Tributación al Día

por Francisco Pantigoso Velloso da Silveira

Abogado Tributarista, con más de 25 años de experiencia en el área del planeamiento legal – tributario. Profesor de la Universidad del Pacífico. Experiencia en el trabajo interdisciplinario con el área contable y financiera de las empresas, con la finalidad de brindar la asesoría fiscal que disminuya el impacto tributario en el desarrollo de las diversas operaciones de las compañías. La siguiente columna versará sobre temas actuales y controvertidos en materia tributaria, con un sentido crítico y proactivo para evitar contingencias en las empresas,  a través de un adecuado planeamiento fiscal.

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¿Cultura tributaria?

11:17 3 Julio, 2021

Por: Francisco Pantigoso Velloso da Silveira

Tomemos a Juan, como  ejemplo. Él es un adolescente que está rodeado de parientes emprendedores. Lo que poco conoce de lo tributario es lo que observa: que los empresarios de su familia se han acogido al Nuevo –  Rus, y que “carruselean” sus boletas apenas alguno llega al tope de acogimiento de los 8,000 soles.

Por otra parte, escucha voces enfurecidas señalando que para qué se tributa, si la plata no la vemos en hospitales, carreteras, escuelas. Y es verdad, asoma su rostro por el tragaluz de su humilde vivienda, y confirma que desde años su barrio está igual, con una pista polvorienta, una posta sin medicinas, un colegio sin ventanas.

¿Ha recibido alguna educación tributaria por parte del Estado?. En absoluto. Ya no existe, por ejemplo, el curso de cívica, y en otros no se toca del asunto.

Así que Juan crecerá en la ignorancia fiscal, escuchando recetas de cómo no pagar impuestos, o cómo fulano de tal, el pillo del barrio, ha hecho para dejar de pagar tributos, abrazando la informalidad, y creciendo a través de ello. Y va viendo cómo a ese empresario evasor, lo aplauden, lo abrazan, lo quieren emular. Todos quieren ser cómo él.

En Juan, su ignorancia y distorsión tributarias, no existen mucho por su culpa. En ella nació, se desarrolló y con esas ideas se ha rodeado permanentemente, es decir, con una cultura tributaria nula.

Recordemos que la cultura tributaria es una conducta manifestada en el cumplimiento permanente de los deberes tributarios con base en la razón y la afirmación de valores de ética personal, respeto a la ley, responsabilidad ciudadana y solidaridad social.

Desde el punto de vista de la conciencia que proviene del Estado, no es idóneo recaudar sin una clara dirección y desde la perspectiva legal, se hace necesario recaudar los tributos con una aprobación voluntaria de los contribuyentes.

La cultura tributaria nace entonces con la idea de diseñar un sistema tributario para orientar al ciudadano y que lo invite a cumplir sus obligaciones ordenadamente (y que no sienta solamente que se le presiona al cobrar y recaudar). El reto es fortalecer la atención del contribuyente mediante la información (radio, televisión, redes, etc.), servicios y educación.

Esta cultura tributaria es un proceso. Y se inicia con la educación (esa que Juan no recibe del Estado), y continúa con la conciencia tributaria y termina con la misma cultura, es decir con una forma de vida frente al sistema tributario (vida que Juan la tiene distorsionada). Lamentablemente, algunos esfuerzos no tienen el efecto multiplicador  deseado y los ciudadanos siguen eludiendo y/o evadiendo.

Y es que el mayor problema es la percepción de ese retorno de los tributos hacia el contribuyente. Algo que Juan no vislumbra, no lo vive por la situación de olvido de su entorno. Aunado ello, la imagen presente de corrupción en el erario nacional. La decisión que Juan recoge y aplicará, es por el lado de no cumplir, porque “no se sigue viendo dónde va la plata bajo incumplimientos del Estado”.

El pago de los tributos puede realizarse utilizando ya sea la coerción o a través de la razón. La fuerza se dará a través de las leyes y su obligatorio cumplimiento. La razón sólo podrá manifestarse con una cultura tributaria sólida, donde el ciudadano entienda su responsabilidad, lo cual le dará luego la autoridad moral para exigir al Estado que utilice correcta y transparentemente los recursos públicos.

Mientras las leyes sean oscuras, complejas, discriminatorias, violatorias de principios, y sin un sustrato de eficiencia en la inversión de la recaudación  tributaria, Juan –seguramente- seguirá la cultura que ha visto en el barrio, aquella de sus parientes emprendedores, esa del “Pepe el vivo”, del que no se compromete con la sociedad.

Cambiemos la historia, a través de una cultura tributaria diferente, desde todos los espacios: Estado, normas y contribuyente. De una vez por todas.

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Artículo publicado para la columna: Tributación al Día

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Mary
Mary
10 Julio, 2021 09:35

Buen artículo! Cultura Tributaria es lo que hace falta para el desarrollo económico y social de un estado, lamentablemente quienes conducen el país muchas veces no hacen el uso o disposición correcta del erario nacional, y en algunos casos los mismos ciudadanos de a pie (empresarios pequeños) prefieren ayudar de manera directa, dicho de otra manera intentan compensar el buen camino de su negocio con ayudar a los que necesitan.

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