Deborah Perry: “Desbloqueando los secretos de Silicon Valley”

10:08 30 Octubre, 2018

Silicon Valley es un ecosistema completamente diferente y único, a decir de Deborah Perry, una ejecutiva que trabajaba en Washington para el Congreso y la Casa Blanca y también para CNN durante 10 años y se tuvo que mudar a Silicon Valley, porque su esposo consiguió trabajo allí, sin saber lo que era, sin haber escuchado nada sobre capital de riesgo, capital semilla, etc.

Deborah participó hace algunas semanas en el Reinvention Guayaquil y Quito, en Ecuador, con su conferencia “The Secrets to Innovative Success”. A continuación publicamos un resumen de su exposición “Desbloqueando los secretos de Silicon Valle”, realizada en una reciente Conferencia de innovación InnoTown. Es líder de pensamiento en innovación, autora best-seller en el NY Times, comentarista y conferencista a nivel mundial. Tiene su propia compañía “Alley to Valley” donde ayuda a miles de mujeres empoderarlas a través de sus negocios.

Silicon Valley es una mentalidad no un lugar geográfico

Las tres cosas que más impactaron a Deborah, al llegar a Silicon Valley fueron: que no habían grandes edificios, donde las empresas pugnaran por estar en los últimos pisos como señal de poder, como sí pasaba en Washington. Allí los edificios apenas tienen entre dos y tres pisos por lo que siempre les dicen a los emprendedores, en son de broma, que si fallan y quieren lanzarse del último piso, apenas se torcerán el pie y empezarán de nuevo al día siguiente.

Lo segundo fue ver a muchas mujeres conduciendo autos elegantes (Porsche, Ferrari, Tesla) y lo tercero, y más importante, para ella, fue que todos sonríen y se hablan el uno al otro. Deborah recuerda que estando en la fila del banco o de Starbucks las personas le saludaban, le hacían conversación, le preguntaban por su historia o qué podían hacer por ella. Fue así y gracias a esas personas que se ofrecieron a ayudarla, que logró reuniones con grandes firmas y en seis semanas pudo juntar 250 mil dólares de capital semilla para fundar su primera compañía, que llegó a valer cerca de 5 millones de dólares. Eso nunca hubiera pasado en Washington DC, se decía Deborah.

Tuvo que pasar varios años para que Deborah entendiera qué hace que Silicon Valley sea Silicon Valley, lo cual la llevó a escribir un libro sobre este ecosistema, visto desde el lado humano que es lo que hace la diferencia para que este modelo se pueda replicar en otros sitios o no.

Stanford

Para Deborah, escribir su libro la hizo remontarse a la fundación de la universidad Stanford, ya que su fundador sembró una cultura basada en la igualdad de género, mucho espacio libre, donde la ciencia va a la vanguardia, y unida a la tecnología, son el futuro y a manera de coworking, científicos, ingenieros y matemáticos, comparten tecnología. Otra característica del fundador de Stanford fue que siempre dejó que sus profesores vayan fuera de la universidad a trabajar con firmas o empresas y así obtener otros conocimientos.

Más de 6 mil compañías se han generado en Silicon Valley, gracias a Stanford, porque no solo valen las ideas sino también la ejecución y colaboración. Si eres un emprendedor tienes que ir a Silicon Valley, recomienda Deborah, porque ahí se puede encontrar el mejor camino al éxito. Aunque ahora hay más formas de juntar un capital inicial, en Silicon Valley hay muchas personas dispuestas a ayudar y si en seis meses no lo consigues no les tienes que pagar nada.

Otra de las cosas positivas en este ecosistema es que las personas son como tus animadores que buscan que tengas la mejor red de seguridad para que no estés en una posición de fallar, sin embargo, reconocer que fallaste es loable en Silicon Valley porque se comprende que si fallas aprendes y eres más inteligente que antes. Entonces, desde esa perspectiva, “me gusta tu idea, déjame ver qué puedo hacer por ti” es mejor a “no”, o “esa es una idea estúpida”, o “eso ya se ha intentado antes” o “si fuera una gran idea alguien ya la hubiera hecho”, etc. Las personas de Silicon Valley nunca dan por sentado que lo saben todo, siempre hay una mejor manera y reconocen que todo es posible, entonces te das cuenta que puedes empujar tu idea aún más lejos, que ninguna idea es estúpida y todas tienen potencial. Cuando sientes eso, eres libre, no estás esposado a reglas o maneras de hacer algo. Eso es el ecosistema, explica Deborah.

Líderes

Mientras que afuera un dueño de empresa piensa que tiene que tener el mayor edificio o más carros, o la mejor oficina, en Silicon Valley cada uno de los trabajadores de una compañía es responsable del éxito o fracaso de esta, todos tienen igualdad y se identifican con su empresa.

El secreto de los grandes innovadores es que ellos no piensan en sí como grandes CEOs. No están alejados en una gran oficina, están en el medio de sus trabajadores. Creen en el valor a plazo largo y no en la inmediata ganancia. Siempre están pensando “Y si…”, lo que significa que ninguna idea es mala, nada se desecha, si tienes una idea hay que intentar trabajarla, fundarla y de repente no será para una semana sino en 18 meses pero los CEOs animan a sus empleados a que hagan lo mejor que puedan hacer.

Cultura

En Google cuando contratan personal les hacen saber que podrán cambiar el rumbo de la empresa, parece una familia, todos se cuidan el uno al otro, nadie busca su beneficio personal, todos quieren que la compañía sea exitosa. Es la cultura de “no es lo que hacen sino cómo lo hacen”, lo que significa que el 75% del tiempo todos nadan en la misma línea y trabajan juntos en sus diferentes áreas, pero el 25% restante las personas pueden seguir sus propias pasiones, cualquier cosa que beneficie a la compañía, ya sea internamente o externamente, por ejemplo, algunos trabajadores, de Google, se fueron a construir escuelas en África. Es una cultura que opera como un círculo, si alguien tiene una idea los demás creen en ella y lo ayudan.

Antes lo más importante era el producto, ahora es el talento el que construye el producto y hay que cuidarlo.

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