Sin Rodeos

por Oscar González Romero

Jefe de Redes Sociales de Gan@Más desde julio de 2014 y columnista desde marzo de 2015, tanto para el portal de noticias como para la revista para emprendedores. Actualmente curso estudios en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex miembro de THĒMIS (Asociación Civil de la Facultad de Derecho de la PUCP), de Oprosac (Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de la facultad de Estudios Generales Letras) y del Centro Federado de la Facultad de Derecho, órgano de representación estudiantil.

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¿Una reforma laboral?

19:40 5 Noviembre, 2017 /

Por: Oscar González Romero

Este año como todos los años, se habla de una urgente y necesaria ‘reforma laboral’. El año pasado, en época de elecciones presidenciales, los candidatos proponían medidas para beneficiar a este gran sector de la población como aumentar el sueldo mínimo o generar más empleo. Pero lo cierto es que cada año hay reformas laborales, sean pequeñas o grandes. Lo malo es que no siempre son en beneficio del trabajador y pocas veces son efectivas.

Año tras año, las reformas legislativas en materia laboral han estado orientadas a captar más inversión y dinamizar la economía. Para lograrlo, nuestros legisladores han creído –y creen– que necesitan ofrecer empleo barato, entre otras medidas ajenas al Derecho Laboral (incentivos tributarias, ausencia de barreras burocráticas, etc.). Solo si contratar trabajadores cuesta poco, los inversionistas se animarán a hacer empresa en nuestro país, se piensa.

Esta orientación empieza en nuestro país en la década de los 80’s y se la conoce como el fenómeno de la “desregulación”. Con la consolidación del neoliberalismo, se propone la idea de que la única manera de alcanzar el progreso económico es liberando los mercados, lo que implica flexibilizar la contratación de mano de obra.

Esta flexibilidad laboral –aquella revisión generalizada de la legislación laboral que busca moderar los niveles de protección para adaptarlos a las exigencias del mercado– queda plasmada, especialmente, con nuestra actual Constitución de 1993.

Nuestra Constitución, por ejemplo, elimina el derecho constitucional a la estabilidad laboral que sí estaba contenido en la antigua Constitución de 1979. Antes, el trabajador solo podía ser despedido si se encontraba una causa justa y hoy solo se protege contra el despido arbitrario –el despido sin causa– y se habla de 78 causales de despido justo.

Esta ausencia de estabilidad laboral va de la mano con las políticas en EE.UU sobre la famosa desvinculación asistida. En Norteamérica, la desprotección es mucho mayor. Su Constitución no otorga un derecho al trabajo (como sí lo contempla la nuestra), sino, por el contrario, un derecho al despido. De hecho, no se habla de despido, sino de “desvinculación”, tampoco de trabajadores, sino de “colaboradores”, no hay remuneración, sino “compensación”. Este cambio de términos, por muy poco relevante que parezca, evidencia que se trata de huir al objeto del Derecho del Trabajo y a su regulación y protección.

Nuestro país, si bien ya no es tan proteccionista como antes (y sin embargo sí protege más al trabajador que Estados Unidos), tiene un gran problema: la informalidad. El profesor Alfredo Villavicencio, especialista en Derecho Laboral y Decano de la Facultad de Derecho de la PUCP, durante su exposición en el Convesatorio Temas Laborales Perú – Brasil, organizado por la Maestría de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la PUCP, comentó que los porcentajes de trabajo formal y trabajo informal están 50/50. De cada 10 trabajadores, solo 5 son formales y de esos 5, 4 son trabajadores con contrato temporal y solo 1 es un trabajador con contrato a plazo indefinido.

El problema que la estadística presenta es que las reformas que se implementen, sean en desmedro de los trabajadores o sean para protegerlos más, en la práctica solo van a surtir efecto respecto de ese único trabajador, de ese 10%. No se van a aplicar al gran porcentaje que representa el trabajo informal.

Entonces, una reforma laboral, por más protectora de trabajadores que sea, no va a ser muy efectiva porque no se va a aplicar a la gran masa de trabajadores. El gran punto pendiente en la agenda entonces es, más que una reforma laboral, la formalización laboral. Buscar que los informales se vuelvan formales.

Para conseguirlo, este gobierno y los anteriores han lanzado numerosas políticas. Pero hoy, la estadística se mantiene. ¿Por qué no funcionan? La respuesta esbozada por el profesor Villavicencio es que las causas de la informalidad no están dentro del Derecho del Trabajo, sino en nuestra realidad nacional. En ese sentido, señala, necesitamos reenfocar las políticas que buscan formalizar a los informales. Queda mucho por hacer.

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