“Aulas en jaque: Por qué era urgente limitar los celulares”

La reciente ley que regula el uso de dispositivos móviles en los colegios era urgente para proteger la convivencia, la autoridad docente y la salud mental de los estudiantes.

16 junio, 2025 / 11:35 am

A propósito de la reciente aprobación del Proyecto de Ley 5532 en el Congreso de la República, que regula el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos en los colegios públicos y privados, considero, como docente de formación que soy, que esta es una de las pocas acciones realmente acertadas que ha tomado este Congreso, y la celebro.

Aunque no ejerzo la docencia desde hace muchos años, sigo muy vinculada al ámbito educativo a través de amigas y compañeras de promoción que siguen trabajando día a día en aulas escolares. Y por ellas sé que la situación con los celulares en los colegios se había vuelto insostenible, desde hace un buen tiempo. Lo que empezó como una herramienta con potencial educativo terminó convirtiéndose en un problema de convivencia, disciplina y salud mental, tanto para los estudiantes como para los propios docentes.

"Lo que empezó como una herramienta con potencial educativo terminó convirtiéndose en un problema de convivencia, disciplina y salud mental, tanto para los estudiantes como para los propios docentes"

El celular, en teoría, podía ser un aliado del aprendizaje. Acceder a información, grabar clases, usar aplicaciones educativas… todo eso suena muy bien en el papel. Pero en la práctica, el celular ha sido usado, con demasiada frecuencia, como una herramienta de distracción y, lo que es peor, de vigilancia y acoso.

Muchos maestros ya no podían enseñar con tranquilidad. Cualquier comentario, corrección o incluso error podía ser grabado sin consentimiento y luego subido a redes sociales, fuera de contexto y con consecuencias impredecibles. El aula, que debería ser un espacio de confianza y respeto mutuo, se convirtió en un escenario donde el miedo a ser expuesto públicamente limitaba la libertad y la autoridad del docente.

Pero no solo se trata de los maestros. El ambiente entre los propios estudiantes también se ha visto seriamente afectado. Las llamadas “travesuras” de los alumnos —algunas francamente irrespetuosas— eran grabadas a escondidas mientras la profesora escribía en la pizarra o asistía a otro alumno. Estas conductas, que en el pasado se corregían con una charla o una llamada de atención, ahora terminan en videos virales que refuerzan el comportamiento inadecuado.

Y si hablamos del bullying, el panorama es aún más preocupante. El acoso escolar ya no se limita al espacio físico. Hoy, el celular permite que ese maltrato continúe más allá del aula, en el mundo digital. Golpes, humillaciones, burlas o amenazas, son grabadas y compartidas en redes, muchas veces con el objetivo explícito de dañar la reputación del otro o someterlo públicamente. El ciberacoso se ha vuelto una extensión del bullying tradicional, y los teléfonos celulares lo han hecho más cruel, más anónimo y más difícil de detener.

"El ciberacoso se ha vuelto una extensión del bullying tradicional, y los teléfonos celulares lo han hecho más cruel, más anónimo y más difícil de detener"

Quizás algunos vean esta ley como una medida autoritaria o anticuada. Seguramente habrá quienes argumenten que prohibir no educa, y en parte tienen razón. Prohibir, por sí solo, no resuelve el problema de fondo, que es el uso irresponsable de la tecnología. Pero en este caso, la restricción no es un capricho, sino una medida de emergencia frente a una situación que se nos fue de las manos. No se trata de demonizar la tecnología, sino de reconocer que su uso dentro de las aulas debe ser regulado con criterio pedagógico, no dejado al azar o a la buena fe.

La educación digital no se construye dejando que los alumnos hagan lo que quieran con sus celulares. Se construye con políticas claras, con docentes capacitados, con reglas que protejan, tanto el aprendizaje, como la integridad de quienes habitan la escuela.

Esta ley, si se aplica con sensatez, puede devolverle a la escuela el carácter formativo que nunca debió perder. No impide el uso pedagógico del celular, de hecho, lo permite con autorización, pero sí pone límites necesarios a una libertad que, sin control, ha causado más daño que bien.

Por eso, como docente de formación, pero sobre todo como ciudadana preocupada por el rumbo de nuestra educación, celebro esta iniciativa. No será la solución definitiva, pero es un paso en la dirección correcta.

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Patricia Romero

Gerente General de Comunic@más

Soy profesora, graduada en la Normal de Monterrico (Instituto Pedagógico Nacional-Monterrico) y bachiller en educación por la Unifé.

 

Me acerqué al mundo editorial cuando escribí unidades de Historia para los libros de enseñanza de Historia, para colegios, de la Editorial española SM. También tuve la oportunidad de colaborar con la revista Strategia de Centrum Católica, un año antes de fundar Gan@Más, en el 2011. En agosto del 2012 lanzamos el primer número de la revista Gan@Más y llevamos once años promoviendo el ecosistema de innovación y emprendimiento.

 

En esta columna abordaré diversos temas, del día a día, de la vida cotidiana, anécdotas o experiencias que me toque enfrentar, etc. No soy especialista en temas económicos, o políticos, pero algo sé de emprendimiento, maternidad, matrimonio, yoga y meditación, coach ontológico, pero sobre todo, creo que sé y conozco por lo que la vida y las experiencias me han ido enseñando… y como no se trata de mis “saberes” sino de lo que puedo aportar con ellos, desde esta columna estaré muy honrada de transmitir mis opiniones y también escuchar las que tengan los lectores para darme. Namasté!