Sin Rodeos

por Oscar González Romero

Jefe de Redes Sociales de Gan@Más desde julio de 2014 y columnista desde marzo de 2015, tanto para el portal de noticias como para la revista para emprendedores. Actualmente curso estudios en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex miembro de THĒMIS (Asociación Civil de la Facultad de Derecho de la PUCP), de Oprosac (Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de la facultad de Estudios Generales Letras) y del Centro Federado de la Facultad de Derecho, órgano de representación estudiantil.

Me encuentran en Twitter como @OscarGonzRom.

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Conectar con nuestro niño interior

10:32 23 Agosto, 2015 /

Por: Oscar González Romero

Cada tercer domingo de agosto en Perú celebramos el ‘Día del Niño’ donde, obviamente, los agasajados son los más pequeños del hogar. Las grandes tiendas de juguetes lo saben, los padres lo saben y sus billeteras también. Pero lo bonito de esta fecha es que no excluye, todos hemos sido niños. Por qué no aprovechar esta festividad para re-encontrarnos con nuestro niño interior. Nos está esperando.

Cuando pensamos en qué es lo que diferencia a adultos de niños, solemos recurrir a la inocencia. Justamente, como los niños no conocen el mundo y son inocentes, son más alegres, sueñan más, se ilusionan más, son desinteresados y aman sin condición. Cuando crecemos no perdemos estas capacidades, solo las escondemos como un mecanismo de defensa. Cuando nos enternecemos hasta las lágrimas por alguna película, o al pasar por un parque los columpios nos llaman, se trata de nuestro niño interior que busca salir.

Muchas personas tienen una idea equivocada de lo que implica ser maduro. Volviendo al ejemplo del columpio, ¿por qué no subirnos? Acaso porque jugar en un columpio es una actividad propia de la infancia y un adulto maduro, serio, no puede ni debe hacerlo (al menos no si no está en compañía de un niño). ¿Por qué hay que dar esa imagen de serio todo el tiempo? ¿Por qué tenemos que reprimir a nuestro niño interior cada vez que quiere salir a jugar? Son preguntas que vale la pena hacernos.

Todos nosotros tenemos la necesidad de volver a ser niños de vez en cuando y no, no es nada malo, no es inmaduro serlo. No necesitamos esperar a tener hijos para volver a jugar, para volver a divertirnos sin preocupaciones. Quizás es por eso que, estadísticamente, los parques de diversiones son más concurridos por adultos que por niños; claro, muchos son padres que acompañan a sus hijos, pero muchos otros no. Son adultos que van porque sienten que estos parques son de los pocos lugares en los que pueden sacar a su niño interior sin ser juzgados por el resto de adultos. Pueden subirse a las montañas rusas y gritar como cuando eran niños por la excesiva altura y velocidad sin que nadie los tilde de inmaduros o los mire como raros. Y esto porque todos entendemos que, justamente, el propósito de estos parques es que volvamos a actuar como niños, que regresemos a nuestra infancia. En un parque de diversiones, reprimirse no es una opción. Pero, por qué limitar a nuestro niño interior a parques de diversiones, por qué no dejarlo salir en otros contextos también. Claro, siempre usando nuestro criterio (como dicen en la oficina donde hago voluntariado).

El gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche escribía en Más allá del bien y del mal (1886), “La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.” Es cierto, necesitamos creer en lo que hacemos y dedicarnos de lleno como un niño cuando juega; pero también, tenemos que entender que se trata de un juego, puede terminar bien, puede terminar mal. Debemos tratar de no tomarnos tan a pecho los problemas porque nos estresamos solos y en vano.

Al final de cuentas, conectar con nuestro niño interior implica auto-conocernos. Nuestro niño interior constituye la escencia de quiénes somos y solo con él podemos impulsar nuestra evolución y transformarnos en una mejor versión de nosotros mismos. Tengamos presente la alegría de vivir, nuestra inocencia y la naturalidad que teníamos cuando niños. Dejemos salir más a menudo a nuestro niño interior, sin roches. Nos está esperando.

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Artículo publicado para la columna: Sin Rodeos

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