Entrevistas

Banco Mundial: “El Perú debe volver a crecer con empleo de calidad para reducir la pobreza”

Eliana Rubiano y Antonio Cusato advierten que el país enfrenta el riesgo de una trayectoria de bajo crecimiento, alta informalidad y menor capacidad para retomar el ritmo de reducción de pobreza de años anteriores.

Gan@Más

Redacción digital

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24 marzo, 2026 / 12:25 pm

Eliana Rubiano y Antonio Cusato.

En el marco de la presentación de la edición 2026 del informe La mujer, la empresa y el derecho, el Banco Mundial no solo puso el foco en las barreras legales que aún limitan las oportunidades económicas de las mujeres, sino también en los desafíos estructurales que enfrentan economías como la peruana. En entrevista con Gan@Más, Eliana Rubiano, economista sénior, y Antonio Cusato, economista de país del Banco Mundial, advierten que el Perú corre el riesgo de quedar atrapado en una senda de bajo crecimiento, alta informalidad y escasa generación de empleo de calidad, lo que podría frenar la reducción sostenible de la pobreza. Ambos especialistas coinciden en que la prioridad para los próximos años debe ser destrabar la inversión, elevar la productividad y convertir el crecimiento en mejores oportunidades laborales, especialmente para los hogares más vulnerables.

Perú ha sido uno de los países que más redujo pobreza en décadas pasadas, pero hoy enfrenta un crecimiento bajo y alta incertidumbre. ¿Corre el riesgo de quedar atrapado en la trampa del ingreso mediano?

Sí, existe ese riesgo. Una reducción sostenida de la pobreza requiere no solo estabilidad económica e institucional, sino también crecimiento que se traduzca en empleos de mejor calidad y mayores ingresos laborales, especialmente para los hogares más vulnerables.

En el Perú, la pobreza pasó de 29% en 2023 a 27,6% en 2024, pero sigue claramente por encima del nivel prepandemia de 20,2%. A ello se suma una informalidad persistentemente alta: afecta al 71% de los trabajadores y alcanza al 97,6% de los hogares en pobreza extrema.

Desde esta perspectiva, el principal riesgo no es una etiqueta, sino que el país entre en una trayectoria de bajo crecimiento y escasa generación de empleo de calidad, insuficiente para retomar el ritmo de reducción de pobreza del pasado. Por ello, la prioridad es destrabar la inversión, elevar la productividad y asegurar que el crecimiento se traduzca en más y mejores oportunidades laborales para los hogares vulnerables.

"El principal riesgo no es una etiqueta, sino que el país entre en una trayectoria de bajo crecimiento y escasa generación de empleo de calidad"

¿Cuáles son, a su juicio, los principales cuellos de botella que están frenando el crecimiento potencial del Perú: productividad, infraestructura, institucionalidad o capital humano?

Todos los aspectos mencionados presentan cuellos de botella que limitan el crecimiento del país. Desde 2013, la productividad ha estado estancada. Los mecanismos que incrementan la carga impositiva para empresas de mayor tamaño han limitado su crecimiento formal, mientras que regulaciones engorrosas y costos laborales impiden el traspaso de trabajadores a las empresas más productivas.
El deterioro de la institucionalidad es uno de los aspectos más llamativos. En los últimos cinco años, la estabilidad macro fiscal se ha visto comprometida por el deficiente manejo de empresas estatales como Petroperú y por la creciente injerencia del Congreso en la política fiscal, con medidas que reducen ingresos del Estado e imponen costos muy elevados, afectando el potencial de crecimiento.
Cabe notar que el deterioro institucional comenzó hace al menos quince años. El relajamiento de normas permitió muchos proyectos de inversión pública, pero los recursos no crecieron igual; por eso, el 45% de los proyectos iniciados desde 2012 quedaron abandonados.

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Si tuvieran que resumir en una sola prioridad lo que los países en desarrollo deberían hacer en los próximos cinco años, ¿cuál sería?

La creación de mejores empleos. En países como el Perú, es la vía más efectiva y sostenible para reducir la pobreza. No es casualidad que, entre 2004 y 2019, los ingresos laborales explicaran cerca del 80% de la reducción de la pobreza.

El desafío hacia adelante es retomar esa dinámica de forma más sostenible y resiliente. Para ello, se requiere reactivar la inversión privada, elevar la productividad y facilitar la expansión de sectores con alto potencial de generación de empleo e ingresos, como la agroexportación, el turismo y otras actividades vinculadas a cadenas de mayor valor.

Esto también implica preparar mejor a la fuerza laboral: cerrar brechas de habilidades, fortalecer la formación pertinente y facilitar la transición de trabajadores y pequeñas unidades productivas hacia actividades más productivas. En última instancia, la prioridad es que el crecimiento vuelva a traducirse en mayores ingresos laborales para los hogares pobres y vulnerables.