Floyd Mayweather: Un boxeador no muy querido, pero ganó más que Ronaldo y Messi

11:44 31 Octubre, 2015

Es un excelente boxeador, pero también un hombre de negocios que está convencido de que no existe buena o mala publicidad sino buenos o malos publicistas.

Hace diecinueve años que debutó como profesional en el ring, y hasta ahora nadie lo ha vencido, nadie le ha podido cerrar la boca. Se retiró en setiembre de este año con 49 peleas, 26 de ellas ganadas por nocaut y las demás por puntos. Floyd Mayweather ama el boxeo, ama lo que hace pero por encima de todo ama lo que gana cuando se pone los guantes, baila en el ring, esquiva los golpes de sus contrincantes y encaja los suyos y deja que el tiempo corra: millones de dólares.

El boxeador, quizá el más abucheado de la historia de este deporte, es el deportista mejor pagado, que hasta la mitad de este año ganó cuatro veces más dinero que Cristiano Ronaldo o Lionel Messi y tanto como Roger Federer, LeBron James, Kevin Durant, Phil Mickelson, Tiger Woods y Kobe Bryant juntos.

¿A qué se debe su éxito? A la velocidad de sus puños, a la agudeza de sus reflejos y a su empresa de ropa The Money Team. Y es que Floyd Mayweather admira a Mike Tyson, a Joe Louis, a Muhammad Ali, pero por encima de todo admira a Warren Buffet, Bill Gates, Mark Cuban. Según Forbes, desde 1996, año en que comenzó su carrera como profesional, hasta mediados del 2014, Mayweather se llenó los bolsillos con 400 millones de dólares, y solo subiendo al ring un promedio de dos veces al año.

Simplemente lo que quiere

Floyd Mayweather, el antipático, corrosivo boxeador, que dice y hace lo que quiere ante las cámaras, entrenó muy duro, siempre mirándose en el espejo, dando saltitos aquí y allá, lanzando golpes al aire, y repitiéndose una y otra vez, aunque rodeado de un puñado de personas, presumiblemente de su entorno: soy el mejor, soy el mejor, nadie me ha vencido, ningún peleador puede vencerme.

Sus palabras exactas antes de su pelea 49 ante Andre Berto fueron estas: «Bebo gaseosas, como pizzas, me voy de parranda con chicas todos los días y nadie aún puede vencerme».

Muhammad Alí también solía hacerlo. Alí, antes Cassius Clay, le decía a la prensa que era el boxeador más bonito, el más rápido y que vencería al campeón mundial de los pesos pesados cuando quisiera. Se lo decía a la prensa y a sí mismo cuando todo estaba arreglado para que peleara contra esa indomable masa de músculos que fue Sony Liston, un campeón de los pesos pesados que recuerdan con nostalgia todos los que aman el deporte. Liston acababa de noquear por segunda vez a otro púgil respetado, Floyd Patterson. Liston metía miedo. Bastaba una mirada suya para que sus oponentes, antes de que tocaran la campana, supieran que habían perdido la puja.

https://www.youtube.com/watch?v=B3H5iWUwiS4

 

Según David Remnick, el editor de la revista New Yorker, Alí se sentía el mejor y debía sentirse así porque, en el fondo, tenía miedo de enfrentar a Liston. Alí vociferaba ante la prensa que haría morder el polvo a Liston: “Escriban esto, escriban esto, venceré a Liston, a ese oso feo”, decía Alí. Más o menos esas eran sus palabras, y más o menos fueron esas palabras las mismas que pronunció cuando tuvo que darse de puños con otros púgiles legendarios: Joe Frazier y George Foreman.

Como Alí, muchos piensan que Floyd Mayweather adoptó la misma estrategia y fue un poco más allá. Alardeando, no solo de su habilidad para encajar golpes y no recibir ninguno (a eso se resume el boxeo, al final: pegar y no dejar que te peguen), sino pavoneándose con los millones que ganaba.
Pero detrás de ese hombre frívolo hay un ser complejo que ha hecho su fortuna con mucha inteligencia, devolviéndole esa pizca de espectacularidad al boxeo y que había perdido desde los tiempos de Mike Tyson.

«El boxeo me va a extrañar cuando me retire, ya verán», dijo una vez. Floyd Mayweather es el mejor boxeador de su categoría porque se cree el mejor.

En uno de sus discursos, esta vez en un hotel de Las Vegas, el Caesars Palace, hizo una confesión: «Yo me siento el mejor boxeador del mundo porque así debe ser. Si no sientes lo mismo, entonces estás en el deporte equivocado».

Millones

La forma en que se expresa Mayweather dice mucho de lo que tiene en mente. No es el típico boxeador matón que mira directo a la cámara y amenaza con desfigurarle el rostro a su rival sino un hombre de negocios que sabe de qué va la cosa. Él no amenaza, él negocia. Cuando de muchacho, confiesa, le dijeron que podía hacer millones de dólares en el boxeo si era el mejor, se metió de lleno a lo suyo. Floyd Mayweather se desplaza por el mundo en su jet privado, tiene su propio gimnasio para entrenar (el TMT Boxing Club), unos mastodontes son sus guardaespaldas, las chicas bonitas lo siguen y los famosos de Hollywood se toman selfies con él o hasta lo acompañan desde los camerinos al ring, como lo hizo alguna vez el muy popular y discutiblemente talentoso Justin Bieber.

A las personas no les gusta Floyd Mayweather. No les gusta su actitud, su comportamiento, su soberbia. Cada vez que él ganaba, se oían los abucheos y pocos aplausos. «Así es el boxeo, algunos te quieren, otros te odian. Pero no me importa, yo me amo a mí mismo», dijo en una ocasión Mayweather.

Quizá la decisión más importante en la vida financiera de Mayweather es haber abandonado Top Rank para manejar su carrera él mismo, carrera que ligó a la cultura hip-hop: autos de lujo, joyas, bebidas carísimas (pero él no bebe alcohol), salidas nocturnas, modelos.

La carrera de Floyd Mayweather es también obra de un tal Al Haymon, que le aconseja y le ayuda a conseguir los mejores contratos posibles, sea con HBO, sea con Showtime, y es lógico: si te van a reventar la cara y humillar en televisión pay-per-view, al menos que lo hagan por un montón de dinero. Por su pelea contra Manny Pacquiao, Floyd Mayweather se llevó a casa no menos de cien millones de dólares.

Emprendimiento

Todo es emprendimiento. Escribir una novela es una empresa, un emprendimiento. Trabajar para ser el mejor boxeador del mundo es también una empresa, un anhelo. Pero Floyd Mayweather fue un poco más ambicioso. Él no solo quiere ser una leyenda del boxeo sino una leyenda del deporte pero millonaria. Se hace llamar Money Mayweather y su marca y tienda de ropa, The Money Team.

Su tienda tiene distribuidores por ocho de los cincuenta estados de EE.UU. y también en los Emiratos Árabes Unidos, Canadá, Australia y México. Venden desde gorritos y medias hasta ropa para entrenar. Todos los que rodean a Mayweather, sus guardaespaldas, sus hijos, sus amantes, absolutamente todos, cuando salen y se pavonean por las calles, cuando asisten a un estudio de televisión, llevan siempre la marca The Team Money en alguna prenda.

Ese es el futuro que quiere Mayweather para él, el de un hombre de negocios. Una vez, en un programa de televisión, a uno de los hijos del boxeador le preguntaron qué extrañará su padre del deporte cuando se retire. «Nada», respondió el chico, sonriendo, sabiendo que la persona que aparece ante las cámaras no es su padre sino alguien que actúa, alguien que constantemente se reinventa porque quiere seguir vendiendo, alguien que entiende que la publicidad y la mercadotecnia es un trabajo de veinticuatro horas y que no existe buena o mala publicidad sino buenos o malos publicistas, y que hacer dinero es a veces una cuestión de actitud.

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