Sin Rodeos

por Oscar González Romero

Jefe de Redes Sociales de Gan@Más desde julio de 2014 y columnista desde marzo de 2015, tanto para el portal de noticias como para la revista para emprendedores. Actualmente curso estudios en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex miembro de THĒMIS (Asociación Civil de la Facultad de Derecho de la PUCP), de Oprosac (Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de la facultad de Estudios Generales Letras) y del Centro Federado de la Facultad de Derecho, órgano de representación estudiantil.

Me encuentran en Twitter como @OscarGonzRom.

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Combis en cada esquina

13:14 22 Junio, 2015 /

Por: Oscar González Romero

Todos hemos usado o usamos el transporte público para movilizarnos. Para ir a la universidad, al trabajo, a la escuela, etc. Buena parte de nuestras vidas nos la pasamos sentados en un micro o combi o cúster, y eso cuando hay suerte y conseguimos asiento. Estos vehículos, tan odiados e imprescindibles, forman parte de nosotros. Nos ven estudiar, comer, conversar, llorar, reír. En ellos, muchas veces, creamos historias: conocemos a la persona de al lado que coincidintemente tenía el mismo destino que uno, o recibimos la tan ansiada llamada para anunciarnos que hemos obtenido el trabajo. En fin, las combis, oficialmente designadas como “microbuses” para el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, empezarón a circular en la capital alrededor de la década de los setentas. Pero, ¿cuál es el problema con ellas? ¿por qué los limeños odiamos tanto nuestro transporte público? Y ¿hay alguna solución?

combi

Recordemos un poco de historia. La migración del campo a la ciudad fue un factor decisivo en la proliferación de los microbuses. Según el censo de 1940, que fue el primero en darse a nivel nacional en el siglo XX, la población peruana era de 6.2 millones de habitantes; de los cuales, 35.5% eran habitantes urbanos y 64.5% pobladores rurales. Se trataba de un país predominantemente rural. Hoy, somos más de 35 millones de habitantes; cincuenta años después del primer censo, el Perú es ya un país eminentemente urbano, los porcentajes se han invertido siendo 70.4% la población urbana y solo 29.6% la población rural.

Esta sobrepoblación trajo para los nuevos habitantes, los migrantes, pobreza. Entre otras cosas, el mercado laboral no se daba abasto para darles trabajo formalmente. Los migrantes tenían que ingeníarselas (auto-emplearse) para sobrevivir y es así como surge el trabajo informal.

Los informales se dieron cuenta de que el transporte era un mercado por explotar porque no habían muchas líneas de buses en la ciudad. Fujimori era conciente de este problema pero, no olvidemos que nuestro país estaba en una gran crisis económica. La inflación iba en picada cuesta arriba, el país gastaba más de lo que ganaba. Entonces si, en ese contexto, se convocaba a grandes empresas que vengan a invertir trayendo buses y organizando rutas de transporte, ningún inversionista vendría. Por ello, Fujimori dictó, en 1991, el Decreto Legislativo nro 651; en él, se estableció la libre competencia de tarifas, el libre acceso a las rutas y la posibilidad de que cualquier persona (natural o jurídica), en cualquier vehículo (exceptuando camiones) prestase servicio de transporte público.

Las combis se hacen masivas porque no hay mucho dinero y estas son las más baratas del mercado. Sobretodo, luego de la promulgación de la Ley N° 25789 de octubre de 1992, que significó la derogación de todas las disposiciones que prohibían o restringían la importación de bienes usados, entre ellos los vehículos y, por supuesto, las combis. Esta medida hizo que la mayoría de las combis que ingresaron al país hayan sido de segunda. Iván Besish, director de Araper (Asociación de Representantes Automotrices del Perú), hizo notar que durante 1991 y el 2012 se importaron más de 245 mil combis y microbuses, de los cuales unas 110 mil eran combis usadas.

Siete combis igualan a la cantidad de personas transportadas por un bus.

Lo cierto es que, a la fecha, se encuentran en circulación más de 35 mil vehículos de transporte público en Lima, y de estos casi la mitad son combis. Ahora, el problema no es tanto la cantidad de vehículos (ciudades como Sao Paulo o Santiago nos triplican en cantidad y su transporte no es tan desorganizado) sino su tipo. Al ser combis transportan a muchos menos pasajeros (siete combis igualan a la cantidad de personas transportadas por un bus). Necesitamos más buses y menos combis. Algunos se aventuran a decir que en nuestra ciudad se realizan diez millones de viajes en combi al día. Esto explica, en parte, la gran congestión vial que sufre Lima. A esto se suma las más de 400 rutas de transporte que tenemos y la “permisividad” de la Municipalidad. La Gerencia de Transporte Urbano concesiona las rutas y prácticamente se desentiende.

Entonces, ¿hay solución? Sí, lo primero es agrupar a las empresas en consorcios para que, al unir sus capitales, adquieran flotas propias y ya no tercerizen ni exploten a los choferes. Pero el órgano competente para ello, que es la Municipalidad, tiene que comprarse el pleito y ahí está lo difícil. También tiene que reducir las rutas y asignar solo una por consorcio para evitar congestiones (varias empresas cubriendo la misma ruta). Es fundamental que los trabajadores de las empresas de transporte estén en planilla, así se dedicarán solo a manejar y no se pelearán por pasajeros.

Pero todo esto es complicado de conseguir, implica costos sociales y políticos. El sector transporte (el informal sobretodo) no se quedará de brazos cruzados mientras ve reformas. Nosotros, los ciudadanos de a pie, debemos sacrificar algo de nuestra comodidad: Lima es una de las pocas ciudades en el mundo, por no decir la única, en la que hay combis en cada esquina. Caminemos más, ya no digamos el “esquina baja”, no pidamos bajar en lugares que no son paraderos. Aunque no nos guste, nuestro sistema de transporte funciona y por eso cambiarlo difícil… ¿es eficaz pero no eficiente?

Algo se ha avanzado, desde el 2004 la Municipalidad ya no acepta más inscripciones de combis para el transporte público. Aunque tampoco es que haya mucho optimismo. La entrada de Castañeda y su ampliación de la autorización para las rutas significó el “fin” de la tan polémica Reforma del Transporte. Aun falta mucho por hacer pero; en todo caso, la esperanza es lo último que se pierde.

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Artículo publicado para la columna: Sin Rodeos

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2 Comments

Enriquevitarfajre

Buen artículo claro y directo
A un extranjero le llama ls atención las combis pero sin más que no dispongan de un metro
Al solicitar una explicación para lo anterior uno se explica el por que Lima es una ciudad orientada a preservar su patrimonio cultural , cualquier excavación podría destruir su patrimonio
Lima es una ciudad hermosa
Gracias por el artículo

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Oscar González Romero

Gracias por tus comentarios Enrique, los valoro mucho. En efecto, con el paso de los años las combis se han convertido en un elemento característico y llamativo de la capital. Probablemente, Lima no sería lo mismo sin ellas, pero aun falta mucho por hacer. Es necesario regular y ordenar el tránsito limeño.
Saludos.

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