La Semana Santa

Respetemos las tradiciones de la iglesia católica y agradezcamos porque gracias a ella podremos tener unos días para compartir con la familia.

27 Marzo, 2024 / 9:02 pm

A propósito de la Semana Santa, me vienen gratos recuerdos de infancia y adolescencia cuando visitábamos las iglesias, o veíamos la procesión del Viernes Santo o Domingo de Resurrección.

Valgan verdades, siendo una niña, mi principal motivación para estas actividades, sobre todo la del Viernes Santo, era que al terminar de ver pasar la procesión (éramos 4 pequeños que difícilmente podíamos acompañar ninguna imagen, por la cantidad de gente que se congregaba. Por eso, solo nos acomodábamos en un lugarcito estratégico y desde allí esperábamos el paso de la procesión), mis padres nos llevaban, a mis hermanos y a mí, a comer una rica gelatina de pata (sí, de pata, creo que es pata de res) y pastelitos llamados “voladores” a un típico lugar: La Dulcería Castillo, que si bien, cada cierto tiempo cambiaba de locación, nosotros la ubicábamos porque era nuestra tradición familiar.

Crecí en un hogar católico, y como parte del coro de mi parroquia asistía a misa, todos los domingos, por muchos años. Siendo de clase media, no podíamos darnos el lujo de viajar en estos feriados, ni en ninguno, por lo que estos días de Semana Santa nos servían para arreglar nuestros cuartos, hacer limpieza, ver películas religiosas en familia (bellos tiempos en los que todos nos juntábamos alrededor de un solo televisor) y seguir las actividades propias de recogimiento, misas y procesiones.

En aquellos años y durante mucho tiempo, algo que incomodaba a mi familia (abuelos, padres, tíos, etc, que acompañaban las procesiones) era la falta de respeto a las tradiciones de estos días, por parte de los visitantes de fuera, sobre todo de la capital. Digo durante mucho tiempo porque desde hace unos años se prohibió tomar licor en parques y plazas públicas, o dentro de los vehículos estacionados, bajo pena de multa.

"En aquellos años y durante mucho tiempo, algo que incomodaba a mi familia era la falta de respeto a las tradiciones de estos días, por parte de los visitantes de fuera"

En la procesión de Jueves Santo, que era de noche, mientras los lugareños acompañaban al Señor del Huerto, con bandas de músicos muy ceremoniosas, al pasar por la plaza de armas, se topaban con un espectáculo de carros alrededor, con su música a todo volumen y chicos y chicas bebiendo licor.

Claro, como jóvenes, no les importaba la procesión ni las personas que acompañaban con devoción a su Señor, para ellos eran días de relajo, diversión y parranda y aunque la memoria me falle, y no recuerde si alguna vez, yo misma, de joven, integré alguno de estos grupos, o quizás como mecanismo de defensa mi cerebro lo borró de mis recuerdos, para evitarme la vergüenza y arrepentimiento, sí creo que, cuando nos vamos haciendo mayores, tomamos más consciencia del respeto hacia las costumbres y tradiciones de los demás, de cada región, y es ese respeto el que nos hace valorar y apreciar la riqueza cultural de nuestro país.

Mi madre nos enseñó el refrán “a donde fueres haz lo que vieres”, dicho por primera vez en el siglo IV, por Ambrosio de Milán, uno de los padres de la actual iglesia católica, quien pedía a los fieles seguir los mandatos de la iglesia romana en lugar del Arrianismo que era otra vertiente que negaba la divinidad de Jesús. Con el paso del tiempo este refrán fue válido para viajeros y visitantes, para que su adaptación y aceptación en el nuevo lugar fuera más fácil.

No tenemos que ser católicos o devotos, creyentes o religiosos, pero sí respetuosos. En esta Semana Santa, respetemos las tradiciones de la iglesia católica, agradezcamos porque gracias a ella podremos tener unos días para compartir con la familia o para completar los pendientes que faltan.

Si tienes la fortuna de viajar a otro lugar, recuerda el refrán “a donde fueres haz lo que vieres”, y ofrece tu respeto, humildad y consideración a los demás. Namasté!

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Patricia Romero

Gerente General de Comunic@más

Soy profesora, graduada en la Normal de Monterrico (Instituto Pedagógico Nacional-Monterrico) y bachiller en educación por la Unifé.

 

Me acerqué al mundo editorial cuando escribí unidades de Historia para los libros de enseñanza de Historia, para colegios, de la Editorial española SM. También tuve la oportunidad de colaborar con la revista Strategia de Centrum Católica, un año antes de fundar Gan@Más, en el 2011. En agosto del 2012 lanzamos el primer número de la revista Gan@Más y llevamos once años promoviendo el ecosistema de innovación y emprendimiento.

 

En esta columna abordaré diversos temas, del día a día, de la vida cotidiana, anécdotas o experiencias que me toque enfrentar, etc. No soy especialista en temas económicos, o políticos, pero algo sé de emprendimiento, maternidad, matrimonio, yoga y meditación, coach ontológico, pero sobre todo, creo que sé y conozco por lo que la vida y las experiencias me han ido enseñando… y como no se trata de mis “saberes” sino de lo que puedo aportar con ellos, desde esta columna estaré muy honrada de transmitir mis opiniones y también escuchar las que tengan los lectores para darme. Namasté!