuesto a la Renta constituyen gastos deducibles aquellos destinados a prestar al personal los servicios educativos, siempre que cumplan con el principio de “generalidad”.

Al respecto, el Decreto Legislativo N.° 1120, dispone que el criterio de “generalidad” establecido en el artículo 37° de la Ley no será aplicable para la deducción de los gastos de capacitación que respondan a una necesidad concreta del empleador de invertir en la capacitación de su personal a efectos que la misma repercuta en la generación de renta gravada y el mantenimiento de la fuente productora.

Por su parte, el inciso k) del artículo 21° del Reglamento de la LIR señala que debe entenderse por sumas destinadas a la capacitación del personal, a aquéllas invertidas por los empleadores con el fin de incrementar las competencias laborales de sus trabajadores, a fin de coadyuvar a la mejora de la productividad de la empresa, incluyendo los cursos de formación profesional o que otorguen un grado académico, como cursos de carrera, postgrados y maestrías.

En ese sentido, se tiene que los gastos de capacitación son deducibles, aun cuando no cumplan con la generalidad, siempre que tengan relación con la actividad desarrollada por el trabajador dentro de la empresa, de manera que dicha capacitación pueda influir en la mejora de la productividad de la misma.

Si por ejemplo se tomara un curso que tiene como objetivo el desarrollo de competencias para el análisis científico de la información generada por la empresa sobre sus clientes, procesos, y la propia industria en la que se desarrolla, aplicando técnicas para un mejor manejo de dicha información que permita una mejor toma de decisiones, puede considerarse que dichas competencias resultan necesarias, por lo que si el colaborador tiene como parte de sus actividades el manejo de la información o se encuentra en contacto directo con esta, el gasto por el curso de capacitación sería plenamente deducible.

Para dichos efectos, se recomienda contar con un documento interno por el que se autorice la inscripción de dicho trabajador en el curso, estableciéndose la necesidad del mismo para los objetivos de la empresa a corto o largo plazo, y tomando en consideración el área en que se desempeña y su vinculación con las competencias que se obtendrán al término de dicho curso. Además, sería bueno mantener una política en Recursos Humanos sobre aprobación de cursos y que éstos se aprueben a su vez en Actas.

Finalmente, cabe mencionar que si el curso fuese desarrollado en línea, siendo el proveedor un no domiciliado, se encontrará sujeto a retención del Impuesto a la Renta por tratarse de un servicio digital, y gravado con el IGV por utilización de servicios en el país.

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Francisco Pantigoso Velloso da Silveira

Profesor de la Universidad del Pacífico

Abogado Tributarista, con más de 35 años de experiencia en el área del planeamiento legal – tributario. MBA por la Universidad del Pacífico; abogado por la PUCP. Maestría en Tributación Internacional en Universidad Santiago de Compostela de España. Diolomados en Buenos Aires, U. Austral en Tributación Internacional.

 

Profesor de la Universidad del Pacífico. Experiencia en el trabajo interdisciplinario con el área contable y financiera de las empresas, con la finalidad de brindar la asesoría fiscal que disminuya el impacto tributario en el desarrollo de las diversas operaciones de las compañías. Es socio en Pantigoso y Asociados, y Director de la Maestría en Tributación de la UPC.

 

La siguiente columna versará sobre temas actuales y controvertidos en materia tributaria, con un sentido crítico y proactivo para evitar contingencias en las empresas,  a través de un adecuado planeamiento fiscal.