Sin Rodeos

por Oscar González Romero

Jefe de Redes Sociales de Gan@Más desde julio de 2014 y columnista desde marzo de 2015, tanto para el portal de noticias como para la revista para emprendedores. Actualmente curso estudios en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex miembro de THĒMIS (Asociación Civil de la Facultad de Derecho de la PUCP), de Oprosac (Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de la facultad de Estudios Generales Letras) y del Centro Federado de la Facultad de Derecho, órgano de representación estudiantil.

Me encuentran en Twitter como @OscarGonzRom.

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Mi Lima, mis huacas

20:07 19 Julio, 2015 /

Por: Oscar González Romero

Para muchos limeños, entrar en contacto con nuestro patrimonio, nuestra historia, implica viajar fuera de la capital. Asumimos que Lima es la cuna de la modernidad y el entretenimiento (espectáculo) y nada más. Y es que, efectivamente, la oferta cultural y de entretenimiento de la que disponemos los ciudadanos de la capital es claramente mayor a la que se tiene en provincias: tenemos más teatros, más cines, más centros comerciales, más lugares de entretenimiento (karaokes, discotecas, bares, librerías, parques de diversiones, circos). Es triste y sumamente injusto, pero es cierto.

Además, cuando pensamos en sitios arqueológicos históricos del Perú, es muy probable que se nos vengan a la mente lugares como el complejo arqueológico de Caral (Lima), la primera civilización en América Latina, o las Cabezas Clavas y el Obelisco Tello de Chavín (Ancash), o el Templo de las Manos Cruzadas de Kotosh (Huánuco), o el complejo de Chan Chan y el Señor de Sipán y la Señora de Cao en La Libertad, o en las líneas de Nazca (Ica) y, por supuesto, en Machu Picchu (Cuzco), una de las siete maravillas del mundo moderno.

Yo era uno de aquellos que pensaban que era necesario viajar fuera de Lima para poder conectarnos con nuestro pasado. En la ciudad el tiempo pasa como volando, el bullicio no nos deja conectar; es cierto, tenemos a los museos, pero la relación que se establece no es la misma, aprendemos historia pero no la vivimos igual que con ruinas y ciudadelas.

Mi ciclo en la PUCP acabó hace un par de semanas atrás y de todo lo que aprendí, rescato lo que me enseñó el curso de Prehistoria y Civilización porque me permitió cambiar mi visión. En una de las primeras clases, la catedrática Ulla Holmquist, museóloga y arqueóloga encargada de la Curaduría y Asuntos Académicos del Museo Larco, nos preguntó si conocíamos algún sitio arqueológico en Lima (como ciudad). ¿Sitios arqueológicos? Se me vinieron a la mente todos los que conocía, como los mencionados párrafos antes, pero… ¿en Lima? Me quedé sorprendido de no conocer ninguno, sobretodo porque vivo aquí desde que nací. Lo que me faltaba conocer eran las huacas, fuimos con toda la clase a Mateo Salado.

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Somos una de las pocas ciudades en el mundo que puede presumir de 4,500 años de vida continua. Las huacas son de nuestros ancestros, de los primeros pobladores de nuestra ciudad. Pero ellos ya no viven más, ahora las huacas son de nosotros y es nuestro deber preservarlas. En el caso de la Huaca Mateo Salado, los trabajos de recuperación y conservación vienen desde el 2007. En el 2010, se construyó un espacio lúdico-educativo denominado “Huaca para Niños”, que es una réplica en menor escala de una de las pirámides de Mateo Salado. Esta pequeña huaca es usada en actividades con niños y como un auditorio para eventos culturales. En Mateo Salado hay puestas teatrales, proyeccciones de cine, conversatorios, etc. de ingreso libre. Se trata de una puesta en valor, de acercar a la huaca a nosotros; que ya no sea mas “la huaca”, sino “mi huaca”.

Las huacas son parte de nuestra Historia, pero también albergan historias. En ellas se reunían los antiguos peruanos a soñar un poco, a entender sus realidades y construirlas juntos, a procesar sus miedos plasmándolos en sus mitos y leyendas. Pero las huacas también han funcionado, hasta antes de ser protegidas, como canchas de fútbol de niños y lugares de entierros misteriosos. Las huacas son espacios que nos permiten conectarnos con nuestro pasado, reflexionar sobre nuestro presente y conocer a nuestra ciudad: la antigua y la de hoy. Estas Fiestas Patrias celebramos un año más como República, pero esto no hubiera sido posible sin nuestro pasado pre-colombino. Estas Fiestas Patrias que no todo sea juerga. Para aquellos que se quedan en la capital, tengan como opción a las huacas y museos y no solo el desfile. Porque Lima es mucho más que solo espectáculo y modernidad. Lima, la histórica, incluye a las huacas, visitémoslas. Reconectémonos con nuestro pasado, vivamos nuestra historia.

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