Sin Rodeos

por Oscar González Romero

Jefe de Redes Sociales de Gan@Más desde julio de 2014 y columnista desde marzo de 2015, tanto para el portal de noticias como para la revista para emprendedores. Actualmente curso estudios en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex miembro de THĒMIS (Asociación Civil de la Facultad de Derecho de la PUCP), de Oprosac (Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de la facultad de Estudios Generales Letras) y del Centro Federado de la Facultad de Derecho, órgano de representación estudiantil.

Me encuentran en Twitter como @OscarGonzRom.

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Superhéroes en el Virreinato

08:56 23 Octubre, 2016 /

Por: Oscar González Romero

Todos los 4 de noviembre se celebra un año más de la conocida “revolución” de Túpac Amaru II en 1780 contra la corona española por el abuso y explotación de la que eran víctimas los indígenas en el Perú virreinal. O al menos así es como nos lo cuentan en el colegio. O al menos así me lo contaron.

Recuerdo incluso que llegué a creer, mientras estaba en la primaria, que José Gabriel Condorcanqui era una especie de superhéroe y Túpac Amaru II era su nombre heróico, como Bruce Wayne y Batman. Y que junto con su esposa Micaela Bastidas, José Olaya y María Parado de Bellido formaban un grupo de héroes para luchar contra los abusos de los españoles, los villanos.

Años después recién me enteré que lo que creía de niño no fue verdad, Túpac Amaru II nuncá trabajo con José Olaya y los demás héroes de la Independencia como un equipo y él, si bien luchó por la Independencia del Perú en sus últimas batallas, este no fue su objetivo incial.

Es importante recalcar que el objetivo de este texto no es despatriotizar ni mucho menos, sino que cumpliente este mes 236 años de la Rebelión del Cuzco consideré relevante escribir sobre los verdadera historia de Túpac Amaru II.

Túpac Amaru II fue un cacique (líder étnico indio) comerciante muy adinerado del Cuzco, recibió una educación criolla y, en este sentido, sabía leer latín y escribir. El problema recién empieza cuando en España cambia la dinastía de los Habsburgo a los Borbones y establece una serie de reformas para mejorar la explotación del imperio.

Las reformas borbónicas de Carlos III llegaron al virreinato del Perú en 1776 y generaron mucho descontento en la población, incluída las élites político-económicas. Ello porque para los criollos las reformas terminaron con su poder político ya consolidado, los criollos fueron expulsados de los altos cargos públicos. Lo que es peor, las reformas quisieron imponerle a los criollos el pago del tributo que hasta entonces solo habían pagado los indígenas. Todo este descontento social generado particularmente en el sur andino alcanzaría en 1780 su expresión más violenta en la Rebelión de Túpac Amaru II.

Túpac Amaru II, argumenta Alejandro Rey de Castro, nunca quiso la Independencia, solo el regreso de sus derechos políticos, económicos y sociales. Él quería desmantelar las prácticas explotadoras del colonialismo y acabar con el “mal gobierno”, los abusos y la tiranía, no la ruptura absoluta con España. Por eso declaraba estar acatando las órdenes del rey, las cuales no eran obedecidas por los malos funcionarios españoles que había que expulsar.

Pero el proyecto de Túpac Amaru II termina siendo uno revitalista Inca porque con él surge la idea de una recuperación Inca, a través de la aparición de un mesías que revertiría el injusto orden existente. Para que la explotación se torne insoportable, los rebeldes debían encontrar sustento y explicación a sus actos en una cultura, en una concepción del mundo propia, la utopía andina, el renacimiento andino.

La utopía andina, explica Alberto Flores Galindo, fue el anhelo por regresar al Imperio, fue el anhelo por el Inkarri como rito simbólico de reencuentro que cuando se dé acabará el desorden y los hombres andinos recuperarán su historia. La utopía andina no solo es una forma de entender el pasado o el presente, sino también una intento de vislumbrar el futuro: la edad de los mistis (los españoles) llegará a su fin y se iniciará una nueva edad.

Por eso es que muchas veces se recurre a este personaje para representar a la identidad nacional. Fue, por ejemplo, una figura muy importante en el régimen de Velasco Alvarado. Porque Túpac Amaru II empieza, aunque sin intención, no con un periodo independentista, sino con uno de formación de identidad nacional.

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Artículo publicado para la columna: Finanzas Saludables

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