Emprendimiento e informalidad dura

15:51 10 Julio, 2012

Juan Arroyo CENTRUM Católica

Lo nuevo en los últimos me­ses, es la emergencia de una “informalidad dura” en el país. La primera informalidad de los migrantes andinos de los 60 y 70 no es así igual que la úl­tima informalidad de los 2000. La informalidad en nuestro país es tan grande que tiene a su interior desde el sano emprendedorismo urbano hasta la “economía de la apropiación de facto”.

La sociedad urbana con­temporánea pensaba hace veinte o treinta años que los infor­males eran solo los comerciantes am­bulantes, a los que finalmente había logrado ordenar en las ciudades más grandes en los 90, y los mi­croempresarios manufactureros de Villa El Salva­dor, Gamarra, El Porvenir y otros cen­tros manufactureros, con los cuales entabló una relación como socie­dad consumidora. La primera informalidad motivaba por eso los escritos optimistas de Matos Mar y Jurgen Golte, que los veían como la versión andina del em­prendedorismo shumpeteriano.

Pero en los últimos años han aparecido otros grupos de ese 70% informal de la PEA ocupa­da subterránea, reivindicando abiertamente, ahora sí, un régi­men casi sin normas: los mine­ros informales, los transportistas interprovinciales y urbanos, los comerciantes de mercadería pro­cedente del contrabando, los pro­ductores de coca, los madereros selváticos, todos fundando sus razones en el derecho consuetu­dinario, en la norma por costum­bre. Cincuenta años de descuido de la integración nacional le han devuelto ahora a la sociedad ur­bana, como producto, una “so­ciedad trasgresora” difícil de for­malizar.

Esta compleja situación ha dado fuerza al enfoque norma­tivista o legalista, planteándo­se en algunos casos el castigo de la informalidad, o en otros, facilitar la formalización desbu­rocratizando al Estado median­te la simplificación administra­tiva o nuevos incentivos para el registro de las microem­presas. Es cierto que el Estado burocrático ge­nera sobrepeso, pero también es cierto que el antiburo­cratismo por sí solo no contiene la llave del pro­blema. La llave sigue estando donde se origi­nó el tema en los 50-60, en la inclusión eco­nómico-produc­tiva. El problema intocado sigue siendo la relación formal-informal, la poca integración en­tre los componentes del crecimiento o la integración para el aprovechamiento de los bajos costos de la informali­dad. El problema para quienes piensan que mejor estamos así es que viene acompañada de una cultura de la trasgresión que instala en el país la ley de la selva.

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