Sin Rodeos

por Oscar González Romero

Jefe de Redes Sociales de Gan@Más desde julio de 2014 y columnista desde marzo de 2015, tanto para el portal de noticias como para la revista para emprendedores. Actualmente curso estudios en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex miembro de THĒMIS (Asociación Civil de la Facultad de Derecho de la PUCP), de Oprosac (Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de la facultad de Estudios Generales Letras) y del Centro Federado de la Facultad de Derecho, órgano de representación estudiantil.

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¿Por qué es tan importante ser mamá? Una defensa a las no-madres

13:41 10 Mayo, 2015 /

Por: Oscar González Romero

Con el pasar de los años aumenta el número de mujeres, y parejas, que deciden no tener hijos. El INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú) revela que para el periodo 1995-2000, nuestra Tasa de Natalidad (número de nacidos vivos por cada mil habitantes) era de 24.9; mientras que, para el 2010-2015 bajó a 19.1. ¿Qué ha cambiado? Hoy en día, ¿por qué es tan importante ser mamá?

El convertirse en madres es una decision personal. Para algunas mujeres es esta etapa la que las realiza plenamente; pero, para otras, no. Veinte años (de 1995 al 2015) comprenden cambios significativos en las relaciones hombres- mujeres. Poco a poco (aún falta mucho…) nuestras relaciones van siendo más igualitarias. Ahora, hay mujeres que son líderes políticas, CEO’s de alguna gran empresa, etc. Es en parte por estos motivos que muchas deciden postergar la maternidad para desarrollarse primero en el ámbito profesional o académico. Pero también hay casos donde simplemente no se quiere tener hijos, se trata de una elección meditada y adoptada como estilo de vida. Habrán algunos que las, y en general a toda nuestra generación, tildarán de egoístas. Pero, ¿qué tan cierto es esto? Y si lo es, ¿hasta qué punto está mal?

¿Por qué es ser egoísta el querer desarrollarse primero? ¿Solo porque nuestra sociedad lo dice? Existe una presión social muy fuerte para con las mujeres donde “ser mujer es ser madre”. Bondad, generosidad y desprendimiento son asociadas a las madres y egoísmo a las que no lo son, aunque puedan serlo. Y hay razón, tener un hijo a conciencia implica un gran desprendimiento, pero en lo que no hay razón es anteponer el hecho de ser madre al de ser mujer, sustituir su identidad como mujer por la de madre. La siempre controversial filósofa francesa Elisabeth Badinter llega más allá al afirmar, en su ensayo El conflicto: la mujer y la madre (2010), que la maternidad, tal y como está concebida, supone una nueva esclavitud para las mujeres.

Es exactamente lo que se plantea la novelista española Jenn Díaz en Mujer sin hijo (2013). Ella “imagina” una distopía en donde, después de una gran guerra, el Estado decreta que las mujeres deben tener hijos y, obviamente, habrán algunas que se opondrán. Esta ficción no está muy lejos de la verdad. Es evidente que las mujeres son las reproductoras biológicas y culturales de la nación pero, en algunos periodos de la historia, ha habido una mercantilización de sus poderes reproductivos. Tal como lo señala la socióloga israelí Nira Yuval-Davis, en Género y Nación (1997), existen discursos políticos para instar a las mujeres a tener hijos o a no tenerlos. Por ejemplo, en Japón, el gobierno ofrecía una recompensa de 5,000 yenes (aprox. $38) al mes por cada niño por debajo de la edad escolar y el doble por un tercer hijo. Habían campañas publicitarias por televisión con el lema “Procura un hermano para tu hijo”.

La razón oficial era el “bienestar de la nación”, lo que en cristiano significa que: si hay menos gente, hay escasez de fuerza laboral, lo que hace que el crecimiento económico sea más lento y esto no puede ocurrir. En Israel, durante algunos años después del establecimiento de su Estado en 1948, tenían un premio para las “madres heroínas” que tuvieran ¡diez! hijos o más. Claro que en el caso israelí, las ideologías pro natalistas han estado ligadas al trauma del Holocausto Nazi en el que seis millones de judíos murieron. El no tener hijos o, incluso, el casarse y tener hijos fuera de la comunidad judía fue visto como una contribución al “holocausto demográfico”.

Pero regresando, no es que esté en contra de las madres. Por el contrario, es aplaudible su labor; el desprenderse para darlo todo por el hijo, incluso la vida, es algo casi mágico que todavía no entiendo (y que espero entender). De hecho, no estaría escribiendo si no hubiera sido porque mi madre quiso tenerme, por lo que siempre le estaré agradecido. La idea de esta columna es reflexionar, a partir del pasado Día de la Madre, sobre aquellas mujeres que no quieren ser madres y que están en su derecho de no serlo. Quizás la importancia en tener hijos, más allá de perpetuar la especie, es transmitir tu ser, legarte a ti mismo y trascender, descubrir una nueva forma de amor. No lo sé, no soy padre. Pero así como es importante ser madre para algunas, no lo es para otras y debe respetarse. Como decía Jenn: “cuando una mujer que quiere tener un hijo lo tiene, ha vencido; y cuando una mujer que no quiere tener un hijo no lo tiene, ha vencido también”.

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Artículo publicado para la columna: Sin Rodeos

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