144 años del Combate de La Rinconada: Heroísmo olvidado en la historia peruana
Un tributo a los valientes que defendieron Lima en 1881, recordando su lucha y sacrificio en la Rinconada de Ate.
9 enero, 2025 / 5:55 pm
Quien no rememora y conoce la historia, lo que hace finalmente es renegar de sus raíces y dejar de lado los grandes ejemplos de heroicidad, que deberían unirnos más como guías hacia un mejor accionar futuro.
Dejo entonces amigos de lado el análisis cotidiano del derecho tributario, y en mi condición de Director del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico (INEHPA), quiero hacer mención a un combate que se celebra cada 9 de enero, y que prácticamente nadie recuerda o evoca. En efecto, nuestra historia está plagada así (lamentablemente) de sucesos olvidados. Y así como es importante reflexionar sobre el presente, en sus avatares económicos y sociales, es fundamental recordar sucesos heroicos del pasado y que marcaron los puntos de inflexión en nuestra historia.
Y el combate de la Rinconada es uno de ellos. Se desarrolló en lo que hoy es el Molicentro de La Molina y sus alrededores, y este 9 de enero de 2022, se cumplen 144 años de esta notable gesta llena de heroicidad. Seguro muchos pasamos por ahí y no sabemos o rememoramos los hechos ocurridos.
"Y así como es importante reflexionar sobre el presente, en sus avatares económicos y sociales, es fundamental recordar sucesos heroicos del pasado y que marcaron los puntos de inflexión en nuestra historia"
Se cuenta que en la Rinconada de Ate se encontraba desde el 4 de enero de 1881, el coronel peruano Mariano Vargas con una fuerza de alrededor de 340 soldados, compuesta por los hacendados y pobladores de la zona, armados con los viejos rifles Minié (sí, esos de la época de Castilla) y piezas de artillería. Vargas dispuso asimismo su artillería en el cerro Vásquez.
El 9 de enero de 1881, a las 7 y 45 a.m., la división chilena del coronel Orozimbo Barbosa llegó a Pampa Grande (hoy Musa y La Planicie) después de una marcha por la quebrada de Manchay desde Pachacámac (en este último lugar se había instalado el campamento chileno), con una fuerza de más de 2,000 soldados aproximadamente, armados con modernos fusiles Grass de fabricación francesa y con 4 piezas de artillería de campaña).
El propósito era hacer creer a los peruanos que se intentaría flanquearlos por ese lado del dispositivo de defensa de Lima (de este a oeste). Pero como se sabe, finalmente se atacó a Lima por San Juan y Miraflores (los días 13 y 15 de enero de 1881), en forma paralela al mar y bajo el apoyo de la fuerza naval (de sur a norte).
Estas fuerzas chilenas habían salido el día anterior de Pachacamac y llegado a través del angosto camino de la quebrada de Manchay (15 kms. aproximadamente), sin encontrar ningún obstáculo en el mismo, fuera de las fallidas «bombas automáticas» o minas que Piérola había mandado sembrar y recién el día 6 de enero se habían terminado de instalar. Como vemos, los chilenos prácticamente se movilizaban en el Perú sin contratiempos ni interrupciones.
La columna Pachacamac estaba a su vez al mando del coronel temporal Manuel Miranda quien era un hacendado de la zona, compuesta aproximadamente de 160 hombres de infantería cívica; se sumaba a ello un pelotón de algo más de 30 hombres llamado «compañía guerrillera», al mando del mayor temporal Francisco Vargas, y montados los llamados “aguilillos” o caballos de paso; además habían 100 hombres de a pie de la primera brigada de caballería al mando del teniente coronel Gurmecindo Herrada, de los cuales sólo 25 estaban armados y 50 montados, donde parece que sólo 25 al mando del mayor Arguedas entraron en acción. A la retaguardia quedaba la batería del Cerro de Vásquez con piezas de grueso calibre.
Además, se contaba como obra de protección con una línea de defensa tendida a cien metros de la casa hacienda de Melgarejo (hoy la sede central del Banco de Crédito), que cerraba todo el acceso al valle de Ate, pues estaba flanqueada a ambos lados por sólidas prominencias donde se planeaba instalar la artillería.
Vargas empezó la obra el 5 de enero y el 11 debía estar concluida; contó para ello con la dirección del capitán de ingeniería Lucas Pedraza, quien usó a la tropa de la columna Pachacamac, a falta de peones o unidades de ingeniería.
La línea consistía de una zanja de dos metros de ancho por un metro y medio de profundidad, y de un parapeto de sólida piedra de cantería ubicado un metro detrás de la zanja, capaz de cubrir completamente a los soldados. Más o menos seguía una línea recta entre lo que hoy es el cementerio de La Planicie y el parque del cañón de La Rinconada.
El coronel Vargas solicitó al Estado Mayor en varios telegramas artillería, aparatos eléctricos, alambres y peones de construcción, para acelerar los trabajos y robustecer la defensa con piezas de montaña en las elevaciones y de campaña en el llano, tras la línea de defensa, y con una red de minas (más propiamente cargas de demolición, porque explotarían a voluntad); lamentablemente estos pedidos fueron desatendidos o llegaron a destiempo.
La historia cuenta que Vargas tuvo noticia de la venida de la división enemiga a eso de las 5 a.m. (más de 2 horas antes de que se trabase el combate), lo que confirmó por la detonación de algunas «bombas automáticas»; y por más que pidió refuerzos a la Reserva, estas no se movilizaron sino hasta muy tarde. Mientras tanto, los chilenos ganaron sin oposición las alturas de la línea de defensa, flanqueándola por derecha e izquierda (por donde hoy está el cementerio Jardines de la Paz). Iniciaron el ataque con fuego de artillería, y posteriormente la caballería abrió fuego desde las alturas.
La columna Pachacamac resistió por 2 horas hasta que la caballería flanqueó por el cerro de Melgarejo (o Huaquerone) y amenazó con caer por la espalda de la línea peruana, por lo que Vargas, para impedir que su tropa fuera acuchillada sin misericordia, dio la orden de retirada.
Hizo su aparición en esas circunstancias la brigada de caballería del comandante Millán Murga, que participó así en la última media hora del combate. El enemigo se apoderó de la hacienda Melgarejo, del cerro de la hacienda La Molina (debe ser el que hoy divide los distritos de Surco y La Molina) y persiguió a los dispersos del Pachacámac y de los 50 hombres montados de la tercera brigada de caballería, operación en la que tomó varios prisioneros.
Como se recuerda, por el lado chileno, el coronel Barboza despachó a los «Granaderos» a determinar si existían minas frente a las posiciones peruanas; estos pronto volvieron trayendo la noticia de que la vía se encontraba limpia, desplegando entonces Barboza a la compañía del 1.° de Línea «Buin», fijándoles como objetivo tomar por asalto una quebrada entre dos cerros; ordenó emplazar dos piezas de artillería a fin de cubrir a la infantería y a tres compañías del 3.° de Línea tomar los cerros de los flancos de las posiciones que debían atacar los del «Buin», dejando a la demás tropa en reserva.
Las tropas avanzaron contra las posiciones peruanas realizando «fuego en avance», es decir separados en dos líneas, la primera de ellas dispara rodilla en tierra, efectuada la descarga la línea completa se arroja al suelo, avanzando entonces la segunda línea que a unos metros de la primera realiza la misma estrategia.
Rápidamente y con pocas bajas, las tropas chilenas desalojan las trincheras, uniéndose los del «Buin» y del 3.° en el llano; Barboza hace avanzar a sus reservas a los cerros desalojados; es en ese instante cuando aparecen refuerzos de caballería peruanos que se lanzan contra los chilenos a fin de proteger el repliegue de la infantería y darles tiempo de reagruparse; una compañía del 3° abre fuego sobre ellos, pero el comandante de la compañía duda a la hora de atacar a los jinetes peruanos, es entonces que con gran iniciativa el alférez de «Granaderos» Vivanco ordena a sus hombres cargar, pero con gran maestría los jinetes chilenos realizan otra carga causando muchas bajas entre los peruanos que abandonan el combate replegándose con la protección de su artillería.
Los chilenos sufrieron la pérdida de once hombres, un muerto y diez heridos; las bajas peruanas a pesar de no estar del todo comprobadas, pueden fijarse en una veintena, caídos en su mayoría en la carga de Vivanco.
Se cuenta que, en algún punto del combate, el coronel Miranda hizo soltar a sus toros de lidia, únicos en el Perú por entonces, con cuya estampida entraron en pavor los chilenos.
Al avanzar la división enemiga a las haciendas de La Molina y Melgarejo, penetró en el sector de tiro de las piezas de la batería de Vásquez, que inmediatamente rompió fuegos con todo éxito, pues la caballería enemiga volteó bridas. En Melgarejo el enemigo capturó al mayordomo inglés, ingeniero Murphy, quien había trabajado en el tendido de la línea del ferrocarril, por lo que tenía planos de toda la zona y dio datos precisos sobre la ubicación y número de las fuerzas peruanas. Así, hacia la 1 p.m. del 9 de enero de 1881, el enemigo se retiró por la Pampa Grande.
En su parte de combate, Vargas destacó el valor de Miranda, Herrada, Murga, Arguedas, Pedraza y Vivanco, y de todos los jefes y oficiales de la columna Pachacámac.
Hoy 9 de enero recordamos los 144 años de ese triste suceso. No olvidemos esta gesta peruana pues estos héroes merecen nuestro reconocimiento y respetos permanentes. Olvidarlos es matarlos para siempre. Un pequeño tributo (no impositivo) a quienes iniciaron así la defensa de Lima.
Va un minuto de silencio por ellos.
Francisco Pantigoso Velloso da Silveira
Profesor de la Universidad del Pacífico

Abogado Tributarista, con más de 35 años de experiencia en el área del planeamiento legal – tributario. MBA por la Universidad del Pacífico; abogado por la PUCP. Maestría en Tributación Internacional en Universidad Santiago de Compostela de España. Diolomados en Buenos Aires, U. Austral en Tributación Internacional.
Profesor de la Universidad del Pacífico. Experiencia en el trabajo interdisciplinario con el área contable y financiera de las empresas, con la finalidad de brindar la asesoría fiscal que disminuya el impacto tributario en el desarrollo de las diversas operaciones de las compañías. Es socio en Pantigoso y Asociados, y Director de la Maestría en Tributación de la UPC.
La siguiente columna versará sobre temas actuales y controvertidos en materia tributaria, con un sentido crítico y proactivo para evitar contingencias en las empresas, a través de un adecuado planeamiento fiscal.

6 comentarios
Alguien tendrá referencias y una Foto del Coronel MANUEL POMAR GAVIRIA, que estaba a cargo del Batallón número 14 de la reserva en la Batalla de la Rinconada de ate?
Excelente reportaje histórico Francisco.
Nunca enseñan esto en el colegio. Gracias Francisco
Es importante valorar a nuestros compatriotas que dieron muestra de honor y valentía y que nos debe servir de inspiración a todos los peruanos, para construir un país justo.
Viva el Perú!!!
honor y respeto a la memoria de todos los grandes héroes que participaron en esta heroica batalla.
no olvidar a los héroes anónimos